Nuestra Liturgia
Comentario

Domingo 01 de Enero del 2012

Lc 2,16-21
Se le dio el nombre de Jesús

El nombre que recibió el Hijo de Dios hecho hombre no fue decidido por nadie en la tierra; ese nombre le fue dado por Dios mismo y le fue comunicado a sus padres por medio de un ángel, un enviado de Dios. En esto coinciden Mateo y Lucas, que son los dos evangelistas que incluyen en sus Evangelios relatos sobre el origen de Jesús.

En el Evangelio según San Mateo, se nos relata el origen de Jesús desde el punto de vista de José. Después que el Hijo de Dios fue concebido por obra del Espíritu Santo en el seno de la Virgen María, José temía tomar consigo a su esposa, con el temor que siente el ser humano ante la divinidad, porque entendía la grandeza de lo obrado en ella y la identidad del Niño concebido. Entonces el ángel del Señor se le apareció en sueños para tranquilizarlo y confirmarlo en su misión de ser el padre de ese Niño: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu esposa, porque lo engendrado en ella sea del Espíritu Santo. Ella, en efecto, dará a luz un hijo y tú le darás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1,20-21). El Evangelio dice literalmente: «Le llamarás su nombre Jesús», indicando que se trata de un nombre que corresponde a una vocación: «Salvar a su pueblo de sus pecados». El nombre dado por Dios a ese Niño –Jesús, en hebreo, «Yehoshúa»–, significa «Yahweh salva». Al darle ese nombre y explicar: «Él salvará del pecado», está indicando la identidad divina de ese Niño, pues sólo Dios puede salvar del pecado.

En el Evangelio según San Lucas se nos relata el origen de Jesús desde el punto de vista de María. A ella fue enviado por Dios el ángel Gabriel a darle este mensaje: «Concebirás en el seno y darás a luz un hijo a quien darás el nombre de Jesús» (Lc 1,31). También aquí se usa la misma expresión que insiste en una vocación: «Le llamarás su nombre Jesús». Cuando es Dios quien llama con un nombre, ese nombre indica la identidad de la persona. En este Evangelio de Lucas esa vocación –Yahweh salva– se explica de esta manera: «El será grande y será llamado Hijo del Altísimo».

En el Evangelio de este domingo, primer día del año, en que la Iglesia celebra el misterio de la maternidad divina de María, se nos relata el momento de la circuncisión del Niño, ocho días después de su nacimiento, y de la imposición del nombre: «Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le dio el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno». Nueva insistencia en que se trata de una vocación, de un llamado: «Le fue llamado su nombre Jesús, el que fue llamado por el ángel antes de que fuera concebido en el seno».

Este es el Niño que la Virgen María dio a luz. «Dar a luz» traduce el verbo griego «tekein». Y éste se vierte al latín «parere», del cual procede el verbo castellano «parir». De estos verbos toma el nombre María: en griego, «Theotokos», y en latín, «Deipara». Ambos nombres significan: la que da a luz a Dios, la que es Madre de Dios. Que la Virgen María es Madre de Dios es un dogma proclamado solemnemente en el Concilio de Éfeso (año 431). El Catecismo expresa esa doctrina claramente: «Aquél que ella concibió como hombre, por obra del Espíritu Santo, y que se ha hecho verdaderamente su Hijo según la carne, no es otro que el Hijo eterno del Padre, la segunda Persona de la Santísima Trinidad. La Iglesia confiesa que María es verdaderamente Madre de Dios (“Theotokos”)» (N. 495).

María es también madre nuestra, es madre del discípulo de Cristo, pero de manera espiritual, por asignación de Jesús –«He ahí a tu hijo... he ahí a tu madre» (Jn 19,26.27)–, no porque nos haya llevado en su seno y hayamos nacido de ella, como el Hijo de Dios encarnado. Por eso no se deben poner ambos títulos al mismo nivel diciendo de ella: «Madre de Dios y madre nuestra». Cuando se hace esto, lo que resulta es una reducción de la maternidad de María respecto de Dios al mismo nivel de su maternidad respecto de nosotros, lo cual es falso. Por eso esa expresión se debe evitar. Ella es Madre de Dios, porque dio a luz a Dios a quien, hecho hombre, llevó en su seno.

† Felipe Bacarreza Rodríguez
Obispo de Santa María de Los Ángeles