CONGREGACION DE LOS SS.CC.
Provincia Chilena


 
 
 
 
 
 

PERFIL DEL ALUMNO SAGRADOS CORAZONES
 
 
 
 
 
 
 
 

SANTIAGO, PASCUA 1994



 


1.- INTRODUCCIÓN:

Durante más de ciento cincuenta años la Congregación de los Sagrados Corazones ha dedicado importantes esfuerzos a la obra de la educación. Estamos conscientes de la responsabilidad que significa esta dimensión de la vocación que hemos recibido de Dios frente a los cambios sociales y eclesiales de los tiempos que vivimos. Por eso queremos recoger las distintas experiencias educativas y el trabajo en los distintos colegios que religiosos y laicos, animados por nuestra espiritualidad, han realizado en forma tan generosa y durante tantos años.

Este documento expresa lo que queremos sea para nosotros el perfil del joven que educamos y de los agentes educadores de los colegios de los Sagrados Corazones.

Lo entregamos, con mucho efecto, a los educadores, a los padres de familia y profesores, para que todos podamos participar juntos en una misma tarea formadora de personas; y a nuestros alumnos, porque pensamos que deben ir siendo a medida que crecen, sujetos activos de su educación, y estas ideas los ayudarán a asumir con entusiasmo y apertura lo que la comunidad escolar les propone como meta de su formación.2.- ALGUNOS ANTECEDENTES

 Nuestros Colegios están insertos en una sociedad que ha modificado sustancialmente sus características en las últimas décadas. Estas características nos desafían constantemente a volver a preguntarnos ¿Qué tipo de joven queremos formar y qué educadores necesitamos para lograrlo?

 Veamos primero algunos de estos rasgos de la sociedad actual:

2.1 Somos más: La población aumenta constantemente copando nuestras ciudades, fuentes de trabajo, escuelas y recursos. La sociedad, en todas sus instancias, va perdiendo día a día su carácter familiar y el hombre pasa a ser cada vez un número más y un desconocido.

2.2 Acosados por ofertas y mensajes: El avance de la ciencia y la tecnología ha provocado una revolución a nivel de las responsabilidades de la información y de las comunicaciones. Los grandes medios nos comunican de inmediato con lo que ocurre en el mundo, pero son manejados por grandes agencias internacionales y empresas nacionales, guiadas por sus intereses ideológicos y mercantiles.

2.3 Estamos solos: La desarticulación de la vida familiar y el estilo de vida moderno, con sus distancias y velocidades, hacen que la persona se sienta indigente e indefensa, precisamente porque no cuenta con espacios de referencia que le ayuden y acompañen en su proceso de desarrollo personal y social. Cada vez hay mayores dificultades para alcanzar comunicaciones verdaderamente interpersonales.

2.4 Vivimos una crisis profunda de la vida familiar: El paso de una familia amplia o patriarcal a una familia corta o nuclear ha traído serios desafíos:

- La ausencia de tantos padres en el hogar por el trabajo de ambos ha producido situaciones de carencia afectiva y descuidos en la educación de los hijos.

- Los quiebres cada vez más frecuentes en la vida matrimonial han ido dejando huellas profundas en los hijos.

- Las dificultades crecientes para asumir y conjugar las funciones de esposo-esposa y padre-madre no facilitan ni las comunicaciones al interior del matrimonio mismo ni tampoco la tarea educadora ante y con los hijos.

2.5 Estamos en cambio permanente: Nuestra sociedad vive en constante cambio. Para bien y para mal, estamos en la sociedad de lo desechable, donde el ser humano tiene que acostumbrarse a mejorar su capacidad de adaptación a lo nuevo.

2.6 Inmersos en una sociedad altamente tecnificada y competitiva: En ella se erigen como metas el éxito y el prestigio. Se busca una especialización que deja de lado visiones más integradoras. Se pierde el respeto por el otro, quien es estimado como adversario y potencial enemigo.

2.7 Que sobrevalora lo económico: Todo lo cual se manifiesta en el intercambio interesado (mercado), el consumo desproporcionado, el cuidado de la propia imagen a cualquier costo (marketing), la competencia irracional.

