Homilía en el Te Deum de Fiestas Patrias 2005
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Homilía en el Te Deum de Fiestas Patrias 2005

Fecha: Domingo 18 de Septiembre de 2005
Pais: Chile
Ciudad: Temuco
Autor: Mons. Manuel Camilo Vial Risopatrón

Señor Intendente de la novena Región de la Araucanía don Ricardo Celis y señora; distinguidas autoridades; hermanas y hermanos en la hermosa patria que nos cobija:

Es para mí, una inmensa alegría, elevar la acción de Gracias de la Patria a Dios, que por la revelación de Nuestro Señor Jesucristo, es el Padre de todos.

Hermanos, si todo lo que Dios hace por el hombre es amor gratuito, la primera palabra del hombre a su Dios ha de ser siempre: “GRACIAS”.

Agradecer es un acto propio de la inteligencia y de la fe. Es reconocer que en toda verdad y vida, en todo acontecer humano, aún en el más doloroso y menos comprensible, está presente ese Dios, cuya misericordia y fidelidad son eternas.

La acción de gracias es uno de los elementos centrales del culto religioso. Omitirla, es señal de pagana soberbia. El hombre, o el pueblo, que pretenden no tener nada que agradecer e Dios o a los demás hombres, no esperen recibir nada, tampoco, de Dios y de los hombres. Por eso, en este día, se elevan oraciones en las Eucaristías que se celebren y en los Te Deum y acciones de gracias de los hijos de esta Patria.

Hoy, en el canto del Te Deum, lo primero que expresamos es nuestra gratitud a Dios: ¡Te Deum Laudamus! (¡A ti Dios te alabamos!). A Ti, nuestro Dios, llegue nuestra gratitud humilde y regocijada. Reconocemos y proclamamos que todo don, todo cuanto hay en nosotros de vida y esperanza, todo el amor que hemos dado y recibido; el cáliz también, que hemos bebido sin desfallecer en la angustia, la cruz que hemos llevado sin perder la fe en Ti, todo es obra de tu amor gratuito por nosotros.

Decimos ‘‘GRACIAS”’ también, a quienes nos acompañan, en esta hora y lugar. A los responsables del bien común temporal porque su presencia es signo de apertura a las voces del Señor. A los sacerdotes, religiosos, religiosas y diáconos que con generosidad y un gran espíritu de servicio me acompañan en la evangelización de nuestro pueblo de la Araucanía. Gracias, de modo particular al pueblo de Chile, que es el sujeto, el fin, el fundamento, el protagonista principal de las instituciones, humanas y divinas, que nosotros representamos. Las leyes, el Estado, la autoridad, el poder, la iglesia, los sacramentos: todo es don de Dios para servicio del hombre, para edificación de su pueblo.

Nuestra Acción de Gracias se eleva en un año bendecido por la pronta canonización del Padre Alberto Hurtado y señalado por las elecciones nacionales en que democráticamente elegiremos a las máximas autoridades del poder Ejecutivo y Legislativo del país.


1. A Ti, Dios te alabamos:

1.1. Desarrollo y pobreza:

A ti Dios te alabamos por las bendiciones recibidas durante el año que ha pasado, por el crecimiento económico sostenido y el desarrollo de planes sociales, como los del Auge y Chile Solidario, por sólo mencionar algunos, que nos ayudan a combatir la pobreza y la marginación. Te alabamos por el “Catastro de la gente que vive en situación de calle” que fue presentado públicamente en el Día del Padre Alberto Hurtado, Día Nacional de la Solidaridad. Te alabamos por el reciente anuncio presidencial en vista a ofrecer créditos o becas total o parcial a los jóvenes de escasos recursos, para que ninguno de ellos, que teniendo talento e inteligencia, no tenga la posibilidad de hacer estudios superiores. Te alabamos Señor por la presentación del nuevo Plan de Educación en Sexualidad y Afectividad, que capacitará a padres, profesores y alumnos para abordar en forma madura el tema de la sexualidad en el contexto del amor responsable. Te alabamos por la reciente promulgación de la Constitución Democrática de Chile, que le permitirá la Patria, transitar más decididamente, en este siglo 21, a una democracia más participativa.

