ENCUENTRO CON AGENTES PASTORALES
Sábado 17 de junio 2006
Colegio de los Sagrados Corazones del Arzobispado de Santiago

1. El Reino de la Vida en abundancia

“Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” nos dice Jesús en el Evangelio de San Juan. El gozo y la Gloria de Dios es la vida de los hombres y de las mujeres, añadirá San Irineo. Vida plena, abundante, verdadera: ese es el gran regalo de su Reino.

La oferta de Jesucristo, su gran regalo que es gracia para nuestra vida, no son simplemente palabras. Son también mandato y tarea. Modo y estilo de vivir la vida.

Dios Encarnado en su Hijo Jesucristo nos revela a un Dios que es un Padre providente, amoroso y misericordioso. Protector de los huérfanos y de las viudas, amigo de los pobres y de los desamparados, celoso custodio de la justicia y del derecho, paciente con los pecadores y pedagogo fiel de la humanidad, que herida por el pecado, está invitada a heredar el Reino del amor, de la justicia, de la verdad, de la solidaridad y de la paz.

La Iglesia tiene su razón de ser en la Misión. Ella existe para Evangelizar. Lo hace al estilo de Jesús, Dios encarnado en la historia. El Misterio de la Encarnación es el hecho que marca el modo de ser y de actuar de la Iglesia. Dios se hace uno de nosotros y esa cercanía de Dios es norma de vida para los cristianos. Evangelizar significa vivir en el estilo de Jesús y anunciar las Buenas Noticias que el mismo nos ha traído en su persona. Significa trabajar para comenzar a instaurar aquí y ahora el Reino de Dios.

El anuncio del Reino siempre dice relación a un modo de entender el mundo, a un modo de relacionarnos entre nosotros y a una concepción de la vida humana que nos pone en camino; es don y tarea, es exigencia y compromiso.

Es un modo de entender la vida con la mirada de Dios revelada en Jesucristo. Es decir, la entendemos como una iniciativa del amor de Dios que toma la delantera y siempre nos ama primero. De esa manera se convierte en gracia, en don. Es un modo de relacionarnos pues Jesucristo ha instaurado para siempre el reino de la fraternidad universal. El resumen de su ley es el amor: a Dios primero y al prójimo como El mismo nos ha amado. Entonces, el don se vuelve tarea. Y, como nuestra vida se desarrolla en la historia, en medio del mundo, este don y esta tarea se proyecta en un compromiso que abarca toda la vida, desde lo más interior hasta los confines del universo. De allí nuestra preocupación por la sociedad, por la justicia, por el respeto de los derechos humanos, por la dignidad de los trabajadores. De allí nuestra opción preferencial por los pobres. Entonces, el don que recibimos de Dios, la tarea de construir fraternidad, se proyecta en una exigencia de coherencia de vida y de compromiso con la sociedad en que vivimos.

El encuentro con la persona de Jesucristo es un encuentro que nos transforma vitalmente. Es un encuentro no sólo personal sino también comunitario, eclesial. Fruto directo de ese encuentro es la invitación a ponernos en camino en la construcción de un mundo y de una sociedad que haga vivo y operante el Evangelio. El mundo es un desafío, su construcción una tarea. En ese cuadro se entiende mejor la Iglesia, don y tarea, y las diversas pastorales entre las cuales la pastoral social tiene importancia capital.

2. La Pastoral Social en nuestra Iglesia de Santiago

En este sentido la Pastoral Social en la Iglesia no es sólo una opción. Es un núcleo que nos hace comprender de mejor manera el cómo construimos Iglesia y el cómo hacemos presente el Reino de Dios en medio de nuestro mundo siguiendo el dinamismo de la Encarnación. Ese es nuestro estilo, ese nuestro método, esa es nuestra razón de existir. De este modo “la Pastoral Social pertenece al corazón de la Evangelización y no es una acción marginal ni sólo subsidiaria de la Iglesia” (OO.PP, nº 149).

