Nuestra Liturgia
Comentario

Domingo 07 de del 2011

Mt 14,22-33
Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?

El Evangelio de este domingo es una excelente catequesis sobre la fe. El catequista es el mismo Jesús. Nos referimos a la fe sobrenatural, es decir, aquella que es un don de Dios y que, por tanto, hay que pedirla incesantemente con la oración de los apóstoles: «Señor, aumentanos la fe» (Lc 17,5). La catequesis se basa en un hecho de vida y por eso es clara y eficaz.

Después de la multiplicación de los panes, Jesús mandó a sus discípulos subir a la barca y precederlo hacia la otra orilla, mientras él despedía a la gente. La gente volvió a su casa a pie, como había venido. Y entonces Jesús subió al monte a orar y allí estuvo a solas hasta el atardecer y casi toda la noche. Entretanto los discípulos no habían llegado a destino, porque tenían el viento contrario y la barca era zarandeada por las olas. El Evangelio continúa: «A la cuarta vigilia de la noche (entre las 3 y las 6 horas) vino Jesús hacia ellos, caminando sobre el mar».

Jesús camina sobre el agua. Este es el primer hecho. Demuestra que él tiene pleno dominio sobre las fuerzas naturales, como son el peso de su cuerpo y la violencia de las olas y del viento. Los discípulos no han experimentado nunca nada semejante. Por eso, al verlo, su reacción natural es esta: «Se turbaron y decían: “Es un fantasma”, y de miedo se pusieron a  gritar». El segundo hecho son las palabras con que Jesús los tranquiliza: «¡Confíen! Yo soy. No teman». Al decir alguien «Yo soy» sin más, solamente ha afirmado su existencia, pero aún no ha dicho su identidad, no ha dicho aún quién es el que es. Un fantasma también puede decir «Yo soy». El único que diciendo: «Yo soy», ha completado su presentación es Dios. Ese es el nombre con que se presentó Dios a Moisés, cuando se reveló a él por primera vez en la zarza ardiente: «Dirás a los israelitas: “YO SOY me ha enviado a ustedes”» (Ex 3,14).

Dos hechos, entonces: Jesús tiene el mismo poder sobre la naturaleza que tiene su Creador, es decir, Dios y, además, Jesús dice su identidad asumiendo el nombre de Dios: «Yo soy». Ya no se trata de saber si el que camina sobre el agua es Jesús o no es Jesús; lo que interesa ahora es saber quién es Jesús. La afirmación de la divinidad de Jesús requiere fe. Pedro entiende lo que está en juego y entonces, pide un signo: «Señor, si tú eres, mándame ir a ti sobre las aguas». Jesús va a pronunciar una palabra que, siendo palabra de Dios, es eficaz; pero respeta la libertad del ser humano y, por tanto, exige la colaboración de la fe: «Ven».

El tercer hecho es descrito así: «Bajó Pedro de la barca y comenzó a caminar sobre las aguas, yendo hacia Jesús. Pero, viendo la violencia del viento, temió y, comenzando a hundirse, gritó: Señor, salvame». ¿Por qué comenzó a hundirse Pedro? Obviamente, porque temió. Y ¿por qué temió? Dejemos que responda Jesús: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?». Temió ante la fuerza de los elementos, porque dudó. Debemos preguntar todavía: ¿De qué dudó Pedro? Ciertamente no dudó de que quien le hablaba era Jesús, pues esto era evidente. De lo que dudó es que Jesús tuviera poder de sostenerlo en medio del mar agitado y del viento. Pedro dudó de una verdad sobrenatural, a saber, que Jesús es Dios. Por eso, Jesús define esa duda como falta de fe y lo llama: «Hombre de poca fe». Si Pedro hubiera sido un hombre de mucha fe, habría tenido a su disposición los poderes de Dios que en ese momento se manifestaban en Jesús y habría caminado sobre el agua, como él.

Por medio de esta catequesis sobre la fe, basada en un hecho real, Jesús confirma lo mismo que él enseña de palabra: «En verdad les digo: si tienen fe como un grano de mostaza, dirán a este monte: "Desplázate de aquí allá", y se desplazará, y nada les será imposible» (Mt 17,20). Pedro tenía poca fe, menos fe que un grano de mostaza. La misma enseñanza nos comunica Jesús mediante otros hechos reales de su vida, como cuando dice a la mujer cananea: «Mujer grande es tu fe; que te suceda como deseas» (Mt 15,28). O al centurión que le pedía la curación de su hijo: «Anda, que te suceda como has creído» (Mt 8,13). Dios no vacila en concedernos todo lo que le pedimos cuando lo hacemos con firme fe.

† Felipe Bacarreza Rodríguez
Obispo de Santa María de Los Ángeles