Partiendo de la premisa de que “la Iglesia está llamada a colaborar en el desarrollo de un país en que se promueva y respete la dignidad de cada persona”, el obispo de Rancagua, monseñor Alejandro Goic Karmelic, impulsó la creación en la diócesis de la Comisión Justicia y Paz, integrada por 19 personalidades de distintos ámbitos del quehacer regional.

A juicio del obispo diocesano, en un mundo cada vez más cambiante, que ofrece cada día nuevas realidades, “los pastores necesitamos que nos ayuden a estudiar y elaborar propuestas frente a diversas problemáticas que se enfrentan hoy (...). Se trata de contar con diagnósticos actualizados de la realidad, de estudiar las propuestas que desde el sector público y privado se plantean para abordarlas y de aportar nuestras propias sugerencias”.
El origen de la Comisión Justicia y Paz se remonta al Concilio Vaticano II (1962-1965), que instó a crear “un organismo universal de la Iglesia, que tenga como función estimular a la comunidad católica, para promover el desarrollo de los países pobres y la justicia social internacional” (Gaudium et Spes, n. 90).
Para responder a este llamado, Pablo VI instituyó el 6 de enero de 1967 la Pontificia Comisión “Justitia et Pax”. Después de un periodo experimental, con un nuevo Motu Proprio (Justitiam et Pacem), del 10 de diciembre de 1976, dio a la Comisión su mandato definitivo.
Más tarde, en 1988, al reorganizar la curia romana, el papa Juan Pablo II transformó la Pontificia Comisión en Pontificio Consejo Justicia y Paz, ratificándole sus funciones.
En Chile, la Comisión Nacional de Justicia y Paz fue creada en 1977 y tiene como referencia la finalidad y el mandato del Pontificio Consejo: “promover la justicia y la paz en el mundo según el evangelio y la doctrina social de la Iglesia”.
Desde la Doctrina Social de la Iglesia
Los objetivos de la Comisión Justicia y Paz diocesana son: primero, profundizar la doctrina social de la Iglesia, trabajando para que se difunda ampliamente y se ponga en práctica a todo nivel y, especialmente, en lo que se refiere a las relaciones entre obreros y empresarios, de manera que se impregnen más y más del espíritu del evangelio. Segundo, recoger informaciones y resultados de estudios sobre la justicia y la paz, el desarrollo de los pueblos y todos los grandes temas de la doctrina social de la Iglesia que tengan que ver con la realidad, especialmente de la región y comunicar a los obispo y a la comunidad eclesial sus conclusiones, proponiendo iniciativas, como declaraciones públicas y otras acciones, inspiradas en la doctrina social de la Iglesia.
Y, finalmente, tercero, trabajar para que se forme en la sociedad una sensibilidad respecto al deber de promover la justicia y la paz en todos los ámbitos.
Esta comisión ha definido que su estilo de trabajo es el diálogo. En la consecución de estos objetivos, la comisión debe actuar con espíritu abierto, fomentando las relaciones de colaboración con asociaciones católicas y con otras instituciones, incluso fuera de la Iglesia Católica, que trabajen por alcanzar los bienes de la justicia y la paz en Chile y el mundo.
Integrantes de la Comisión diocesana
Carlos Bravo Barros, presidente; Alamiro Carmona, secretario general; Carlos Aránguiz Zúñiga; Álvaro Covarrubias Risopatrón; Gonzalo Díaz Soteras; Francisco Duboy Urbina; Luis Fernández Zúñiga; Ramón Galaz Navarro; Pedro Hernández Garrido; Julio Jalil Gómez; Carlos Klammer Borgoña; Mario Márquez Maldonado; María Estrella Montero Carrasco; Ana Olmedo Aliste; Liliana Orellana Vallejos; Cecilia Piotroswski Alarcón; Luis Salazar Bravo; Silvia Señor Luengo; y Ricardo Álvarez.
Fuente: Comunicaciones Rancagua
Rancagua, 25-11-2009