Nuestra Liturgia
Comentario

Domingo 20 de Mayo del 2012

Mc 16,15-20
Dentro de poco tiempo me verán

En el Evangelio de Juan, en los discursos así llamados «de despedida», Jesús dice a sus discípulos unas palabras enigmáticas que ellos no entendieron: «Dentro de un poco y ya no me verán y de nuevo un poco y me verán» (Jn 16,16). La razón que Jesús da es esta: «Ahora parto hacia Aquel que me ha enviado» (Jn 16,5). Con razón los discípulos reaccionan con cierta impaciencia diciendo: «¿Qué es este poco? No sabemos lo que dice» (Jn 16,18).

En realidad, Jesús habla de dos espacios de tiempo, que para él son breves: un poco. Una cosa es clara: la Ascensión de Jesús, que celebramos hoy, marca su partida hacia el Padre y el límite de uno de esos espacios de tiempo, pues en ese momento, según relata Lucas: «Mientras ellos miraban, (Jesús) fue levantado y una nube lo ocultó a sus ojos» (Hech 1,9). Ya no lo vieron más, porque fue hacia el Padre, como aclara el Evangelio de hoy: «El Señor Jesús... fue elevado al cielo y se sentó a la derecha de Dios». El primero de esos espacios de tiempo se extiende, entonces, desde el momento en que Jesús dice esas palabras a sus discípulos hasta el momento en que fue elevado al cielo y ya no lo vieron más. Estamos hablando de 42 días, desde el Jueves Santo hasta el jueves de la Ascensión. (El día propio de la Ascensión es el jueves 40 días después de la Resurrección. En nuestro país se traslada al domingo siguiente).

Pero Jesús había agregado: «De nuevo un poco y me verán». Según nuestra interpretación, en este momento, año 2012, estamos dentro de ese espacio de tiempo en que no vemos a Jesús corporalmente, pero esperamos volver a verlo. Así lo aseguraron a los discípulos los dos varones vestidos de blanco que se les aparecieron cuando Jesús fue levantado al cielo: «Este Jesús que ha sido elevado de entre ustedes hacia el cielo, volverá, de la misma manera que lo han visto irse hacia el cielo» (Hech 1,11). Está claramente hablando de la venida final de Jesús, acerca de la cual el Apocalipsis asegura: «Miren, viene acompañado de nubes: todo ojo lo verá, incluso aquellos que lo traspasaron» (Apoc 1,7).

Tenemos un problema: ¿Cómo puede Jesús llamar «un poco» a un tiempo que dura ya más de 20 siglos? En realidad, no hay nada más relativo que el paso del tiempo. Lo que para uno es un instante, para otro es una eternidad. Comparado con la eternidad de Dios, 20 siglos son lo mismo que nada. Pero aun dentro del tiempo creado, precisamente refiriendose a este tiempo, San Pedro dice: «Ante el Señor un día es como mil años y, mil años, como un día. No se retrasa el Señor en el cumplimiento de la promesa, como algunos lo suponen, sino que usa de paciencia con ustedes, no queriendo que algunos perezcan, sino que todos lleguen a la conversión» (2Ped 3,8-9). Además, en los primeros tiempos, se pensaba que la venida del Señor sería realmente pronto, hasta el punto que San Pablo tenía la convicción de que ocurriría en el espacio de su vida, como escribe en su primera carta: «Nosotros, los que vivamos, los que quedemos hasta la Venida del Señor no nos adelantaremos a los que murieron...» (1Tes 4,15). Después que murió el último de los apóstoles, se comprendió que la Venida del Señor no sería tan pronto, según nuestra idea del tiempo.

Tenemos otro problema: En este poco de tiempo en que no vemos a Jesús corporalmente, ¿tenemos que estar lamentandonos por su ausencia? Absolutamente, no. El relato de Lucas dice que los apóstoles volvieron a Jerusalén después de la Ascensión «con gran gozo» (Lc 24,52). Jesús está en este tiempo más presente que nunca. Antes de partir aseguró a sus discípulos: «Yo estará con ustedes todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28,20). En el Evangelio de hoy leemos que los discípulos partieron a la misión de anunciar el Evangelio a toda la creación, «colaborando con ellos el Señor y confirmando su palabra». Y para este camino nos dejó como viático su propio Cuerpo y Sangre: «El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él» (Jn 6,56). Ninguna unión puede ser más estrecha que la que tenemos ahora con Jesús en la Eucaristía, en este poco de tiempo, hasta que lo volvamos a ver.

† Felipe Bacarreza Rodríguez
Obispo de Santa María de Los Ángeles