Nuestra Iglesia Chilena tiene una muy rica tradición de Pastoral Social, desde los inicios de la Evangelización. Podemos decir con orgullo que nuestros pastores siempre fueron grandes defensores de los derechos de los indígenas ante sus propios conciudadanos españoles. Entre esos pastores destaca la figura de don Diego de Medellín que llegó a negar la absolución a los encomenderos que trataban mal a los indígenas de su encomienda. Antes de la formación de la república independiente de Chile, y muchos años después, tanto la salud como la educación estaba en manos de la Iglesia, hasta que el país pudo organizarse como tal. Por eso, nuestros grandes hospitales se llaman San Borja, el Salvador y sólo recientemente han tomado nombres de grandes de la patria, como Sótero del Río, por dar un solo ejemplo.

Y para hablar de realidades más cercanas, los aquí presentes sentimos el orgullo de llevar el sello imborrable - como el carácter sacramental - de ser los herederos del Comité Pro Paz, de la Vicaría de la Solidaridad, de INDISO y de la Vicaría de la Pastoral Obrera.

También desde muy atrás nuestra Iglesia ha contado con un laicado comprometido con la cosa pública, tanto en política como en el mundo sindical. El nombre de Clotario Blest no es una excepción, es mas bien un ícono, tal como nombres de políticos insignes que han gobernado el país con espíritu de servidores inspirados en el Evangelio.

Nuestros pastores, por otra parte, los más destacados, siempre han sido varones de vida espiritual profunda, grandes catequistas o liturgos, y a la vez, hombres de un gran compromiso social. El icono se llama San Alberto Hurtado. Y en nuestro corazón tenemos nombres más cercanos como Don Manuel Larraín, Don Enrique Alvear, Don Fernando Ariztía, el Cardenal Raúl, la hermana Mercedes Chaín, por solo nombrar a los que ya están en el cielo…

El compromiso con las realidades temporales y con las problemáticas sociales están en el código genético de nuestra fe y de nuestra historia eclesial. Somos herederos de una rica y contundente tradición. Las herencias se pueden despilfarrar o multiplicar. La semilla puede caer al borde del camino, en terreno pedregoso, entre espinos….o en buena tierra (Mt. 13, 3ss).

3. Una nueva etapa en la pastoral social y de los trabajadores.

Esta rica herencia está hoy en nuestras manos. A nosotros se nos ha encomendado una tarea. Tenemos la tarea y la responsabilidad de conducir la acción de la Pastoral Social y de los Trabajadores. animar la formación de la conciencia social de los cristianos de Santiago y de lograr que haya cambios reales en nuestra sociedad que favorezcan a los más pobres, a los más desvalidos, a los mas vulnerables.

Hoy tenemos una gran oportunidad. Nuestro Pastor nos invita a pensar el actual momento de la Pastoral Social y de los Trabajadores en medio de un tiempo de cambios. Frente a esto tenemos la posibilidad de sentirnos amenazados y cuestionados o podemos sentirnos desafiados, estimulados e invitados a ampliar nuestra mirada y nuestro campo de acción.

Ciertamente que la segunda posibilidad es el escenario al que los quiero invitar respondiendo a la tarea que me ha confiado el Cardenal. Una tarea que queremos asumir juntos, de manera eclesial, en comunión y participación, del clero, los religiosos, el laicado. Esa es la única manera de enfrentar como se debe los desafíos que la sociedad y la historia presentan a nuestra pastoral social en su conjunto.

Durante estos meses he recorrido los equipos de trabajo a nivel arquidiocesano como zonales y también algunas experiencias en terreno. He podido interiorizarme de los distintos programas que tenemos. Ustedes los conocen mejor que yo. Estos son muchos y muy variados. Recogen la preocupación de abarcar los distintos problemas que aquejan a nuestra sociedad e intentan iluminar los campos de acción que nos pueden ayudar en la construcción de una sociedad más justa y equitativa. Es mucho lo que hacemos y muy sinceramente bendigo a Dios por la creatividad que he encontrado y sobretodo por el compromiso con el que realizan la tarea. Gracias, de verdad. Muchas gracias por su testimonio y por su trabajo.

