Nuestra Liturgia
Comentario

Domingo 22 de Enero del 2012

Mc 1,14-20
Los llamó y, dejandolo todo, lo siguieron

El Evangelio de este domingo nos relata el momento en que Jesús comenzó su ministerio público. Juan el Bautista había declarado ante la multitud que acudía a su Bautismo: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo, ante el cual no soy digno, inclinandome, de desatar la correa de sus sandalias» (Mc 1,7). Jesús tomó el relevo de Juan, que había sido su precursor: «Después que Juan fue entregado, marchó Jesús a Galilea; y proclamaba el Evangelio de Dios». La diferencia entre Jesús y Juan es que éste anuncia a otro más fuerte que él, que va a venir, en tanto que Jesús anuncia su propia Persona: «Yo soy el camino y la verdad y la vida. Nadie va al Padre sino por mí» (Jn 14,6).

El anuncio de la Persona de Jesús, de su vida, de sus milagros y su doctrina, esto es el Evangelio de Dios, que Jesús proclamaba: «El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca; conviertanse y crean en el Evangelio». El Evangelio no sólo es una noticia que informa la inteligencia; el Evangelio es una fuerza de Dios que opera la salvación de quien cree. Esto lo experimentó fuertemente San Pablo: «No me avergüenzo del Evangelio, que es una fuerza de Dios para la salvación de todo el que cree» (Rom 1,16).

El Evangelio de hoy nos informa que los primeros discípulos de Jesús habían sido discípulos de Juan: «Bordeando el mar de Galilea, vio a Simón y Andrés, el hermano de Simón... Caminando un poco más adelante, vio a Santiago, el de Zebedeo, y a su hermano Juan». En ellos va a ocurrir lo mismo que ocurre en todo cristiano: Jesús los llamó y ellos lo siguieron. Todo cristiano es llamado por Cristo. Esto está expresado en el nombre que adoptó la comunidad de sus discípulos: Iglesia. El término griego «ek-klesía», está formado por el sustantivo «klesis», que significa «llamada, vocación» y el prefijo «ek», que significa «desde». La ekklesía es la comunidad de los llamados por Cristo desde su situación de perdición, para integrar la comunidad de los salvados por él. Para pasar de una situación a otra es necesaria la conversión: «Conviertanse».

La respuesta de los cuatro primeros discípulos a esa llamada se expresa con un antiguo concepto bíblico, que describe también la respuesta de todo cristiano: «Al instante, lo siguieron». En el Antiguo Testamento el concepto de seguimiento se usaba para expresar la adhesión religiosa. David se dice que siguió al Señor sin apartarse ni a derecha ni a izquierda. Dios mismo lo pone como ejemplo de fidelidad ante los reyes que lo sucedieron: «Tú no has sido como mi siervo David, que guardó mis mandamientos y me siguió con todo su corazón haciendo sólo lo que es recto a mis ojos» (1Rey 14,8). Esta total adhesión, este seguimiento, se debe hoy a Cristo. En el Evangelio Jesús pronuncia el verbo «seguir» catorce veces, siempre en modo imperativo: «Sigueme».

Hay, sin embargo, algo específico en la vocación de estos primeros discípulos que es propio de ellos: «dejando las redes... dejando a su padre y los jornaleros, lo siguieron». Algunos son elegidos por Cristo y gozan de un llamado de predilección de parte de él, pues son llamados a dejarlo todo y consagrar sus vidas a él. Estos son los que han sido llamados al sacerdocio o a la vida consagrada. Jesús sigue formulando esta llamada a los jóvenes de los grupos juveniles de las parroquias y colegios católicos. Debemos reconocer que son pocos los que responden con la entrega de esos primeros discípulos.

† Felipe Bacarreza Rodríguez
Obispo de Santa María de Los Ángeles