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Para los católicos:
Las lecciones que deja el Censo 2002

Cómo ser una Iglesia más acogedora y más misionera son algunos de los desafíos que surgen al analizar los resultados del último censo, cuyos cifras señalaron una disminución de un 7% en el porcentaje de católicos en el país.

Las Líneas Pastorales 2003-2005 responden plenamente a esos desafíos que ya se habían planteados en el IX Sínodo de Santiago, dijo el Vicario General de Pastoral, Pbro. Rafael Hernández.

Los resultados del último censo dieron cuenta de importantes avances sociales que los chilenos hemos tenido en los últimos diez años. Si bien los datos muestran un país con más desarrollo tecnológico y más educación, también dan cuenta de un Chile con familias más pequeñas, de un significativo número de personas que prefiere la convivencia al matrimonio y que somos un país que envejece debido a la baja en la natalidad. Otro dato interesante dice relación con la religiosidad. Según el censo, de los 15.116.435 chilenos, 7.853.428 se declara católico (69.96%), 1.699.725 se reconoce evangélico (15.14%) y un 8.3% es agnóstico. En comparación al censo de 1992 el porcentaje de católicos disminuyó de un 76,6% a un 69,6%. Es decir, un 7% menos.

Para nuestros pastores, es muy grato saber que el 85% de los chilenos son cristianos y que el 70% es católico. Sin embargo, están conscientes que la disminución del porcentaje de católicos significa grandes desafíos. Al respecto, el Cardenal Francisco Javier Errázuriz señaló que “hay que tomar conciencia de muchas cosas, pero principalmente fortalecer la actividad misionera de anuncio del Evangelio por parte de aquellos más comprometidos”.

En sintonía con los desafíos

Para el Vicario General de Pastoral de Santiago, Pbro. Rafael Hernández, el primer desafío es “estudiar y analizar cada uno de los datos que entregó el censo para conocer mejor la sociedad en la que estamos inmersos”. En segundo lugar, estima que la Iglesia debe hacer un esfuerzo por tener una mayor presencia en los sectores populares.

Sumándose a lo que señaló el Cardenal Errázuriz, sostiene que “la Iglesia debe ser más misionera, para estar presente en la vida de las personas, en la familia, con los jóvenes, en los colegios”. En ese sentido, afirma que las líneas pastorales 2003-2005 que se están implementando en la Arquidiócesis responden a los desafíos que surgen del Censo 2002 y que ya la Iglesia de Santiago venía reflexionando sobre ellos a partir del IX Sínodo.

Dialogantes y acogedores

Por su parte, Enrique Palet, Secretario General Adjunto y vocero de la Conferencia Episcopal de Chile, cree que el gran desafío es evangelizar la cultura. “Estamos en un proceso de profundo cambio cultural que no sólo tiene que ver con lo religioso, sino con lo social, educacional, cultural y tecnológico. Para la Iglesia, anunciar el Evangelio, en esta nueva cultura, representa un gran desafío, como lo ha sido siempre, a lo largo de toda la historia”.

Sostiene que la Iglesia tiene que buscar la forma más adecuada de evangelizar a los hombres y mujeres de este tiempo. “Nuestro desafío es cómo evangelizar a una sociedad que se va haciendo mucho más pluralista, más abierta al mundo y por lo tanto más permeable a las influencias culturales de otros países y eso abarca desde lo religioso, hasta las prácticas de vida y de convivencia”.

Según Palet los católicos debemos aprender a ser más dialogantes, más acogedores. “Debemos asumir una actitud de humildad, cómo hablarles a las personas no desde el poder o del dominio, sino desde la cercanía, desde la proximidad y sobre todo, cómo dar testimonio del amor de Jesucristo, cómo mostrar que la fe en que creemos y que anunciamos es verdad a través de nuestro propio ejemplo de vida, en la familia, en el trabajo, en todo lo que hacemos”.

¿Por qué un 7% menos?

A juicio del diácono Enrique Palet existen al menos tres razones que explican la baja en el porcentaje de católicos y que sin duda representan un gran desafío para la Iglesia Católica.

“Venimos de una Iglesia mayoritaria, sin contrapeso en la sociedad y sin cuestionamientos y eso hizo que nos fuéramos adormeciendo en nuestro espíritu misionero. Hemos sido y todavía somos una Iglesia muy adormecida. Nos guardamos la fe para nosotros como algo privado, como algo que es del templo. Nos cuesta vivir y manifestar nuestra fe fuera de éste. Nos falta espíritu misionero”.

Por otra parte, señala, que existe una gran debilidad en la acción evangelizadora de la Iglesia. “No hemos sabido formar a los católicos de una manera adecuada para vivir en el mundo de hoy. Hay un número importante de personas que son frágiles en su fe y no se sienten capaces de confrontarla con la penetración de otras expresiones religiosas. Muchos de ellos son católicos por herencia, por emoción, pero con muy poca capacidad de dar razón de su fe”.

SD