Pero junto a esta bendición, sentimos fuerte tu llamado, a luchar con plena decisión, no sólo por erradicar la pobreza que aún existe, sino también, por superar las enormes desigualdades económicas que existen entre los más ricos y más pobres del país. Son desigualdades económicas que se convierten en desigualdades en la educación, en el trabajo y la remuneración laboral, en la vivienda, en la salud y, en general, en las oportunidades de desarrollo y crecimiento personal y familiar.

Predicando un Te Deum en Chillán el año 1948, en un contexto de menor desarrollo del país pero con semejantes desafíos, el Padre Hurtado decía al respecto: “El ¡A ti, oh Dios te alabamos!, tiene también otro sentido: mezcla de dolor arrepentido por la tarea no cumplida, la Patria alza su voz pidiendo el auxilio del cielo para cumplir la misión confiada, para ser fiel a esa misión que Dios ha querido estampar en la austeridad de nuestras montañas y campos. La austeridad primitiva desaparece: el dinero ha traído fiebre de gozo y de placer. El espíritu de aventura, de las grandes aventuras nacionales, se debilita más y más. La fraternidad humana, que estuvo tan presente en la mente de nuestros libertadores al acordar como una de sus primeras medidas la liberación de la esclavitud, sufre hoy atroces quebrantos al presenciar cómo aún hoy miles y miles de hermanos son analfabetos, carecen de toda educación técnica, desposeídos de toda propiedad, habitando en chozas indignas de seres humanos, sin esperanza alguna de poder legar a sus hijos una herencia de cultura y de bienes materiales que les permitan una vida mejor”.

Hoy, estamos seguros, el Padre Hurtado nos urgiría a terminar con la pobreza extrema y la miseria que aún hay en Chile, y particularmente a nosotros en la novena región, en nuestros campesinos y en el pueblo Mapuche. Este desafío no sólo compete a las autoridades de Gobierno, ni sólo a los poderes del Estado; es una materia que concierne a todos los chilenos. El pobre es Cristo y nadie puede ser indiferente, más aún, cuando hoy tenemos los medios económicos como para resolverlo.


Siguiendo con el pensamiento del Padre Hurtado, nos remece su conciencia social cuando nos dice: “¡Que se acaben en la familia cristiana los odios, prejuicios y luchas y que suceda un inmenso amor fundado en la gran virtud de la justicia, de la justicia primero, de la justicia en seguida, luego aun de la justicia, y superadas las asperezas del derecho por una inmensa efusión de caridad” (“Fundamento del amor al prójimo”, 1943).

1.2. Modernización de la justicia, derechos humanos, protagonismo femenino:

A ti Dios te alabamos por las profundas reformas y modernizaciones en el ejercicio de la Justicia, cuyos primeros frutos comienzan a recogerse con mayor expedición y transparencia en el ejercicio de esta virtud tan clave en la vida de una Nación. Pero, a la vez, te pedimos la gracia de seguir trabajando en la competencia de los jueces, antiguos y nuevos, para reafirmar la confianza debida al poder judicial, y para evitar que otros actores sociales sucumban a la tentación de juzgar públicamente a los imputados, tomando en sus manos investigaciones que competen primariamente a este poder del Estado o adelantándose a juicios temerarios que causan mucho daño en los afectados y su círculo familiar o a las instituciones que representan.

