Nuestra Liturgia
Comentario

Domingo 01 de Diciembre del 2013

Mt 24,37-44
Noé caminaba con Dios

Con este I Domingo de Adviento comenzamos un nuevo Año litúrgico. El tiempo litúrgico del Adviento (Venida), que se extiende hasta la Navidad, recibe este nombre, porque la contemplación del misterio de Cristo se centra en su doble venida histórica: la que tendrá lugar al final de los tiempos, que confesamos en el Credo diciendo: «De nuevo vendrá con gloria a juzgar a vivos y muertos», y la que ya tuvo lugar hace dos mil años, cuando «fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo y nació de Santa María Virgen». El tiempo del Adviento comienza considerando la venida final de Cristo y, a medida que este tiempo avanza, se pasa a la consideración de su primera venida, que tiene su punto culminante en la Navidad. Hablamos de «doble venida histórica», porque entre una y otra Jesús sigue viniendo espiritualmente a nuestro corazón, según su promesa: «Si alguno me ama, guardará mi Palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él, y haremos morada en él» (Jn 14,23).

El Evangelio de este domingo, como decíamos, pone ante nuestros ojos la venida final de Cristo. Presenta ese hecho como algo indiscutible. En efecto, cuatro veces lo repite en este breve texto: «Así será la venida del Hijo del hombre (dos veces)... No saben qué día vendrá el Señor de ustedes... En el momento que no piensen vendrá el Hijo del hombre». Cuando Jesús habla de sí mismo suele usar la tercera persona y el título «Hijo del hombre», destacando su condición de encarnado y verdadero hombre. Pero aquí se identifica también como «el Señor de ustedes», destacando su condición divina. El que vendrá con gloria al fin de los tiempos es Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.

El Evangelio de este domingo da, entonces, como un hecho cierto la venida de Cristo. Lo que Jesús pone de relieve es la inconciencia en que viven los seres humanos respecto de ese evento y la forma cómo los sorprenderá. Lo expresa por medio de una comparación: «Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del hombre». Esta afirmación aislada resulta oscura. ¿En qué se parece a los días de Noé? Jesús la explica: «Como en los días que precedieron al diluvio, comían, bebían, tomaban mujer o marido, hasta el día en que entró Noé en el arca; y no se dieron cuenta hasta que vino el diluvio y los arrasó a todos. Así será también la venida del Hijo del hombre». «Comían, bebían, tomaban mujer o marido» son las actividades vitales habituales. Pero son la expresión de la despreocupación por la dimensión trascendente del ser humano. ¿En qué se distingue Noé? Lo dice la Escritura: «Noé fue el varón más justo e íntegro de su tiempo. Noé caminaba con Dios» (Gen 6,9). «Caminar con Dios» es una hermosa expresión bíblica que describe la conducta del hombre que ama a Dios, que sabe que ha sido creado por Dios y para Dios y vive unido a Él, que todo lo hace conforme a la voluntad de Dios. El hombre que camina con Dios puede pedirle sin hipocresía: «Hagase tu voluntad en la tierra como en el cielo», porque él mismo se esfuerza por cumplir la voluntad de Dios. Por este motivo Noé se salvó del diluvio.

Jesús usa dos veces el término «diluvio» (en griego: kataklysmós) y asegura que, cuando vino «los arrasó a todos». ¿Qué idea tiene él sobre el diluvio? Según la ciencia bíblica, el autor del Génesis combina dos relatos precedentes del mismo medio usado por Dios para «exterminar de sobre la faz del suelo al hombre que había creado» (cf. Gen 6,7). En el primer relato se trata de una lluvia torrencial. Dice el Señor a Noé: «Haré llover sobre la tierra durante cuarenta días y cuarenta noches, y exterminaré de sobre la faz del suelo todos los seres que hice» (Gen 7,4). En el segundo relato se habla propiamente de diluvio; se trata de una gran inundación provocada por la vuelta al caos original: «Noé contaba seiscientos años cuando acaeció el diluvio (mabbul), las aguas sobre la tierra... El año seiscientos de la vida de Noé, el mes segundo, el día diecisiete del mes, en ese día saltaron todas las fuentes del gran abismo, y las compuertas del cielo se abrieron» (Gen 7,6.11). Jesús parece tener en mente esta imagen del diluvio al afirmar: «Los arrasó a todos». Se describe un hecho repentino, inesperado, del cual nadie puede escapar: «Así será la venida del Hijo del hombre».

Noé se salvó ­él y su casa­, porque habiendo sido advertido por el Señor, obedeció. El Evangelio de hoy nos presenta la advertencia reiterada que nos hace Jesús a nosotros: «Velen, porque no saben qué día vendrá el Señor de ustedes... estén preparados, porque en el momento que no piensen, vendrá el Hijo del hombre». Desgraciadamente, como en los días de Noé, esta advertencia no será obedecida por todos: «Estarán dos en el campo: uno es tomado, el otro dejado; estarán dos mujeres moliendo en el molino: una es tomada, la otra dejada». El tiempo del Adviento se nos concede para que nosotros, tomando el peso a esa advertencia de Jesús, nos convirtamos e imitemos a Noé: «Noé caminaba con Dios».

† Felipe Bacarreza Rodríguez
Obispo de Santa María de Los Ángeles