Prólogo

He sido gratamente sorprendido con la recepción del libro que lleva por título, muy sugerente, el de «Hombre Peregrino», cuyo contenido he podido reflexionar con facilidad y agrado. A ello ha contribuído el tema de Antropología Filosófica, sino su autor a quien conocí en los años jóvenes y he reencontrado después de una meritoria trayectoria de vida. Sintetiza en su obra lo que ha sido la pasión de su vida: buscar respuesta a la pregunta incesante por el ser humano. Ha estudiado con dedicación, ha reflexionado con seriedad, ha enseñado con cariño y nunca ha dejado de perfeccionarse en este peregrinar de su propia existencia.
«Comparto la opción que ha hecho, porque estoy convencido de lo expresado por un gran pensador: «Entre todas las ciencias humanas, la del hombre es la más digna de él, y, sin embargo, no es esa ciencia ni la más cultivada, ni la más desarrollada. La mayoría de los hombres la descuidan por completo». (Malebranche, en «De la recherche de la verité». Jorge Elgueta comienza por defender la vigencia del pensamiento y de la razón en medio de una cultura que privilegia la eficacia y la utilidad concreta; se remonta al origen del hombre, mirado desde la ciencia y la fe. Destaca su grandeza, su superioridad en relación con los demás seres y no esquiva enfrentar la fragilidad y las debilidades del ser humano; aborda el sentido del sufrimiento y de la muerte, preguntas acuciantes de toda persona en todo momento de la vida; se eleva a la cumbre de sentido que puede alcanzar el hombre en el amor, y concluye con una defensa abierta de la vida humana».
«Todo, en un estilo sencillo, pedagógico, avalado por las afirmaciones de grandes pensadores e iluminado por la enseñanza de la fe cristiana».
«El profesor Elgueta evidencia gran sensibilidad frente a la formación de la juventud y una exquisita vocación por favorecer el crecimiento y desarrollo integral de la persona».
«Se dirige especialmente a los jóvenes, porque en la edad de las primeras decisiones y de las opciones fundamentales el joven ha de ser acompañado para actuar con lucidez y sentido de responsabilidad. Debe conocerse a sí mismo y descubrir con libertad y claridad su camino. Conociendo la propia dignidad, defenderá y proclamará la dignidad de toda persona. Y los educadores tienen aquí una responsabilidad ineludible. El autor de este libro quiere cumplir su tarea y entrega su valiosa contribución, no sólo a través de un texto, sino de un testimonio de vida. Ojalá su esfuerzo alcance el objetivo que le dictó su alma de educador».

J. RAÚL MANRÍQUEZ I.
Vicario General del Obispado
CHILLÁN - CHILE

CONCEPCION, CHILE, NOVIEMBRE 1999.