Presentación
Al presentar la breve historia de la Vicaría de la Solidaridad, titulada por su autor Pbro. Cristián Precht Bañados, «En la huella del Buen Samaritano», quiero agradecer al Buen Dios el habernos permitido sentir su presencia en una hora tan dolorosa para la Patria. Tuvimos un Pastor visionario, sabio y valiente, el Cardenal Raúl Silva Henríquez, que supo ser la voz permanente de los sin voz, y defender con energía los Derechos Humanos, la vida e integridad de tantos chilenos que repentinamente se vieron despojados de sus derechos y sin esperanza, creando la Vicaría de la Solidaridad. Vicaría que tendría por objeto continuar la ardua y difícil tarea del Comité Pro-Paz, interrumpido por orden del Gobierno Militar.
El Cardenal puso al frente de la Vicaría recién creada al joven e inteligente sacerdote Cristián Precht Bañados, dotado de excepcionales cualidades para llevar a cabo la delicada misión encomendada y, como Secretario Ejecutivo de ella, al hábil y dinámico abogado Javier Luis Egaña Baraona.
Es de gran valor, para los que vivimos esos tiempos y sobre todo para las generaciones actuales y venideras, poder contar con esta breve historia de la Vicaría de la Solidaridad, escrita en lenguaje sencillo y relatando en apretada síntesis su origen, organización, características, desafíos y actuaciones, por quien fue su gran realizador y la conoció a fondo. Referirnos, también, en pocas y amenas páginas la historia sobre una entidad de Iglesia que salvó muchas vidas, que luchó denodadamente por la dignidad de la persona humana y por el imperio de la Justicia, abriendo así esperanza para tanta gente que sufrió la pérdida de seres queridos y que vivió en carne propia la persecución, la tortura y el atropello de sus derechos.
Gracias Cristián por habernos recordado «En la Huella del Buen Samaritano» que «todo hombre tiene derecho a ser persona».
Pbro. Ignacio Ortúzar R.
Santiago, 25 de Enero de 1998
A MANERA DE PRÓLOGO
Nuestra Vicaría de la Solidaridad ha sido un lugar, claramente reconocido por muchos hombres desapasionados, de continuación de la acción del Buen Samaritano. La Iglesia, como él, no ha querido pasar de largo sin asumir los problemas derivados de la violación de su dignidad y derechos que han debido sufrir los disidentes del modelo político o bien los que han sufrido las consecuencias del modelo económico: los pobladores, los obreros organizados de la ciudad y del campo, los pequeños propietarios agrícolas.
La Vicaría de la Solidaridad los ha consolado con su presencia y los ha apoyado activamente en sus problemas de subsistencia, defensa jurídica de sus derechos fundamentales, de su trabajo y organización. Ha sido un signo vivo del Buen Samaritano, del amor misericordioso de Dios, del compromiso liberador de Cristo.
Muchas personas han reconocido en ella la presencia del Padre que no los abandona frente a su soledad y angustia».
Cardenal Raúl Silva Henríquez
INTRODUCCIÓN
Hoy es día de San Francisco de Asís y se cumplen
24 años desde que fuera creado el Comité de Cooperación para la Paz en Chile. Veinticuatro años de un trabajo pastoral que marcó profundamente nuestra vida.
Sólo comenzar a escribir hace que se agolpen, en la pupila de los ojos, los rostros sufrientes de tantos hombres y mujeres, amigos desde entonces, cuyo sufrimiento compartimos entrañablemente. Y, en el corazón, los rostros y los nombres de ese equipo inolvidable de mujeres, varones, administrativos, profesionales, obispos, cardenales, religiosas, religiosos, pastores, rabinos y sacerdotes, con cuyo aporte generoso y exclusivo, fue posible que esta obra se hiciera realidad. No los alcanzo a nombrar... Pero Dios sabe cuántas veces le he contado, agradecido, sus nombres, sus dones, sus angustias... ¡Tanto aprendizaje!
Me habría gustado escribir la larga historia: una para todo espectador y una más íntima, para quienes vivieron más de cerca los acontecimientos. Una abierta, llena de detalles, consignando todos los trabajos y todos los riesgos: las visitas a las cárceles, los talleres solidarios, los viajes en auto llevando una vida preciosa entre las manos, la Madre Astorquiza, la Hna. María José, Ricardo, Juanita, Pilar, la Carmencita, Robinson... Otra más íntima, la del Cardenal, el Consejo de Vicarios, las largas oraciones junto al Vía Crucis de Claudio di Girolamo, las fiestas de la esperanza, los dolores de parto del Simposio, la pérdida de José Manuel, la enfermedad de Don Santiago...
Pido, pues, perdón, a los protagonistas conocidos y a los desconocidos. Ninguno está olvidado. Ninguno. Sólo que preferí el camino de la brevedad, para responder a tanta pregunta reiterada. ¡ Veinticuatro años después ! Sí... Siguen las preguntas: cómo, cuando, quiénes, por qué... Y consignar también algunos documentos que hablan de los momentos cruciales de esta historia: la fundación, el Comité, la crisis, la Vicaría, los relatos, los homenajes...
Nada de esto es mío. Todo nos pertenece a todos. Cumplo, pues, con el rito tan grato de dedicar estas memorias a cada una y cada uno de los que algún día trabajaron en la Casa del Buen Samaritano. Lo dedico también a los que sufrieron tanto y más, y a los que todavía no pueden terminar de llorar su pena ¿Será posible?
En esta dedicación quiero nombrar al Cardenal Silva, al Cardenal Fresno y al Cardenal Oviedo. Y, entre los tres - se que lo comprenden - entrego estas memorias al Cardenal Raúl Silva Henríquez, Fundador de la Vicaría de la Solidaridad. Lo hago en estos días, en que Don Raúl cumple 90 años de edad...
Pbro. Cristián Precht Bañados
Santafé de Bogotá, 4 de Octubre de 1997.
Día de San Francisco de Asís,
Patrono de la Vicaría de la Solidaridad