A ti Dios te alabamos por el avance en la reconciliación nacional, el “Informe sobre Prisión política y tortura“, la verdad alcanzada en muchos casos de violaciones a los derechos humanos y, sobre todo, porque el sufrimiento de estos años ha calado más profundo en el país la conciencia del respeto indispensable de los Derechos Humanos, tal como están expresados en su declaración original. Y, por consiguiente, el compromiso de la sociedad en su conjunto – y no sólo de la autoridad política - de promover una vida social respetuosa y amante de estos derechos. Te alabamos igualmente por el protagonismo femenino en el país que no sólo significa igualdad de responsabilidades y oportunidades en la gestión pública entre la mujer y el varón, sino que nos beneficia a todos con la complementariedad entre el talento femenino y el talento masculino. Así lo soñó Dios en los albores de la historia al crear al hombre varón y mujer (Cf Gén. 1,27). No solo varón ni solo mujer, sino varón y mujer, unidos en la misma vocación de cultivar la tierra, y de ejercer un señorío servicial junto a todas las criaturas surgidas de la mano providente de Dios, que supone asumir y cuidar la vida desde el instante de su concepción hasta su muerte.

1.3. La formación social y política de los jóvenes

A ti Dios te alabamos por el mayor entendimiento, afecto y cercanía que se ha dado entre civiles y uniformados, superando desencuentros pasados, y uniendo nuestros talentos y habilidades en pro de la construcción propositiva de la paz dentro y fuera de las fronteras del país, como es el trabajo que se realiza en Haití tanto por los uniformados como por los jóvenes católicos de “América Solidaria” que nació en Chile con ocasión del Encuentro Continental de Jóvenes. Y ya que nos referimos a los jóvenes, ponemos en tus manos, Señor, a los conscriptos fallecidos dramáticamente en Antuco, a sus madres, a sus padres, a sus hermanos y compañeros de armas. Como signo de esta conmoción nacional, nos ha parecido importante que un conscripto del mismo Regimiento esté presente en la Misa de Canonización del Padre Hurtado, llevando una ofrenda en representación de los jóvenes del país. Así unimos en una persona el dolor de la tragedia y la algarabía de la esperanza juvenil que se expresó festivamente junto al Papa Benedicto XVI en el Encuentro Mundial de Jóvenes recientemente celebrado en Alemania.

En un año electoral es oportuno recordar lo que dice el Padre Hurtado: “La formación política de la juventud debe inculcar la primacía de los intereses nacionales sobre los partidistas, la sinceridad, la abnegación y disciplina en el servicio del partido, pero más aún en el servicio de la nación; no debe fomentar el odio a los otros partidos y debe hacer posible el espíritu de comprensión para llegar a entenderse cuando haya intereses superiores en juego. Ahondar divisiones en la familia nacional es crimen de lesa patria; acortar distancias es trabajar por la grandeza del país” (“Humanismo Social”).

En fin, si el Padre Hurtado se dirigiera en este instante a los jóvenes católicos, al constatar su vocación solidaria, creemos que les volvería a decir: “Queridos jóvenes: tienen que preocuparse de sus hermanos y de su Patria, porque ser católicos equivale a ser sociales. No por miedo a algo que perder, no por temor de persecuciones, no por ser anti–algunos, sino que porque ustedes son católicos deben ser sociales, esto es, sentir en ustedes el dolor humano y procurar solucionarlo […].
Y luego, jóvenes católicos, no puedo silenciarlo: en este momento falta formación, porque faltan sacerdotes. La crisis más honda, la más trágica en sus consecuencias es la falta de sacerdotes que partan el pan de la verdad a los pequeños, que alienten a los tristes, que den un sentido de esperanza, de fuerza, de alegría, a esta vida”. (Encuentro en el teatro Caupolicán 1943).



