Presentación
Este libro ofrece tres testimonios de primera mano. La estrecha cercanía entre los autores de estas páginas y el Padre Hurtado, dan un valor excepcional a estos testimonios.
El padre Alvaro Lavín conoció a Alberto Hurtado desde su juventud, coincidió con él en algunas etapas de su formación jesuita, y posteriormente , como su amigo y superior; fue padre y hermano, durante su ministerio pastoral en Chile.
La señora Marta Holey, estrecha colaboradora en el desarrollo de la fraternidad del Hogar de Cristo, siendo esposa del doctor Ricardo Benavente, que atendió al P. Hurtado, lo asistió con especial cercanía en su enfermedad y muerte.
Monseñor Manuel Larraín, Obispo de Talca. fue amigo inseparable de Alberto Hurtado desde la infancia y durante toda su vida sacerdotal, y, por ello, le correspondió dar testimonio de la vida de este apóstol de Jesucristo el día de su funeral.
El padre Hurtado es más conocido desde afuera, por sus obras. Estos testigos oculares nos permiten conocer al Padre Hurtado desde adentro, es decir, desde sus bases. Toda imitación de la obra del padre Hurtado debe participar de su mismo fundamento espiritual, de otro modo, tarde o temprano se revelará infecunda.
Lo que más impresiona a la opinión común de la gente es la obra exterior, la visible; pero no hay que olvidar que esa obra visible es consecuencia de una secreta vida de oración y santidad, animada por ardiente amor a Cristo y por una filial devoción a la Virgen María. este, hombre, tan preocupado de las realidades terrenales, de la calidad de la enseñanza, de la justicia en el trabajo; este hombre de acción que llega a exclamar: ¡Oh bendita vida activa, toda consagrada a mi Dios, toda entregada a los hombres: este mismo apóstol chileno tan lleno de ocupaciones, tomaba su fuerza y dinamismo de su estrecho contacto con Cristo y de su profundo deseo de la vida eterna.
Las largas horas de oración muy temprano, el estar siempre en contacto con Dios y, en definitiva, la obra de la gracia, son la última explicación de una obra imposible para un simple hombre.