Nuestra Liturgia
Comentario

Domingo 11 de Mayo del 2014

Jn 10,1-10
Yo soy la puerta

La Iglesia celebra hoy el Domingo IV de Pascua, «Domingo del Buen Pastor» y Jornada Mundial de Oración por las vocaciones sacerdotales. El Evangelio de este domingo es la introducción a la importante declaración de Jesús: «Yo soy el buen Pastor» (Jn 10,11.14). Con esta afirmación Jesús describe su propia misión en el mundo: «El buen Pastor da la vida por sus ovejas» (Ibid.). La Iglesia llama «pastores» del pueblo de Dios al Santo Padre, a los Obispos y a los presbíteros, porque ellos son enviados por el buen Pastor a prolongar su misión salvífica: «Como el Padre me ha enviado a mí así los envío yo a ustedes» (Jn 20,21).

El IV Evangelio está constelado de importantes declaraciones de Jesús que definen su propia Persona. Exponemos las más conocidas: «Yo soy el pan de vida» (Jn 6,35); «Yo soy la luz del mundo» (Jn 8,12); «Yo soy el buen Pastor» (Jn 10,11.14); «Yo soy la resurrección y la vida» (Jn 11,25); «Yo soy el camino y la verdad y la vida» (Jn 14,6); «Yo soy la vid verdadera» (Jn 15,1). En el Evangelio de este domingo encontramos una de esas declaraciones, precedida por una fórmula propia de Jesús con la cual suele hacer una revelación: «En verdad, en verdad les digo: Yo soy la puerta de las ovejas». Esta es la menos conocida de esas afirmaciones de Jesús.

La dificultad de esta autodefinición –el evangelista la llama «proverbio»– consiste en que la metáfora de la puerta está usada en una doble perspectiva. En una primera perspectiva, Jesús se refiere a la puerta por la cual entra el verdadero pastor al redil de las ovejas. Es la puerta hacia las ovejas: «El que no entra por la puerta en el redil de las ovejas... ése es un ladrón y un salteador; pero el que entra por la puerta es pastor de las ovejas». Ante la incomprensión de sus discípulos Jesús explica: «En verdad, en verdad les digo: Yo soy la puerta de las ovejas». Por esa puerta entró Pedro, a quien Jesús le dijo tres veces: «Pastorea mis ovejas» (Jn 21,15.16.17). Jesús indica un criterio para distinguir a quien ha entrado por esa puerta y es, por tanto, pastor de las ovejas de quien es ladrón y salteador: «Las ovejas escuchan su voz... las ovejas lo siguen, porque conocen su voz... no conocen la voz de los extraños». Entrar por Jesús es tener la misma voz que Jesús, es ser la voz de Jesús. Es la voz que las ovejas conocen. Cumplen esta condición los apóstoles de Jesús: «Quien a ustedes escucha, a mí me escucha» (Lc 10,16). Entra por esa puerta quien no busca su propio interés, quien no se anuncia a sí mismo, sino que anuncia a Jesús. Entró por esa puerta San Pablo: «No nos predicamos a nosotros mismos, sino a Cristo Jesús como Señor» (2Cor 4,5). Entran por esa puerta hacia las ovejas los que reciben el Sacramento del Orden y quedan así configurados con Cristo Pastor.

En una segunda perspectiva, Jesús se refiere a sí mismo como puerta para las mismas ovejas: «Yo soy la puerta; si uno entra por mí, será salvado; entrará y saldrá y encontrará pasto». Toda puerta da acceso a algo: Jesús es la puerta que da acceso a la salvación: «Será salvado». La salvación del ser humano consiste en gozar de Dios eternamente. La única puerta que da acceso a esa situación de eterna y plena felicidad es Jesús: «Nadie va al Padre sino por mí» (Jn 14,6). Lo reafirma San Pablo: «Por él, unos y otros (judíos y gentiles) tenemos libre acceso al Padre en un mismo Espíritu» (Ef 2,18). Es muy preocupante la advertencia de Jesús: «Ancha es la puerta... que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; ¡qué estrecha es la puerta... que lleva a la Vida!; y poco son los que la encuentran» (Mt 7,13.14). La puerta que da acceso a la Vida es Jesús. Ya sin recurrir a metáfora alguna, Jesús afirma: «Yo he venido para que tengan Vida y la tengan en abundancia». Esta es la finalidad de su encarnación.

Por último, Jesús es la puerta, no sólo para que entren las ovejas, sino también, para que por él salgan: «Si uno entra por mí, entrará y saldrá». Toda salida hacia el mundo, en cumplimiento del mandato de Jesús: «Hagan discípulos de todos los pueblos» (Mt 28,19), debe atravesar por esa puerta, debe hacerse con el único fin de anunciar a Jesús para que muchos otros hombres y mujeres accedan a la salvación por esa puerta, que es Jesús. Entrar por esa puerta significa acogerlo a él como Dios y Señor y vivir conforme a su palabra.

Jesús expone esta metáfora después de la curación del ciego de nacimiento. Ese hombre, una vez recuperada la vista, fue expulsado de la sinagoga, es decir, de la comunidad de Israel, por confesar a Jesús: «Jesús se enteró de que lo habían echado fuera y, encontrándose con él, le dijo: «¿Tú crees en el Hijo del hombre?». Él respondió: «"Creo, Señor". Y se postró ante él» (Jn 9,35.38). Con ese acto de fe en Jesús había entrado por la puerta que da acceso a la salvación.

† Felipe Bacarreza Rodríguez
Obispo de Santa María de Los Ángeles