Testimonios

Los sacerdotes nos dan a nosotros lo más importante. Si no hubiera sacerdotes, no podríamos asistir a misa, no habría la comunión, que es lo más grande: Cristo resucitado entre nosotros. Tampoco nos podríamos confesar y encontrar esa paz que ansiamos. Sin la Iglesia, sin sacerdotes, llevaríamos una vida sin sentido. Entonces, lo que nosotros podemos aportar es muy poquito en relación a lo que ellos nos dan. Frecuentemente visito el convento San Francisco de la Alameda y ahí me comprometí a pagar el 1 por ciento, porque debo cumplir con el mandato que el Señor nos dio sobre el mantenimiento de la iglesia. Mi situación económica es regular. Soy parvularia jubilada y a veces cuido a adultos mayores. Ese dinero lo podría destinar a otra cosa, pero hay que cumplir los mandamientos. Yo lo considero así; incluso cuando estoy pasando por aprietos económicos, igual me las arreglo y pago el uno por ciento. Pienso que es necesario, porque una iglesia tiene muchos gastos: luz, agua, personas que limpian, que ayudan, además de lo que necesita cada sacerdote para vivir, porque ellos no tienen un sueldo y nosotros tenemos que ayudarles. Todo lo que uno aporte es poco.

Teresa de Jesús Donoso. 63 años. Fraternidad OFS San Francisco de la Alameda.

 

Desde que hice la primera comunión hace unos 5 años atrás creo que la Iglesia significa todo para mí. Acá en la parroquia encuentro gente que me da cariño y amistad, sin embargo creo que la ayuda viene más de Jesús. Soy soltera, pero tengo una hermana y una sobrina de las que me hago cargo, porque mi hermana tiene un retraso mental en primer grado. Ellas viven en Perú y lo que yo trabajo es para ellas. En mi país vivía muy lejos de la Iglesia, iba a misa pero por obligación, porque había que hacerlo; ahora no, ahora me siento integrada y siento que es algo gratificante para mí, algo que me da mucha fortaleza. Pago el 1 por ciento hace un año, porque alguien me explicó que es para ayudar a la mantención de la Iglesia porque la Iglesia somos todos, y que como hay lugares muy pobres, toda la plata que se recauda, se reparte. Conversando otra vez con un caballero, me dijo que si todos pagáramos el 1 por ciento, la Iglesia tendría lo suficiente para mantenerse e incluso para ayudar más a los pobres. No gano mucho, pero siento que igual la plata alcanza. Creo que uno recibe muchas gratificaciones pudiendo compartir no sólo con la familia y de ahí que me nació darlo. Yo me siento responsable de la Iglesia y de la gente pobre. Yo me siento bien dando el 1 por ciento.

Juanita Apolitano, 35 años, Grupo de Adoración al Santísimo de la Parroquia Latinoamericana Nuestra Señora de Pompeya.