Nuestra Liturgia
Comentario

Domingo 27 de Noviembre del 2011

Mc 13,33-37
No saben cuándo viene el Señor

Con la celebración del Domingo I de Adviento comienza hoy, en toda la Iglesia Universal, un Año Nuevo litúrgico. Se trata de un año que tiene sus estaciones según las diversas fases del misterio cristiano: Adviento, Navidad, Cuaresma, Semana Santa, Pascua, tiempo ordinario. El fiel cristiano que participa todos los domingos en la celebración eucarística ha sido llamado por Dios a vivir todo momento en unión con Cristo, como lo asegura San Pablo a los cristianos de Corinto: «Fiel es Dios por quien ustedes han sido llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor» (1Cor 1,9).

El Evangelio de este domingo nos transmite un insistente mandato de Jesús: «Miren, vigilen, porque no saben cuándo es el tiempo... Velen, porque no saben cuándo viene el dueño (el Señor) de casa... Lo que digo a ustedes, lo digo a todos: Velen». ¿Hay un mandato de Jesús más claramente desatendido que éste? Jesús envió a sus apóstoles a hacer discípulos suyos de todos los pueblos y les indicó dos medios indispensables: «Bautizandolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo y enseñandoles a guardar todo lo que yo les he mandado» (Mt 28,19-20). La vigilancia y la expectativa ante la venida de Jesús es un mandato suyo claro. Debe caracterizar, por tanto, la vida del discípulo de Cristo. El tiempo del Adviento nos invita a reavivar la vigilancia, por si, a causa de las infinitas ocupaciones de este mundo, hubiera decaído.

«No saben cuándo es el tiempo... no saben cuándo el Señor de la casa viene». El concepto de tiempo usado por Jesús no equivale a nuestra idea de tiempo, que consiste en la medida del movimiento (de los punteros del reloj o de la tierra) y se divide en minutos, horas, días, meses, años, etc. El concepto de tiempo usado por Jesús (en griego: «kairós») es un punto dentro de la línea de la historia en que se ubica un evento salvífico, un punto de la historia en el cual ha intervenido Dios. En este sentido, los «kairós» principales son tres: la creación del universo al comienzo, la encarnación del Hijo de Dios en el centro de la historia y su venida al final de la historia. Los dos primeros, aunque son hechos del pasado, siguen ejerciendo su acción sobre la historia en todo momento. En efecto, Dios no abandonó a su creación, sino que la mantiene en la existencia y la provee en todo momento; por su parte, la encarnación, vida, muerte y resurrección de Cristo siguen influyendo sobre la historia humana como causa de salvación y santificación para todos los seres humanos. También el «kairós» final –la venida del Señor– debe ejercer su influjo sobre el presente, manteniendonos en vigilante espera. Este es el sentido del Adviento.

Dos veces repite Jesús: «No saben cuándo». El ser humano ha hecho avances asombrosos en la ciencia y la tecnología. Ha logrado, por ejemplo, determinar la fecha de restos humanos de más de 2 millones de años y decir a qué parte del cuerpo humano pertenecen. Se acerca el momento –dicen los especialistas– en que los instrumentos permitirán escuchar la voz pronunciada por los habitantes de la tierra siglos atrás, captando las ondas emitidas que todavía siguen vibrando. Pero lo que ningún científico se ha aventurado a decir es cuándo será el fin. Sigue siendo verdad lo repetido por Jesús: «No saben cuándo». Y seguirá siendo verdad hasta el fin del mundo. Por eso nunca debe decaer la vigilancia.

Se trata de encontrarnos en todo momento como querríamos que nos encuentre el Señor cuando venga. Este objetivo es imposible para nuestras propias fuerzas humanas. Pero no desesperamos porque contamos con la gracia de Dios, como asegura San Pablo a los corintios: «El Señor los mantendrá firmes hasta el fin, irreprochables en el día de nuestro Señor Jesucristo» (1Cor 1,8).

† Felipe Bacarreza Rodríguez
Obispo de Santa María de Los Ángeles