Los Divinos Corazones nos formaron
en las letras, en la ciencia y la virtud
y con gotas de su sangre consagraron
nuestra infancia, adolescencia y juventud.
Hechos hombres
les juramos al partir
serles fieles
en la vida hasta morir
Las coronas y laureles
que yo pueda conquistar
las espinas siempre crueles
que tal vez pueda encontrar
a ofrecerles volveré
con humilde amor y fe.
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