Presentación
¡Qué misterio más profundo es el de estos hombres a quienes Dios eligió para servir en su Iglesia! Sin duda sus vidas se explican sólo por el amor que Dios les regaló. Por seguir a Jesús dejaron sus familias, sus profesiones, sus sueños y sus esperanzas. Por ir detrás de Él hicieron locuras: algunos atravesaron los mares para anunciarlo. Otros se despojaron de sus bienes para poder seguirlo. Y los hay que han abrazado la pobreza y el desapego como estilo de vida sólo porque desean imitar a su Maestro.
Los cristianos tienen afecto por sus «curas». Un día uno de ellos lo bautizó., celebró para él la reconciliación de sus pecados, atendió a sus enfermos, bendijo su matrimonio., le ha entregado el Pan de Vida en cada Eucaristía., simplemente, ha gozado de su amistad.
Pero son muy pocos los que logran entrar en el corazón de sus sacerdotes. Lo que más les cuesta comprender es que sean hombres frágiles, débiles, vulnerables, limitados y pecadores. Muchos los quisieran «super hombres», invencibles, poderosos, santos. Pero no siempre lo son. Por una razón muy simple: Dios elige a los débiles para confundir a los fuertes. Dios elige a los necios para confundir a los sabios. ¡Esto no conviene olvidarlo nunca!
Los sacerdotes no le dicen a los cristianos: «hagan lo que yo hago, piensen como yo pienso, digan lo que yo digo, sientan lo que yo siento». ¡Ni mucho menos! Lo que el sacerdote anda diciendo en los caminos de este mundo es que hay un Mesías que perdona, que ama, que escucha, que anima, que acompaña y que nos espera. Los sacerdotes tienen una pasión que les quema el alma: su Señor y su Maestro, Jesucristo. Eso explica su vocación. Nada más.
Los escritos que nos entrega en este libro el Padre Cristián Precht son una estimulante ayuda para nuestro ministerio pastoral. Son fruto de su reflexión y de su experiencia. Nacen del contacto cotidiano con estos «Ministros de Dios» que a lo largo de América Latina y el Caribe ha encontrado en diversas jornadas y retiros.
Estoy seguro que estas páginas harán mucho bien. No sólo eso: harán amar aún más nuestro ministerio de acogida, nuestra paternidad espiritual, y nuestro servicio en la celebración de la fe.
Que Dios bendiga a quien escribió estas páginas y a quienes serán sus lectores.
P. Miguel Ortega Riquelme