2.8 Donde crece la brecha entre ricos y pobres: Es obvio que una sociedad con estas características provoque una brecha cada vez más honda entre aquellos que nacieron con acceso fácil a la riqueza y sus oportunidades, y aquellos que han sido siempre los más postergados del mundo. En nuestro país es especialmente preocupante la situación de cerca de un millón de niños y jóvenes, prácticamente excluidos de los beneficios y oportunidades de la sociedad, y que viven una dinámica creciente de riesgo y daño.

2.9 Donde crece la desigualdad en el acceso a la información y al poder de decisión: Estos se concentran en las manos de grupos restringidos, con lo que se frustran los anhelos de participación democrática de las mayorías de los jóvenes.

2.10 Donde crece la brecha cultural entre el mundo ilustrado y moderno y las creencias y valores del mundo popular.

2.11 Estamos perdiendo la capacidad de soñar: En una sociedad que privilegia fundamentalmente lo práctico y urgente, no se incentiva el compromiso con los grandes ideales y valores que dan verdadero sentido a existencia humana.

2.12 Estamos disminuyendo los católicos: El aumento de la población del país no ha traído consigo un aumento proporcional el número de católicos, sobre todo entre los más jóvenes. Las católicos somos cada día somos cada día menos dentro del país.

2.13 Estamos perdiendo la capacidad de compromiso: Agudizando la constatación anterior, la creciente complejidad de la vida y la insuficiente formación personal hacen que muchos católicos 

tengan un modo de vida muy distante de las exigencias que plantea el Evangelio y que la Iglesia requiere para el anuncio del Mensaje.

La fe y los valores cristianos ya no se reciben por las creencias y los hábitos sociales, sino que requieren del testimonio de personas y de comunidades concretas y de una formación para la reflexión, el discernimiento y el ejercicio de una libertad responsable.3.- ANÁLISIS Y DIAGNÓSTICO

 Creemos que estas características han provocado un fuerte impacto sobre todo nosotros y particularmente sobre los jóvenes que se educan en nuestros colegios.

3.1 En una sociedad masificada, el joven experimenta agudamente su soledad y siente la necesidad de defenderse. De allí su individualismo creciente y tantas veces egoísta y ciego.

3.2 De allí, entonces su tendencia a afirmarse como persona, no a través de un desarrollo integral, armónico y fundado en lo esencial, sino mediante la búsqueda de elementos no sustanciales como la acumulación de bienes materiales, el ansia de poder para dominar, la lucha por mejorar el estatus, la búsqueda de experiencias límite, etc.

3.3 De allí, también, que podamos descubrir en muchos jóvenes tendencias casi irrefrenables a la afirmación de sí mismos por medios inadecuados como la rebeldía contra todas norma, la búsqueda de esas experiencias límite que ponen en grave peligro su salud y hasta su vida, la recurrencia al sexo usado como droga, etc.

3.4 Para lograr lo anterior cualquier medio parece listo. Se produce así un subjetivismo y relativismo valórico en los criterios de vida, en los comportamientos, en los medios elegidos y en las metas por alcanzar. Un síntoma de todo esto es la incapacidad para asumir compromisos estables.

3.5 La constante mutación a la que está sometida la humanidad, el exceso de información, muchas veces a temprana edad, y las constantes alternativas que se les presentan a los jóvenes, producen en ellos desorientación y temor, provocando, no pocas veces, efectos desintegradores en su personalidad.

3.6 Pero no todo el impacto de esta sociedad compleja es negativo. Hay aspectos muy positivos que es necesario rescatar como, por ejemplo, la mayor "movidilidad social" provocada por que las generaciones nuevas tienen acceso a oportunidades educacionales mejores que las que tuvieron sus padres, lo que va creando otros niveles culturales y socioeconómicos en los hijos; las mayores capacidades del ser humano para responder a los desafíos del mundo en cambio; las formas más creativas para organizarse y así ayudarse y ser solidarios unos con otros; el requerimiento de decisiones más personales para darle sentido a la vida, etc.3.7 La toma de conciencia de todas las posibilidades a las que algunos pocos tienen acceso y el mayor conocimiento del sufrimiento, privaciones y humillaciones indignantes a la que están sometidos millones de seres humanos, han despertado un creciente aprecio y valorización por la dignidad de la 

persona humana y han invitado a una lucha por lograr que se respeten los derechos de las personas, en especial, su libertad y esencial igualdad.