En este tiempo he tenido la oportunidad de hablar personalmente con muchas personas vinculadas al quehacer de la Pastoral Social y de Los Trabajadores. En muchas conversaciones he podido recibir el testimonio vivo de personas muy comprometidas con el Evangelio y el deseo porfiado de transformar con sus valores el mundo en que vivimos. Me siento muy edificado y agradecido también de poder llegar a poner mi grano de arena en esta gran pastoral arquidiocesana. Y, por cierto, me siento más que edificado con el testimonio de quienes me han antecedido en esta tarea.

Los desafíos y las tareas son grandes, hermosos y desafiantes. Hay algunos puntos importantes que quisiera relevar en esta mañana y que surgen también del mandato y preocupación pastoral de nuestro Obispo.

En este tiempo se nos pide dar un nuevo impulso al trabajo que realizamos. Este impulso tiene que llevarnos a producir un encuentro con Jesucristo vivo para que se manifieste en todos los miembros de la Iglesia y en sus comunidades un compromiso permanente con los pobres y los desamparados. El objetivo es la construcción de una sociedad más justa, solidaria y misericordiosa.

Ampliar el actual radio de acción de la Pastoral Social para que abarque todos los campos que le son propios. Se nos pide incorporar La Pastoral de la Salud, Los Hogares de Niños, la Pastoral Carcelaria y la de los empresarios.

Nos pide también nuestro pastor, reforzar y extender la difusión y aplicación de la DSI a todos los ámbitos de la arquidiócesis. Creo que está en la línea de lo que antiguamente hizo INDISO en nuestra Arquidiócesis.

Se nos encomienda la tarea de intensificar las relaciones con otras organizaciones de acción social afines. En fin, se trata de dar respuesta en el aquí y ahora a los desafíos que nos plantea la sociedad en la que vivimos y que como Iglesia tenemos que saber iluminar desde la realidad del Evangelio.

4- Agentes pastorales: auténticos discípulos de Jesucristo.

Como Iglesia latinoamericana nos encontramos caminando hacia la V Conferencia, en esta mañana nos encontramos los agentes pastorales que representamos distintas realidades de la Pastoral Social de Santiago: adulto mayor, paternidad adolescente, refugiados, economía solidaria, prevención de drogas y alcohol, colonias urbanas, niños trabajadores, campamentos, en fin, rostros de hombres, mujeres, jóvenes y adultos mayores que generosamente van entregando su vida en el servicio a los demás. Los obispos de América nos han llamado a reflexionar lo que significa ser discípulos de Jesucristo y esta mañana nos hemos congregado como esos primeros seguidores de Jesucristo que encontraron en su mensaje, en su vida, en sus gestos y palabra algo novedoso, que los invitaba a seguir nuevos rumbos juntos a otros en comunidad, y para otros, sirviendo a quienes necesitaran de ellos.

El discípulo tiene un corazón abierto y dócil a la voz de Dios y a la realidad del prójimo: “abrid las puertas del corazón a Dios” nos decía el recordado Papa Juan Pablo II al inicio de su Pontificado ya que si hay alguien que tiene un corazón atento a la realidad del ser humano es Dios: “he visto la aflicción de mi pueblo, he oído su clamor y conozco sus angustias” nos decía el Padre ya al inicio de la Historia de la Salvación ( Ex.3, 7).

Para estar atentos a la voz de Dios, el discípulo requiere de algunas actitudes:

A. Saberse amado gratuitamente. En una sociedad en que todo tiene un precio y se transa, donde hay que “merecerse” el cariño, los bienes y el ascenso en el trabajo, hablar de un amor gratuito nos puede resultar difícil de entender y sin embargo Dios nos dice a cada instante: “te amo por que sí”, te he elegido gratuitamente. Entrar en esta dinámica exige cambiar estas categorías culturales por las de Dios.