2. La Patria es una misión que cumplir

2.1. La Patria es una vocación

La mirada del pasado necesariamente reclama la mirada de futuro. Y para ello encontramos gran inspiración en el pensamiento del Padre Hurtado quien concibe la Patria como una misión que cumplir. Es una idea muy original que vincula la Patria como tal a una vocación recibida y, por lo tanto, a una misión confiada por el Creador. Y así como cada persona se desarrolla plenamente en la medida en que asume su misión, así también la Patria cuando vive esa fidelidad asegura la paz en su interior y una actitud de servicio hacia el exterior. Vale la pena escuchar a este hombre santo:

“ Una Nación, más que por sus fronteras, más que su tierra, sus cordilleras, sus mares, más que su lengua, o sus tradiciones, es una misión que cumplir. Querer que la patria crezca no significa tanto un aumento de sus fronteras cuanto el cumplimiento de su misión. ¿Cuál es la misión de mi Patria? ¿Cómo puedo realizarla? ¿Cómo puedo colaborar yo en ella? Dios ha confiado a Chile esa misión de esfuerzo generoso, su espíritu de empresa y de aventura, ese respeto del hombre, de su dignidad, encarnado en nuestras leyes e instituciones democráticas […].

La misión de Chile queremos cumplirla: nos sacrificaremos por ella. Nuestros Padres nos dieron una Patria libre, a nosotros nos toca hacerla grande, bella, humana, fraternal. Si ellos fueron grandes en el campo de batalla, a nosotros nos toca serlo en el esfuerzo constructor.

Pero esta misión ha dejado de cumplirse porque las energías espirituales se han debilitado, porque las virtudes cristianas han decaído, porque la Religión de Jesucristo, en que fuera bautizada nuestra Patria y cada uno de nosotros, no es conservada, porque la juventud, sumida en placeres, ya no tiene generosidad para abrazar la vida dura del sacerdocio, de la enseñanza, de la acción social. Es necesario, antes que nada, producir un reflotamiento de todas las energías morales de la Nación: devolver a la Nación el sentido de responsabilidad, de fraternidad, de sacrificio, que se debilitan en la medida en que se debilita su fe en Dios, en Cristo, en el espíritu del Evangelio“.” (Te Deum en Chillán en 1948).

Este pensamiento es muy coincidente con el llamado que los obispos hemos formulado en el documento de la Conferencia epsicopal de Chile: “En Camino al Bicentenario“, donde afirmamos: “Construir la patria es una tarea interesante, hermosa, desafiante, que a todos nos concierne, más aún si tenemos presente que en ella nos preparamos a vivir en la patria definitiva y plena que todos anhelamos. En este sentido pensamos que el Bicentenario de nuestra Independencia Nacional, puede ser ocasión de reencuentro con el “Alma de Chile“, expresión del recordado Cardenal Raúl Silva Henríquez. Al respecto, esperamos, que sean muchos los chilenos que se incorporen a la reciente campaña, que hemos iniciado: “ Las Mesas de la esperanza“, donde pretendemos dialogar, teniendo como referencia, el Chile que deseamos tener para el bicentenario de la patria.

2.2. Recuperar el espíritu de servicio

Con este llamado resonando en nuestro corazón, nos parece que el alma de Chile se verá robustecida si todos nosotros, animados y guiados por quienes sean elegidos para cargos de representación popular, recobramos el sentido del servicio y la opción preferencial por la vida, en todos sus aspectos.

Recuperar el espíritu de servicio con el espíritu de Jesucristo que no vino a ser servido sino a servir, espíritu que fue encarnado por el Padre Alberto Hurtado en su apostolado multifacético que ejerció en sus dieciséis años de sacerdocio en Chile. Un servicio que mira al país en su conjunto, privilegiando a los más pobres. Un servicio que no se mira a sí mismo sino que se hace pedagogo de las nuevas generaciones para que aprendan el arte más bello que persona alguna puede aprender: servir, servir más, servir mejor. Este espíritu se opone radicalmente a un individualismo autorreferente que debilita nuestra convivencia nacional. Y debilita también nuestras relaciones exteriores con otras naciones del mundo cuando se priorizan los acuerdos económicos por sobre otro tipo de intercambios científicos y culturales que enriquecen el alma de los pueblos.

Aquí se encuentra el enorme desafío que tienen ante sí los candidatos y candidatas a la Presidencia de la República y al Parlamento que deben estar dispuestos a servir a Chile, teniendo presente la gran responsabilidad que adquieren con los más pobres y postergados en Chile.