3.8 Estas realidades que hemos descrito, afectan también a los adultos, pues con tanta frecuencia no existe coherencia entre el decir y el hacer, por lo que se hace más aguda la ausencia de testigos y de verdaderos formadores.

3.9 Conviene que cada colegio, a través de sus distintos Consejos, analice la realidad concreta en que desarrolla su acción educativa evangelizadora, el medio socioeconómico que le rodea y el modo más adecuado para alcanzar los objetivos pretendidos.4.- LA BUENA NOTICIA DESDE SIEMPRE

 Los que "hemos creído en el amor que Dios nos tiene" (I. Juan 4,16) sabemos con certeza que - independientemente de la época en que vivimos, del país que habitamos, de la edad o la cultura que tengamos- la fuente de nuestra plenitud y vida está en Jesucristo, el Señor. En El, nosotros acogemos el amor misericordioso de nuestro Padre Dios y descubrimos la alegría de sabernos hermanos todos, invitados a estar en el mundo como señores de la tierra, esperando "los cielos nuevos y la tierra nueva" que el Padre nos otorgará y a la que nosotros nos dedicamos con todos nuestros talentos, capacidad y empeño. Somos conscientes del pecado que habita a la humanidad y que junto con inclinarnos personalmente al mal, afecta a las mismas realidades sociales.

 En Jesucristo, el Señor, vencedor del pecado y de la muerte, hemos puesto nuestra esperanza. Queremos identificarnos con su actitud y obra reparadora.

 Toda educación de partir de la certeza esencial del Amor de Dios y debe reflejar la esperanza que nos anima. Nosotros sabemos que, como Iglesia no siempre hemos logrado dar respuestas adecuadas a estos cambios y que, a veces llegado atrasados. De ahí la urgencia de reasumir claramente el liderazgo en el servicio de los jóvenes y en la formación de las personas. Estos nos desafía, también a reformar, en un lenguaje claro y directo, las razones que tenemos para poner a Jesucristo como centro de nuestra vida y de nuestra misión.

 La espiritualidad SSCC que anima nuestra acción pastoral, refleja la centralidad del Evangelio y responde plenamente a las necesidades y anhelos del hombre de hoy. De allí que queramos destacar los valores del corazón.

5.- EL JOVÉN QUE ESPERAMOS

 De acuerdo con lo expuesto anteriormente los Colegios de la Congregación de los Sagrados Corazones procurarán la formación de jóvenes:

5.1 Que descubran y adquieran la certeza de que Dios los ama y que los creó para que fueran felices; los llamó, a cada uno por su nombre y al interior de la Comunidad del Pueblo de Dios, para que le siguieran como discípulos y les dio los talentos necesarios, que tienen que descubrir y cultivar, para ser fieles a la misión.

5.2 Que descubran en la Persona de Cristo – en su Corazón – su verdadera identidad de hombres: imágenes y semejanzas de Dios, hijos suyos, hermanos de los demás y señores de la tierra.5.3 Que descubran en la Persona de María – en su Corazón – las actitudes propias de los que acogen el amor de Dios, que se expresa en su llamado, y se disponen a responder con todo su ser.5.4 Con corazón, con entrañas de misericordia, que vibren realmente con los valores evangélicos y sean capaces de jugarse por ellos con valentía; que sepan valorar con gratitud a todos y cada una de las personas de su entorno: compañeros, profesores, personal de apoyo docente; que aprendan a perdonar y a pedir perdón cada vez que ello sea necesario; que vayan en comunión con la naturaleza creada y la amen y la cuiden porque es obra de Dios. Por eso, los bienes de que se dispone son considerados simplemente como un medio para el crecimiento y el servicio.

5.5 En comunión con los demás y no frente a los demás, que sientan al Colegio como familia que los acogió y respeta, les comprende y acompaña, porque les ama con el Amor de Jesús. De esta forma se sentirán partícipes de la Iglesia, comunidad que les educa tanto en el hogar como el Colegio porque siempre les ama primero y gratuitamente.

5.6 Que aspiren a un mundo más fraternal y adquieran cada vez mayor sensibilidad y conciencia social que los lleve a ser solidarios con los pobres y construir, desde ahora, un mundo más justo en solidaridad con ellos.

