Nuestra Liturgia
Comentario

Domingo 21 de Abril del 2013

Jn 10,27-30
Mis ovejas escuchan mi voz

El Evangelio de este Domingo IV de Pascua concluye con una afirmación impactante de Jesús: «Yo y el Padre somos uno». Todos sabemos a quién se refiere Jesús cuando dice «el Padre». Pero conviene que lo oigamos de sus propios la-bios. Hablando con los judíos, Jesús declara: «Mi Padre es aquel de quien ustedes dicen: “Él es nuestro Dios”» (cf. Jn 8,54). Cuando Jesús habla de «mi Padre» o «el Padre» se re-fiere al Dios de Israel, al mismo de quien dice la primera línea de la Escritura: «En el principio creó Dios el cielo y la tierra» (Gen 1,1).

Llamando a Dios «mi Padre», Jesús se declara Hijo de Dios. Pero con la afirmación: «Yo y el Padre somos uno», declara que él y el Dios de Israel son el mismo y único Dios: «Yo y Él somos uno». Algunos sienten cierto pudor an-te esta afirmación y la corrigen alterando el orden de las Personas: «El Padre y yo somos uno». Pero de esta manera, aparte de alterar el texto sagrado, desconocen el contexto en que Jesús hizo esa afirmación. Jesús está hablando de su propia identidad, de su propia Persona, a la cual alude con el pronombre personal Yo. Lo que quiere decir es que su Persona es la misma sustancia divina que su Padre, que el Dios de Israel. Por eso en esa afirmación al verbo «ser» no se debe agregar ningún atributo fuera de la unicidad: «so-mos uno», como no agrega Dios ningún atributo a dicho verbo cuando reveló su nombre a Moisés: «Dijo Dios a Moisés: “Yo soy el que soy”. Y añadió: “Así dirás a los israelitas: "Yo soy" me ha enviado a ustedes» (Ex 3,14). Desde entonces el nombre de Dios fue YHWH (el Señor), una forma arcaica del verbo «ser». Pero hay un atributo que ciertamente pertenece a Dios: la unicidad. Y así está afirmado en el primer y ab-soluto mandamiento dado a Israel: «Escucha, Israel, YHWH (el Señor), nuestro Dios, YHWH (Señor) uno» (Deut 6,4, li-teral).

¿Qué es lo que ocasionó esa afirmación de Jesús? Era clásica en Israel la metáfora del pastor y su rebaño para representar la relación entre Dios y su pueblo. Se pueden citar varios Salmos y otros textos que así lo demuestran. Citaremos sólo el Salmo 100: «Sepan que YHWH (el Señor) es Dios, que él nos hizo y que nosotros somos suyos, su pueblo y ovejas de su pastizal» (Sal 100,3). Pero ahora Jesús afirma: «Yo soy el buen Pastor» y agrega que es necesario ser ovejas de su rebaño para tener vida eterna: «Yo les doy (a mis ovejas) vida eterna». Los discípulos de Jesús se en-contraban ante la disyuntiva: ¿A quién debemos seguir como Pastor para tener vida, a YHWH (el Señor), el Dios de Is-rael, o a Jesús? Jesús deshace la aparente disyuntiva afir-mando: «Yo y el Padre somos uno», somos el mismo único Dios.

El sentido de la afirmación de Jesús es claro y en su contexto no pudo escapar a ninguno de los oyentes. Por eso los judíos reaccionan tomando piedras para apedrear a Jesús diciendo: «Te apedreamos por una blasfemia, porque tú, siendo hombre, te haces a ti mismo Dios» (Jn 10,33). Com-prendieron bien el sentido de su afirmación, pero no creen. Ellos confiesan solamente que Jesús es verdadero hombre –«siendo hombre»–; pero no creen que él sea verdadero Dios. Nosotros también comprendemos su afirmación, ¡y creemos! Por eso confesamos que Jesús es verdadero Dios y verdadero hombre y lo acogemos como nuestro Pastor. Al decir: «El Se-ñor es mi Pastor, nada me falta» (Sal 23,1), nos referimos a él.

Jesús expresa una condición para poder ser oveja de su rebaño: «Mis ovejas escuchan mi voz». Para ser del número de sus ovejas debemos escuchar su afirmación: «Yo y el Pa-dre somos uno» y creer en ella. Entonces podremos gozar del beneficio: «Yo les doy vida eterna». La voz de Jesús se es-cucha hoy en la predicación de los pastores de la Iglesia, según la garantía que él nos dejó: «El que los escucha a ustedes a mí me escucha» (Lc 10,16). Ellos nos han predica-do la fe que profesamos: «Creo en un solo Señor Jesucristo, Hijo único de Dios... Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verda-dero de Dios verdadero...». La Iglesia celebra hoy la Jor-nada Mundial de oración por las vocaciones y pide a Dios que no le falten los pastores en número suficiente para que la voz de Jesús llegue a todos, de manera que todos puedan ser ovejas de su rebaño y gozar de la vida eterna.

† Felipe Bacarreza Rodríguez
Obispo de Santa María de Los Ángeles