B. Dejar al Espíritu actuar en nosotros para dejarnos sorprender por la novedad de la fe en un proceso de apertura donde vamos desplegando nuestros talentos para que sean muchos los que “tengan vida en abundancia” (Jn 10, 10) Dios no es mezquino y quiere que tengamos plenitud de vida. Como sus discípulos, no nos quedemos cortos en nuestros sueños y acciones de compromiso social para que opere la acción del Espíritu. Que en esta ciudad de Santiago nuestra aspiración sea la de que “ todos tengan vida en abundancia”.

C. Una tercera actitud del discípulo es la fidelidad, Dios es siempre fiel, esto demanda de nuestra parte un proceso y un compromiso permanente de conversión ya que somos débiles y frágiles, sin embargo podemos levantarnos una y otra vez ya que el Señor esta permanentemente llamándonos a “estar” y “ser”. Es a su lado donde encontramos el sentido de nuestra vida y del servicio que entregamos. De esto ya tenemos experiencia, en medio de tanta falta de sentido, esta experiencia del “ser” es un gran regalo que nos viene de Dios.

D. Nos dice el Evangelio que a los discípulos los reconocieron por como se amaban los unos a los otros. La comunidad fue reconocida por la atención y cariño que se prestaban mutuamente. Esto nace del mandamiento de amar al prójimo como a sí mismo, esta no es una “opción”, como podemos ver, sino un “mandato”, el cristiano vive su fe en el cuidado y cariño que entrega a otros. La caridad ( que es el amor del Padre y del Hijo) está en el centro de nuestra vivencia cristiana y con nuestro trabajo le ponemos rostro y manos a esta virtud.

El llamado a la solidaridad por parte de los cristianos es a un amor efectivo de encuentro y de compartir, de modo que a nadie le falte nada. No podemos descansar si sabemos que hay un hermano que pasa hambre, que está desvalido, abandonado o marginado, nuestro imperativo no es sólo moral sino de modo y estilo de vida. En Cristo somos una sola carne. "Dios, que cuida de todos con paterna solicitud, ha querido que los hombres constituyan una sola familia y se traten entre sí con espíritu de hermanos" ( Concilio Vaticano II, "Gaudium et Spes" nº 24)

E. Por último nuestro Dios, que por amor actúa en la historia y que quiere llevarla a plenitud, es un Dios con un proyecto que se inició en la creación y culminará en su Reinado pleno. Es un Dios liberador, humanizador, dignificador de la persona, en especial del pobre, de aquellos a quienes se oprime, se deshumaniza, se abandona, se humilla. Es un Dios-con -nosotros, que actúa en su pueblo y en la comunidad. Dios promueve la vida a través nuestro y quiere mejorar las condiciones de vida de su pueblo. El modelo de la moral personal no puede separarse de las relaciones sociales establecidas, se debe combatir la inequidad lo que se traduce en un compromiso con la justicia, la libertad y la fraternidad en todas las relaciones humanas.

5- ¿Qué nos pide la sociedad como agentes pastorales?

Esta es una reunión con diversos actores de la diócesis y con diversos intereses y carismas. Aunque sirvamos en diversos temas somos un sólo pueblo. Aquí hay quienes están junto a enfermos, encarcelados, jóvenes, adultos mayores, niños y mujeres, carentes de una casa digna y muchos servicios más. Y es que las necesidades son muchas, no solo económica sino humanamente también.

Muchos vienen denunciando desde hace muchas décadas, la impersonalidad -el anonimato- que caracteriza a la sociedad contemporánea y especialmente a la gran ciudad, como su exponente más significativo. Nuestro país, lamentablemente no esta ajeno a esta realidad. Han caído muchos muros y alambradas desde el final de la II Guerra Mundial, el último: el muro de Berlín. Pero no han caído "los muros internos": los que se erigen dentro de la misma ciudad, del mismo barrio, de la misma patria. (palabras de Antonio María Rouco VARELA Cardenal Arzobispo de Madrid.1997) y en este desafío de humanizar la sociedad podemos y debemos aportar mucho.

