Nuestra Liturgia
Comentario

Domingo 03 de Noviembre del 2013

Lc 19,1-10
Él salvará a su pueblo de sus pecados

La última etapa del camino de Jesús hacia Jerusalén fue Jericó. El Evangelio de Lucas nos narra dos hechos que ocurrieron en ese lugar: la curación del ciego de Jericó y la conversión del publicano Zaqueo. En ambos casos el encuentro con Jesús fue una experiencia de salvación que transformó la vida de esos hombres. Al ciego Jesús le dice: «Recobra la vista, tu fe te ha salvado» y al instante recobró la vista (Lc 18,42-43); respecto a Zaqueo, Jesús declara: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa». El Evangelio de este Domingo XXXI del tiempo ordinario nos relata este segundo encuentro.

«Habiendo entrado en Jericó, Jesús atravesaba la ciudad. Había un hombre llamado Zaqueo, y él era jefe de publicanos, y él mismo, rico». Después de su encuentro con Jesús, este hombre ciertamente permaneció vinculado a la comunidad cristiana para que su nombre, Zaqueo, pudiera llegar a Lucas, que «investigó diligentemente todo» (cf. Lc 1,3); y a través de Lucas hasta nosotros. Hoy día, basta que evoquemos este nombre, para que comprendamos la fuerza transformadora que tiene todo encuentro auténtico con Jesús.

«Jefe de publicanos y rico». De estas dos condiciones interesa la primera: publicano, subrayada: «archi-publicano». En efecto, es esta la que merece a Zaqueo la fama de «pecador». El episodio quiere acentuar la conversión de un pecador y no tiene la dimensión sociológica que algunas traducciones quieren imponerle: «Allí vivía un hombre muy rico llamado Zaqueo, que era jefe de los publicanos». De manera abusiva, esta traducción ha desplazado el punto de interés.

Era normal que los publicanos fueran ricos, porque ellos tenían la concesión del Imperio para exigir el pago de los impuestos y de aquí retiraban para sí una elevada comisión. En el Evangelio la palabra griega que describe este cargo es «telonés» que proviene del sustantivo «telos» (impuesto). Cuando el Evangelio se tradujo al latín, se adoptó la palabra «publicanus», porque el nombre del Imperio en latín es «Res publica» (la cosa pública) y los recaudadores de impuesto, siendo judíos, trabajaban para Roma. Eran funcionarios de la «Res publica»: publicanos.

Zaqueo «trataba de ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la gente, porque era de pequeña estatura». El Evangelio no nos dice el origen de esa curiosidad; nos dice, en cambio, los esfuerzos que hizo Zaqueo para conseguir su objetivo: «Se adelantó corriendo y se subió a un sicómoro para verlo, pues iba a pasar por allí». Si Jesús hubiera pasado de largo, nada habría cambiado en la vida de Zaqueo y el hecho nunca lo habríamos conocido. Pero intervino la iniciativa de Jesús: «Cuando Jesús llegó a aquel sitio, alzando la vista, le dijo: “Zaqueo, baja pronto; porque conviene que hoy me quede yo en tu casa”». Es un don gratuito de Jesús, que Zaqueo ni siquiera imaginó. Todo lo que sigue es el resultado de esta gracia: «Zaqueo se apresuró a bajar y lo recibió con alegría».

Hay, sin embargo, un problema. Es que Zaqueo es un publicano y, en la consideración de la gente, es un pecador; y así lo hacen notar murmurando contra Jesús: «Ha ido a hospedarse a casa de un hombre pecador». Zaqueo acogió a Jesús en su casa. Y esto operó un cambio radical en él, operó en él la conversión. Pasó de pecador a justo, y su reacción es la de un justo: «Puesto en pie, dijo al Señor: “Señor, daré la mitad de mis bienes a los pobres; y si en algo he defraudado a alguien, le devolveré el cuádruplo”». Nada de este mundo habría conseguido este efecto: ¡Que un rico dé voluntariamente la mitad de sus bienes a los pobres! ¡Y que repare sus injusticias resarciendo cuatro veces lo defraudado! Esto no lo consiguen ni las leyes ni los mejores programas de gobierno. Esto lo puede obtener solamente el contacto con Jesús, porque él es el único que puede cambiar el corazón del hombre y, de pecador, hacerlo santo. «Él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1,21), le dijo en sueños el ángel a José, refiriendose al Niño que, por obra del Espíritu Santo, había sido concebido en el seno de la Virgen María. Es lo que ocurrió a Zaqueo: «Hoy ha llegado la salvación a esta casa».

El episodio de Zaqueo nos muestra lo que ocurre cuando Jesús es acogido en la vida de una persona, lo que puede ocurrir cuando Jesús es acogido en la vida pública de una Nación. Es ingenuidad pensar que nos va a salvar un programa de gobierno, aunque sea muy perfecto; sólo nos puede salvar el anuncio de Jesús, pues «no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos ser salvados» (Hech 4,12).

† Felipe Bacarreza Rodríguez
Obispo de Santa María de Los Ángeles