Presentación
Pongo en sus manos una reflexión sencilla sobre el evangelio de Jesús. Ella es fruto de oración y reflejo de contactos profundos con muchas personas que quieren servir a su Señor y vivir de su Palabra.
Es interesante constatar que buena parte de la enseñanza de Jesús a sus discípulos la hizo por medio de preguntas. A ellos, que eran rudos pescadores, les enseñó, mediante interrogantes simples, a plantearse los verdaderos problemas: ¿Quién es tu prójimo?, ¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si después se pierde a sí mismo?, ¿Por qué lloras?, ¿Qué buscáis?
Preguntas sencillas que tienen perenne actualidad.
Estas y otras interrogantes nos llevan al fondo de nosotros mismos y nos obligan a buscar nuestra verdad. Una vez más, constatamos que los problemas se resuelven mejor si se plantean correctamente las preguntas.
Enseñar preguntando tiene la ventaja de ayudarnos a buscar en lo mejor de nosotros la respuesta y a construir el evangelio prestándole nuestra propia vida.
Aprender a preguntarse es signo de madurez. Ello permite romper las falsas seguridades, tomar distancia de uno mismo y descubrir la hondura que tenemos.
Hay personas que rechazan buscar razones
y ciertamente no se interesan por las preguntas últimas. Viven
sólo viven. Cuestionarse y sobre todo preocuparse por las ultimidades les parece, a menudo, un modo de escapar a la verdad presente. Trabajan, corren y se afanan sintiendo que lo único real es la agitación. Dicen que el hombre moderno no tiene tiempo para perderse en sutilezas.
Preguntarse por el fin de la marcha les parece que es un modo de huir. Y para no huir de lo real, en realidad huyen de la verdad.
El hombre de estos días que en muchos aspectos ha logrado progresos increíbles, con frecuencia ha perdido el rumbo de su senda. No quiere levantar la cabeza para mirar adónde va el camino
ni siquiera se atreve a preguntarse qué es lo que en el fondo anda buscando. Una y otra vez, afirma que esas cosas no le interesan. Pero esa pregunta, aunque se acalle, sigue resonando en lo más hondo de todos los proyectos humanos. Oculta bajo mil costras hay una sed intensa de sentido
y tarde o temprano el hombre volverá a la fuente que puede dar respuestas a esa inquietud.
¿Cómo despertarnos de la actual modorra?
El hombre moderno que va al supermercado, ha dejado de comprar prendas hechas a medida, allí todo es estándar
Sin embargo, esa uniformidad no le deja tranquilo. El ser humano no quiere para su propia vida respuestas hechas en serie. Sobre todo los jóvenes quieren construir su existencia desde su libertad. Por eso es tan atractivo plantearse las preguntas que nos hace Jesús. El Señor nos ofrece a cada uno un camino que queremos aprender a recorrer.
En estas páginas comentaremos las preguntas de Cristo
pero ahora dirigidas a nosotros. Para responderlas será, tal vez, necesario abrir el corazón con la actitud del niño que no teme confesar su ignorancia y su gran necesidad. Desde San Pablo, Orígenes y los Santos Padres ha habido este tipo de interpretación espiritual del Evangelio. Ella de algún modo complementa el estudio erudito que es, por cierto, necesario, pero que a muchos resulta alejado de su vida.
Este texto sirve para la oración personal y para compartir en reuniones de comunidad. Déjelo resonar calladamente en usted, sin olvidar que lo más importante es la pregunta misma de Jesús.
Le aconsejo no leer más de una pregunta cada vez. Ellas no están escritas para ser leídas de corrido.
Estas líneas son una invitación para que Ud. responda a estas interrogantes desde la verdad más honda de su existencia.
Fernando Montes, S.J.