Nuestra Liturgia
Comentario

Domingo 24 de Junio del 2012

Lc 1,57-66.80
Vino para dar testimonio de la Luz

Además de celebrar el nacimiento de Jesucristo (25 de diciembre) y de la Santísima Virgen María (8 de septiembre), la Iglesia celebra con rango de solemnidad el nacimiento de San Juan Bautista. En el caso de los demás santos, la Iglesia celebra su fiesta en el aniversario de su muerte, porque se considera que, habiendo muerto en estado de santidad, ese día han nacido a la vida verdadera. Juan Bautista, en cambio, nació en estado de santidad del vientre de su madre, según lo anunciado por el ángel Gabriel: «Estará lleno de Espíritu Santo ya desde el seno de su madre» (Lc 1,15). Siendo Juan Bautista el precursor del Señor y el testigo de la Luz, la Iglesia celebra hoy su fiesta, no obstante ser el Día del Señor.

El nacimiento de Juan el Bautista fue parte del plan de Dios. Como ocurre con otros personajes elegidos por Dios, él nació de una madre estéril y de edad avanzada. El ángel Gabriel indicó a la Virgen María su concepción en el seno de Isabel, como una prueba de la omnipotencia divina: «Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios» (Lc 1,36-37). Juan nació seis meses antes que Jesús. Por eso la fecha de su nacimiento se celebra hoy, seis meses antes de la Navidad.

«A Isabel se le cumplió el tiempo del parto y dio a luz un hijo». Este hecho fue considerado por todos como obra de la misericordia de Dios: «Oyeron sus vecinos y parientes que el Señor había exaltado su misericordia para con ella, y se regocijaban con ella». El Evangelio se concentra en el tema del nombre que había de darse a este niño, cuyo nacimiento fue obra de la misericordia de Dios. El lector sabe que este niño tiene un nombre dado por Dios. Se lo dijo el ángel Gabriel a su padre Zacarías cuando le anunció su nacimiento: «Isabel, tu mujer, te dará a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Juan» (Lc 1,13).

Hay que considerar que Zacarías, el padre del niño, a quien correspondía darle el nombre había quedado mudo, por no haber creído que se cumpliría lo anunciado por el ángel. Al octavo día, cuando se llevaba a circuncidar al niño, para que fuera miembro del pueblo de Israel, los presentes querían darle el nombre de su padre, Zacarías. Era muy comprensible por ser hijo único y tan excepcionalmente concebido, pues el hijo prolongaba el nombre del padre. Pero su madre reaccionó decididamente: «No, sino que será llamado Juan». Los presentes no se convencieron y, por señas (se ve que Zacarías también quedó sordo), preguntaron al padre cuál debía ser su nombre. Él escribió en una pizarra: «Juan es su nombre».

¿Qué significa el nombre de Juan? En hebreo suena «Yohanán» y significa: «El Señor (Yahweh) ha tenido misericordia». Es la expresión de su vocación, como la describe su padre una vez que se le soltó la lengua y alababa a Dios: «Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor para preparar sus caminos y dar a su pueblo conocimiento de salvación... por las entrañas de misericordia de nuestro Dios, que harán que nos visite un Sol que nace de lo alto» (Lc 1,76-78). La misión de ese niño fue dar testimonio de que esa Luz, obra de la misericordia divina, ya estaba en el mundo: «Hubo un hombre enviado por Dios; su nombre era Juan. Éste vino para un testimonio, para dar testimonio de la Luz» (Jn 1,6-7). La Luz, que es los más evidente que existe, quiso depender del testimonio de un hombre: «Para que todos creyeran por medio de él» (Ibid.). ¡Misión admirable para un hombre!

† Felipe Bacarreza Rodríguez
Obispo de Santa María de Los Ángeles