La Palabra del Pastor

22 de Noviembre 2009

LOS 75 AÑOS DEL SEMINARIO CRISTO REY

Hoy el Seminario Mayor Cristo Rey, junto con celebrar su fiesta patronal, conmemora sus 75 años de existencia, con una eucaristía en la Catedral, a las 12:30 horas. Nuestro Obispo Diocesano, monseñor Alejandro Goic, nos habla del importante papel que desempeña el seminario en la vida de la  Iglesia diocesana.

Monseñor, ¿cuál es a su juicio, la importancia que tiene para la diócesis contar con un seminario?

- Nuestro seminario acaba de entregar una revista muy hermosa que recuerda sus 75 años de vida, desde que comenzó hasta nuestros días. Es una historia llena de realizaciones, de heroísmo. De ahí han egresado muchos y santos sacerdotes, también ha habido jóvenes que allí descubrieron que su camino era otro, pero han orientado su vida desde la fe. También hemos de lamentar el dolor y el sufrimiento de algunos hermanos que, a lo largo de estos años, han dejado el ministerio. Pero la existencia de un seminario es fundamental para una diócesis. Es el semillero donde se forman los que, sintiendo el llamado de Dios, quieren prepararse lo mejor posible para amar a Dios con todo su corazón y para servir al prójimo, para anunciar el evangelio con palabras y con obras. Por eso, la oración por el seminario y por lo seminaristas debería ser una prioridad en todo católico y confiamos en Dios que nos regale, en el presente y en el futuro, numerosas y santas vocaciones.

¿De qué manera debe comprometerse con el seminario la diócesis y los católicos que la forman?

- Ya insinuaba la respuesta. Creo que la oración es un elemento fundamental y clave. Pidan al dueño de la mies, que envíe operarios a su mies. La vocación es un don de Dios y hay que pedírselo con insistencia, con perseverancia. Y, sobre todo, que las vocaciones sean santas. Por eso, la comunidad debe orar permanentemente. Lo segundo, es interesarnos por el seminario, tanto los sacerdotes, como las religiosas y los laicos, deben conocer el seminario, visitarlo, apoyarlo de mil formas que cada uno puede imaginar y pensar. Que el seminario llegue a ser, como señala una expresión muy feliz, el corazón de la diócesis, porque ahí se forman aquellos que, sintiendo el llamado de Dios, quieren dedicar su vida y su existencia al servicio de los demás.          

¿Cuál es su mensaje en este día para los seminaristas y sus formadores?

- Una palabra de mucha esperanza y de mucha fe. Los seminaristas están viviendo un proceso, algunos ya están terminándolo. Son pocos, actualmente son solamente nueve, pero lo importante, más que el número, es la calidad. Quiero pedir a los seminaristas que se formen santamente. Un sacerdote santo hace mucho bien. Un sacerdote enamorado de Dios y de sus hermanos, sirviéndoles con entrega y con respeto, es una joya para la vida de la Iglesia. Y a los que trabajan en el seminario, también quiero pedirles que tengan esperanza de que las semillas que han ido sembrando en el corazón de esos jóvenes, van a ir fructificando, para que tengamos numerosas y sobre todo, insisto, santas vocaciones. Lo más importante es la calidad de la vida formativa, la calidad de la vida sacerdotal. Vemos como el testimonio de san Alberto Hurtado sigue haciendo el bien después de más de 50 años que ya falleciera. Por eso, el anhelo profundo de toda la diócesis es que haya nuevos sacerdotes, bien formados, bien entregados, en el amor a Dios y en el amor a los hermanos.

 

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