Como responsable de conducir las Vicarias de Pastoral Social y de los Trabajadores me parece imprescindible que tengamos una visión abierta y clara de la realidad donde vivimos, no podemos quedarnos replegados en la parroquia o capilla donde normalmente hacemos las cosas bastante bien. La Pastoral Social y de los Trabajadores tiene que abrirse al entorno, al barrio, al vecindario y aquí hay algunas experiencias que nos muestran lo fecundo que es actuar así. Jesucristo tenía la pedagogía de salir al encuentro del otro, no se quedaba solo en el templo, esperando que llegaran a escucharlo. El encontró y convocó a sus discípulos en la calle, en su trabajo, en la cotidianeidad de la vida de su pueblo. Esto sigue plenamente vigente en la actualidad para nosotros. Él valora así un rasgo muy humano: el ser con otros.

La acción pastoral debemos confrontarla con la realidad, por lo que acontece fuera de los muros del templo. La transformación se hace con otros, ya nadie cree que se pueda salvar el mundo solo, las realidades son cada vez mas complejas y por esto, para resolver las problemáticas sociales y humanas se necesita ver esta realidad con amplitud para responder con amplitud. Las soluciones han de ser integrales, globales, que abarquen distintas miradas e inclusive, distintos actores.

Cuando escuchamos del aumento periódico del número de alejados, tanto de bautizados o que vive indiferente ante el fenómeno religioso, los hábitos o costumbres que no están iluminados por criterios cristianos, nos obligan a movilizarnos para cambiar nuestra práctica evangelizadora que para estos tiempos demanda nuevas formas de expresión y de servicio. Quizás no sabemos cómo hacerlo, hay que buscar, capacitarse, inquietarse, conversar con su equipo pastoral, pedir ayuda. Desde la Vicaría queremos acompañar también sus procesos y necesidades.

6- La escucha de las personas

Cuando se lleva mucho tiempo en un servicio se puede tender a creer que ya sabemos lo que hay que hacer, como hacerlo y cuando hacerlo. Entonces nuestra escucha se vuelve rutinaria y “sorda”. Escuchar desde el otro es una habilidad que esta relacionada con el respeto del otro, por verlos como personas, no como 'enfermos' o 'pobrecitos” o como un 'problema”. Significa interesarse en sus vidas. Preguntarles sobre su visión de las cosas y de la relación de ayuda, por preguntarles qué necesitan. Sobrevalorar la ayuda que uno entrega es fatal. Considerar que cada caso es diferente, que cada lugar es diferente, y que muchas veces se pueden cometer errores en las intervenciones, esta forma nos pone en una actitud más modesta, y nos ubica en la posición de escuchantes y simples “servidores”: “Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que se os ha ordenado, decid: "Siervos inútiles somos; hemos hecho sólo lo que debíamos haber hecho." (Lucas 17:10)

Las personas tienen una gran necesidad de ser escuchadas. Esta ya es una ayuda enorme para la salud de las personas. Y permite que las personas cuenten con una red social mayor y de mejor calidad: los que escuchan.

Se necesita una Iglesia cercana, que celebra lo santo y que acompaña en el pecado. Una Iglesia que reconoce su propia miseria, que por ello pide y necesita redención. Una Iglesia que sabe escuchar y acompañar, esa Iglesia somos todos nosotros.

7- El mundo es ancho y la tarea es grande.

Me ha tocado ver como algunos católicos vivimos en un mundo demasiado estrecho que nos entrampa en las pequeñeces de lo que ocurre en la convivencia de la parroquia y que desvía la energía servidora y creadora en temas irrelevantes. Estamos llamados a tener una mirada en grande y a soñar en grande. Jesucristo vino a salvar a toda la humanidad, no sólo a los que vivían en su barrio o pueblo. Así, en la actualidad, Santiago no es Chile, y Chile no es Latinoamérica y Latinoamérica no es el mundo. Lo que pasa en EEUU repercute en nuestro continente. Si EEUU destruye Iraq ¡es una tragedia mundial que nos atañe a todos!. Esta es la era de la globalización y no queda nadie afuera, creo que es importante que, como agentes pastorales, miremos “globalizadamente”, miremos en grande.