1.3. Al servicio de la vida

El espíritu de servicio adquiere su máxima expresión cuando este decide pornerse al servicio de la vida, en sus más variadas expresiones, así como lo hemos establecido en las orientaciones pastorales del episcopado. Es el servicio de la vida de cada ser humano desde su gestación hasta su muerte natural. Es el servicio a aquellas personas más débiles de la sociedad o aquellas cuyas limitaciones requieren de un mayor apoyo en su desarollo. Es el servicio a la vida familiar, para fortalecer el núcelo básico de nuestra sociedad, y para rechazar decididamente la violencia intrafamiliar o el daño a los menores por conductas sexuales enfermas y delictuales de los mayores. Es el servicio a la vida de los más pobres y marginados, para que puedan ocupar el lugar que les corresponde. Es el servicio a los pueblos indígenas para que puedan sentirse parte activa de la nación chilena. Es el servicio a la vida que se ve amenazada por el consumo de drogas ilícitas y por el consumo abusivo del alcohol. Es el servicio a la calidad de vida de un pueblo, optando por los valores más altos del amor, la justicia, la solidaridad. Es el servicio reverente a la vida tanto en un laboratorio como en la vía pública, basados en la sacralidad de este don que, cuando lo exponemos al capricho o a la curiosidad arbitraria de la humanidad, lesionamos el alma de toda convivencia. En los años setenta invitamos a los cristianos católicos a ser una “Iglesia servidora de la vida“. Hoy lo volvemos a pedir, con la misma intensidad, para que todos podamos vivir en paz en esta larga y angosta geografía que Dios nos ha regalado a los chilenos.

Entre los cristianos de diversas comuniones creemos firmemente que la voluntad de Jesús de Nazaret es que tengamos vida, para eso ha venido al mundo para darnos vida y darla en abundancia (Jn 10.10). Por esa razón veneramos también a su Madre María quien, al aceptar la encarnación de Jesucristo en su vientre bendito, se puso al servicio de las fuentes de la vida.


3. Oración final

Esos son algunos de nuestros sueños. El Padre Hurtado nos decía que tenemos una tremenda responsabilidad: “reconstruir el mundo (…), somos nosotros los únicos que podemos cambiarlo”. Así lo ha dicho Jesús también en el Evangelio con la parábola “de los obreros en la viña”. Chile es esta gran “viña” y nosotros somos los jornaleros para trabajar en ella: en cada siglo o época de nuestra historia patria han habido “obreros” héroes y santos, que se han esforzado por dar lo mejor de sí en beneficio de nuestro país. En este año destacamos la figura del Padre Hurtado, pero son tantos los cristianos ejemplares, entre los que se cuentan hombres, mujeres, jóvenes, ancianos y niños. Todos ellos fueron “contratados” para trabajar en esta “viña”, entregándose con su ejemplo y santidad de vida, sin preocuparse la paga material, pero sí, confiados en las promesas del Señor para sus servidores fieles.

En el Te Deum, que ya hemos citado, el concluye con una frase que hacemos plenamente nuestra: „¡A ti, oh Dios te alabamos!, hemos dicho; y ¡A ti, oh Dios te alabamos!, hemos de repetir a cada instante, pidiendo al cielo que Dios siga protegiendo la Patria querida, bendiciendo a sus gobernantes y esforzando a su Pueblo para ser fieles a la misión que Él nos confiara.” (Te Deum en Chillán en 1948).

¡Que el Padre Hurtado siga siendo una visita de Dios para nuestros días!, y que la Virgen del Carmen, Madre y Estrella de Chile, nos enseñe a ser libres para actuar según los planes de Dios para nuestra Patria. ¡Que asís sea!


† Manuel Camilo Vial Risopatrón
Obispo de Temuco

Temuco, 18 de septiembre de 2005




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