Nuestra Liturgia
Comentario

Domingo 30 de del 2012

Mc 9,38-43.45.47-48
El que no está contra nosotros, está por nosotros

En los Evangelios sinópticos (así se llama a los Evangelios de Marcos, Mateo y Lucas), es insólito que hable cualquiera de los Doce apóstoles, fuera de Pedro. Sólo toman la palabra Santiago y Juan y, cuando lo hacen, están siempre errados y deben ser corregidos por Cristo. El Evangelio de este domingo XXVI del tiempo ordinario se abre con la única instancia en que toma la palabra el apóstol Juan. Le dice a Jesús: «Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu nombre y tratamos de impedírselo porque no venía con nosotros». Jesús lo corrige: «No se lo impidan, pues no hay nadie que obre un milagro invocando mi nombre y pueda luego hablar mal de mí».

¿Quién es este anónimo exorcista? Es claro que no es del número de los Doce. A nadie le gusta que su nombre sea usado por otro de manera abusiva. Por eso, si Jesús lo autoriza, es porque ciertamente ha recibido ese poder de expulsar demonios del mismo Jesús y cree en el poder del nombre de Jesús. Podemos afirmar, entonces, que es un discípulo de Jesús, y un discípulo fiel que no hablará mal de él. Al defenderlo, Jesús está afirmando que el poder de actuar en su nombre no se restringe a los Doce, sino que puede ser compartido también por otros, como ocurre con Pablo y con todos los sucesivos ministros de la Iglesia. Ellos han recibido de Cristo un poder mayor que el de expulsar demonios y hacer milagros en el nombre de Jesús. ¡Han recibido el poder de perdonar los pecados en el nombre de Jesús!

Jesús agrega una sentencia que también es insólita: «El que no está contra nosotros, está por nosotros». Tiene de insólito que Jesús no suele usar la primera persona plural «nosotros», incluyendo a otros junto a él. De hecho, el evangelista Lucas en el lugar paralelo modifica la sentencia de Jesús: «El que no está contra ustedes, está por ustedes» (Lc 9,50). Y Mateo, interesado en resguardar el prestigio de los apóstoles, en este caso de Juan, omite todo el episodio.

Pero la frase conservada por Marcos es preciosa. El «nosotros» de Jesús es un sujeto que lo incluye a él y a todos «los que son de Cristo»; a él y a «todos esos pequeños que creen en él». Ese «nosotros» de Jesús autoriza a Pablo a enseñar la doctrina del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia: «Del mismo modo que el cuerpo es uno, aunque tiene muchos miembros... así también Cristo... ustedes son el cuerpo de Cristo, y sus miembros cada uno por su parte» (1Cor 12,12.27). Pablo entendió que la Iglesia es inseparable de Cristo, porque es su Cuerpo. Lo entendió cuando él perseguía a los cristianos, a «los que son de Cristo» y se encontró persiguiendo, en realidad, a Cristo mismo: «Saúl, Saúl, ¿por qué me persigues?» - «¿Quién eres, Señor?» - «Yo soy Jesús, a quien tú persigues» (Hech 9,4-5). Es como si le dijera: «Persiguiendo a los míos me persigues a mí; nos persigues a nosotros».

En el resto del Evangelio de este domingo Jesús se refiere a la distinta suerte que tendrán los que favorezcan a la Iglesia, a «los que son de Cristo», aunque sea sólo con un vaso de agua, y los que escandalicen a «uno de estos pequeños que creen en mí». Los primeros no quedarán sin recompensa, una recompensa que Dios les dará, se entiende una recompensa eterna. Para los segundos Jesús formula una sentencia terrible: «Mejor sería que le ataran al cuello una piedra de molino que mueven los asnos y lo arrojaran al mar». El «skándalon» es una piedra que se pone en el camino de alguien para hacerlo caer. El verbo «escandalizar» significa: «hacer caer». En el Evangelio se usa como metáfora de «inducir a pecar».

El pecado tiene consecuencias de muerte eterna y de tortura moral y corporal para el ser humano. Es mucho más grave que cortarse una mano o un pie o sacarse un ojo. Para enseñar esto, Jesús lo hace de la manera gráfica que lo caracteriza. La triple repetición expresa la firmeza de una enseñanza: «Si tu mano te escandaliza (si tu pie... si tu ojo...), cortatela; más te vale entrar manco (o cojo o con un ojo) en la vida que con las dos manos ser arrojado a la gehenna». Jesús explica esta palabra hebrea: «donde el gusano de ellos no muere y el fuego no se apaga». El gusano es el remordimiento de la conciencia; el fuego es la extrema incomodidad corporal. Nadie ha expresado la urgencia de convertirse en términos más claros y apremiantes que Jesús. Él es la Verdad.

† Felipe Bacarreza Rodríguez
Obispo de Santa María de Los Ángeles