Aquí mismo, la capital es un lugar habitado por múltiples “tribus” o “ghetos” culturales que nos ofrecen una amplia variedad de costumbres y tradiciones: están los quienes vienen de provincia buscando mejores horizontes: mapuches, aymaras, campesinos, hermanos y hermanas que vienen de otros países: peruanos, ecuatorianos, colombianos, argentinos, africanos, asiáticos etc. ¿A quiénes de ellos hemos salido a buscar para escuchar y conocer como van viviendo el doloroso proceso de salir a conseguir trabajo para sostener a su familia o de escapar de la violencia de sus países a cambio de seguir vivos? ¿A cuántos de los que ya viven en su barrio, y que fueron católicos practicantes en su lugar de origen los hemos integrado en nuestra comunidad cristiana para que allí experimenten el calor de hogar que se encuentra tan lejos? ¿Cómo incluimos la realidad de los cesantes, de los que tiene VIH, los ancianos que viven solos y abandonados, etc?.

Paradojalmente, muchos estudios muestran que quienes dan ayuda discriminan a quienes son más pobres, son diferentes o pertenecen a grupos excluidos ¡que no pase esto en nuestras comunidades! Formar en derechos humanos, reflexionar sobre las diferencias, instalar ideas de igualdad, tolerancia y no discriminación con los que dan ayuda es relevante para ser fieles al proyecto de Dios de humanizar nuestra sociedad y de aprender unos de otros en relaciones de igualdad y no de poder.

Los vínculos de solidaridad han de prevalecer por sobre la caridad unilateral. Los vínculos solidarios se dan entre pares, entre iguales, entre hermanos, no hay uno que tiene y que da al que no tiene, o uno que sabe que enseña al que no sabe. Son roles intercambiables. Eso creo que en una sociedad tan clasista como la nuestra es un deber enorme. La caridad unilateral oprime más, siempre deja al otro carente e imposibilitado.

Somos parte de la cultura, parte de la sociedad. No estamos separados de ella ni somos meros observadores de la cultura. Al sentirnos parte, nos sentimos responsables. El ser cristiano nos exige insertarnos en nuestras sociedades. Hacer cultura, hacer sociedad. Para nosotros esto pasa también por hacer Iglesia.

Un agente pastoral debe asumir este mundo como un lugar donde tengo que anunciar a tiempo y destiempo, con pasión pero sin fanatismo, con verdad, pero sin imposición, con acogida pero sin ingenuidad, con un tremendo amor al otro, sabiendo que el amor verdadero también incluye en ocasiones decir no.

La espiritualidad cristiana de hoy y de siempre significa seguir a Jesucristo, no reproduciendo tal o cual aspecto de su vida sino toda su vida desde la opción por los pobres, los necesitados, abandonados, sufrientes, carentes y empobrecidos. Esta opción es globalizante y no sólo regional o pastoral. Es un opción que atañe a la totalidad del ser humano en su confrontación con la realidad.

Hoy estamos llamados a hacer vida nuestra fe, según las prácticas de Jesucristo: “vivimos una de las horas mas decisivas, y también dramáticas de nuestra historia. Sin embargo bullen en ella poderosos signos de esperanza que nos permiten pensar que las dificultades y los sufrimientos son dolores de parto. Preparan el nacimiento de nuevas comunidades y de una nueva cultura fermentada. “Estamos en deuda con la opción preferencial de los pobres y con el peso de las estructuras, también culturales, menos humanas a otras más humanas” (Mensaje del Cardenal de Santiago, Monseñor F. J. Errázuriz al inicio del año pastoral, 2006).

Esta es nuestra tarea, que esta deuda vaya quedando progresivamente saldada desde el servicio específico que nos toca y desde las tareas que Dios nos ha encomendado.

Rodrigo Tupper A. Pbro.
Vicario de la Pastoral Social
y de los Trabajadores
Sagrados Corazones de la Alameda
Santiago 17 de junio de 2006