5.7 Que sean capaces de asumir compromisos estables y vivir de convicciones profundas hasta convertirse, en su medio, en verdaderos desafíos que nacen de libertades responsables e interpelan a los demás con un testimonio juvenil y gozoso.

5.8 En proceso de formación permanente porque saben valorar la oportunidad de educarse y, por ello, buscan los más altos niveles académicos posibles, para hacerse responsables de los talentos confiados por Dios, de manera que quieran alcanzar una rica personalidad abierta a "Todo lo que es verdadero y noble, justo y puro, amable y digno de honra, todo lo que haya de virtuosos y merecedor de alabanza" (Fil. 4,8)5.9 Que asuman la vida y su creciente responsabilidad con gozo, que aprendan a celebrarla con sus alegrías y éxitos, con sus tristezas y dificultades. Jóvenes que sean felices porque saben que siempre pueden confiar, porque son amados por Dios y acompañados por una comunidad de amigos que cuentan con la guía de sus formadores.

5.10 Dispuestos al seguimiento del Señor porque han vivido la experiencia de los talentos que Dios les entregó para que fueran felices; porque han vivido la experiencia del Reino en la fraternidad compartida, en la Palabra escuchada, en los sacramentos compartidos. Jóvenes que vivan su fe en comunidad con otros jóvenes, en la celebración de la Eucaristía buscada fielmente, en la oración constante y en la adoración del Señor especialmente presente en la Eucaristía.

 

 

 6.- LOS EDUCADORES QUE NECESITAMOS

6.1 Todo lo anterior supone educadores, padres de familia y profesores, que sepan que educar es, ante todo, amar; que sepan que cada joven es único e irrepetible y, por lo tanto, busquen un corazón capaz de escuchar y se den tiempo para comunicarse, conocerse y acompañarse.

6.2 Que sean capaces de valorar al niño y al joven por lo que es y no por lo que sabe, puede o tiene. Que sean amantes de los pobres sencillos y que lo manifiesten en su forma de vida, en su sed de justicia y solidaridad y en su trato con los demás; que busquen con afán un mundo más justo en solidaridad con los pobres.

6.3 Que sean capaces de cultivar el espíritu de familia y la sencillez de corazón, tan propios de la Congregación, de tal manera que nuestras Comunidades educativas lleguen a distinguirse por la manifestación de esos valores.

6.4 Que vivan su vocación pedagógica como parte de la misión y vocación recibidas en el Bautismo, que amen a la Iglesia y acojan de Ella – Madre y Maestra – la enseñanza que buscan entregar: que vivan lo que enseñen, que enseñen lo que creen y que crean lo que han recibido por la Gracia de Dios.6.5 Que sean personas maduras, emocionalmente equilibradas, autocríticas y conocedoras de sus talentos y, a la vez, de sus deficiencias y limitaciones; capaces de valorar lo esencial por encima de lo secundario. Que con un claro ejemplo de autoexigencia y permanente desarrollo personal y profesional motiven actitudes semejantes en sus educandos.

6.6 Que tengan un real espíritu comunitario, sean capaces de trabajar en equipo y sepan que la obra educativa es una tarea que se realiza entre todos y a la que nadie puede restar su colaboración.

6.7 Que sean felices al considerar la nobleza de su vocación; que tengan el suficiente humor y vitalidad para aceptarse con sus triunfos y fracasos; que sean alegres y disponibles, como Juan el Bautista, y reconozcan así que "es necesario disminuir para que el otro crezca"; que estén conscientes de que la vida está hecha para entregarse y así puedan, dentro del proceso educativo, ayudar a los jóvenes a adquirir la certeza profunda de que Dios los ha creado para que sean felices.6.8 Que sepan reconocer en sí mismos los talentos que Dios les ha entregado para que puedan ser fieles; la experiencia de su Reino en el cultivo de la fraternidad, en la escucha de la Palabra, en la participación en los sacramentos, en la oración sostenida, en la adoración al Señor presente en la Eucaristía; la alegría por la condición asumida de hijos de Dios, hermanos de los demás y señores de la tierra. Que sepan colocar todos estos atributos, porque han creído en el amor de Dios, al servicio de los hermanos, sobre todo de los más jóvenes que les han sido confiado por el Padre de las misericordias.