Presentación

Con la invitación a “remar mar adentro”, tomada de las palabras del Señor al Apóstol Pedro, S.S. Juan Pablo II exhortó al Pueblo de Dios a entrar en este nuevo milenio con la mirada puesta en Jesucristo, fuente de la verdadera alegría, recordando con gratitud el pasado, viviendo con pasión el presente y abriéndonos con confianza al futuro1. Nos invitó a ser testigos de esperanza anunciando la Buena Nueva a los hombres y mujeres de nuestro tiempo.

En ese contexto de envío, y a pocos días de finalizado el Jubileo por los 2000 años de la Encarnación del Verbo, el Santo Padre creó Cardenal a Monseñor Francisco Javier Errázuriz Ossa, XI Arzobispo de Santiago. Este importante signo eclesial, verdadera bendición para nuestro país, nos anima y compromete a renovar nuestro afecto y fidelidad al Vicario de Cristo. Así nos lo indica don Francisco Javier, luego de conocer su nombramiento cardenalicio: “Al asociarme más a su ministerio pastoral y al asociar más a toda nuestra Iglesia, le expresamos (al Santo Padre) nuestro propósito de colaborar más resueltamente en la Nueva Evangelización y en los esfuerzos en pro de la unidad de todos los cristianos, como así mismo en dar mayor fecundidad, con la gracia de Dios, al sustrato cristiano y católico de nuestra cultura y en superar los errores, las injusticias y las heridas del pasado y del presente”2 . El cardenalato es un don que impulsa a toda la Arquidiócesis y a la Iglesia peregrina en Chile, a una colaboración más estrecha en afecto y fidelidad con quien es el sucesor de Pedro.

Junto a esta gracia, fueron múltiples los signos de esperanza que pudimos contemplar durante el año recién pasado. Los frutos del Jubileo del Año 2000 se percibieron con especial intensidad en las diversas comunidades, experimentándose una verdadera renovación en la fe. Son muchos los que encontraron nuevos impulsos en el Espíritu para acrecentar su oración, su vida sacramental, para anunciar con nuevo ardor la Buena Nueva, para vivir con mayor intensidad el Evangelio.

De estos signos de la vitalidad de la Iglesia -y de lo más significativo en la pastoral del año 2001- da cuenta nuestro Pastor en diferentes intervenciones públicas (mensajes, homilías, discursos, conferencias) que recogemos en este tercer volumen de “Documentos Pastorales”. A través de ellas, como lo enuncia el connotado jurista y hombre público Francisco Cumplido, “el señor Cardenal nos guía a través de sus homilías, catequesis, mensajes, discursos y conferencias. Tenemos que estar con todos nuestros oídos muy atentos. Nos dice que: debemos leer y proclamar la Palabra; recordar con gratitud; despertar la Esperanza; escuchar la voz sabia de la conciencia; servir con misericordia; ser, tú, prójimo para los demás, aunque no compartan tus convicciones, ni pertenezcas a su pueblo; luchar por la verdad, la justicia y la amistad; cultivar el arrepentimiento, el perdón, la santidad, la paz; abrirse a la creatividad, con la audacia de la fe; vivir y morir por el Señor, sin juzgar la conciencia de nadie; hacer silencio, dejando atrás nuestras preocupaciones e impaciencias, la intranquilidad del alma y las enemistades, aun en el dolor y la congoja; hagamos silencio para contemplar, para que penetre hasta lo más íntimo de nuestro ser, de nuestras familias y de nuestra convivencia, tanto amor de Dios, que viene a nuestro encuentro para que tengamos vida y esperanza”3.

Esperamos que este tercer volumen de los “Documentos Pastorales” sea una ayuda para la reflexión y la oración, y a la vez un aliciente para crecer en la fe y en el compromiso con el Señor de la Vida, y con su esposa, la Iglesia.

Santiago, Octubre de 2002

..........................
1 Cf. NMI 1.
2 Un nuevo Cardenal para Chile, mensaje después de conocerse su nombramiento como cardenal de la Iglesia. Santiago, 21 de enero de 2001. En Volumen III, Documentos Pastorales.
3 Francisco Cumplido, Presentación del Volumen II de los Documentos Pastorales “Un Espíritu Nuevo”, 2001.