2º Sínodo Diocesano |
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LA VIDA CONSAGRADA Y EL SINODO En nuestra Iglesia diocesana, están presentes diversas congregaciones religiosas femeninas y masculinas, como también cuatro institutos seculares (uno de varones y tres de mujeres. Mujeres y hombres que han consagrado sus vidas en totalidad al Señor y que sirven en diversas expresiones de la misión de la Iglesia ; pastoral parroquial, educación, atención a niños, enfermos y ancianos, vida contemplativa, presencia en el mundo, etc. Constituye, pues un don maravilloso para la Iglesia local, y su aporte es fundamental en el camino sinodal en que estamos empeñados. Vida consagrada, don para toda la Iglesia Aparecida ha señalado que : “la vida consagrada es un don del Padre por medio del Espíritu a su Iglesia, y constituye un elemento decisivo para su misión” (216).En nuestra diócesis se expresa en la vida monástica, en institutos de vida activa inserta en pueblos y ciudades, en la atención atenta, generosa y llena de amor a los ancianos y enfermos; en el esfuerzo educativo de niños y jóvenes para ayudarles a crecer en su dignidad de personas; en acciones misioneras para llegar a los sectores más lejanos de los centros urbanos con la Buena Nueva de Jesús. La vida consagrada antes que ser una misión, una tarea, es una forma de vida, es una vocación particular. Es un camino de radical seguimiento de Jesucristo, para dedicarse a El y sólo a El, con una forma de vida semejante a la suya en el amor a Dios y al prójimo. Vida consagrada, anticipo de la vida definitiva La consagración en pobreza, castidad y obediencia de los religiosos, es un anticipo aquí en la tierra de los bienes definitivos, donde Dios será todo en todos. La vida consagrada nos muestra que lo definitivo es Dios. Y de manera especial la vida contemplativa. Nuestro mundo y nuestra Iglesia necesita de este testimonio: “sólo Dios basta para llenar la vida de sentido y de gozo” (Ap. 221). “En un mundo que va perdiendo el sentido de lo divino, ante la supervaloración de lo material, ustedes queridas religiosas, comprometidas desde sus claustros en ser testigos de unos valores por los que viven, sean testigos del Señor para el mundo de hoy, infundan con su oración un nuevo soplo de vida en la Iglesia y en el hombre actual” (Juan Pablo II). El camino sinodal de todos los bautizados El Sínodo, caminar juntos, tiene en todos los bautizados, la común responsabilidad de conversión y renovación de la Iglesia. La vida religiosa es un estímulo potente para los laicos y pastores, de colocar al Señor Jesucristo en el centro de nuestra vida y de nuestra acción. Todos estamos llamados a salir al encuentro de las personas, las familias, las comunidades en pueblos, ciudades y campos para comunicarles y compartir el don del encuentro con Cristo, que ha llenado nuestras vidas de sentido, de verdad y amor, de alegría y esperanza. Todos juntos: pastores, laicos, hombres y mujeres consagrados, en espíritu de comunión y participación compartiendo la alegría –desde nuestra propia vocación- de ser discípulos misioneros de Jesucristo para que tengamos vida en El. Les quiere y bendice.
+ Alejandro Goic Karmelic Obispo de Rancagua
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2DO MANUAL - ITINERARIO 2008 ¿Como participaremos en nuestro Sínodo Diocesano?
SINODO, LLAMADO A LA CONVERSION 1. Concepto de conversión 2. La conversión en la Sagrada Escritura 3. Condiciones para una conversión B. El Sínodo Diocesano como camino de conversión y experiencia de comunión. 1. La realidad actual 2. Algunos temas fundamentales a tener en cuenta en nuestro Sínodo. 2.1. La centralidad de Cristo 2.2. Discípulos misioneros 2.3. La opción por los pobres 2.4. La Iglesia , es ante todo comunión 2.5. El tema de la vida. C. La conversión pastoral y renovación misionera de las comunidades (Ap. 365-377)D. Reflexión personal y de oración.
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1. Concepto de conversión CONVERSION: deriva del latín conversio que, a su vez, depende de converti ó se convertere, y primero significó “paso de un lugar o estado a otro”, luego “volver a algo ó a alguien, y finalmente “cambiar de dirección ó camino”. Nosotros entendemos aquí por conversión por lo menos principalmente, ó - el primer abrazo de la fe cristiana y católica. - el retorno a la misma, si se había abandonado - el viraje decisivo de la vida en relación con la santidad, con el seguimiento de Jesucristo, como centro real y verdadero de la existencia.
2. La Conversión en la Sagrada Escritura a) En el Antiguo Testamento: la conversión es un retorno a Dios (del pueblo elegido, como de cada uno). Reconocimiento humilde de la propia culpabilidad (arrepentimiento-reparación-alejamiento del pecado). Retorno a Yavé: cambio interior y sincero de la conducta, de la vida. Confianza plena en Dios. La conversión no es tanto un mero acto transitorio, cuanto una conducta nueva de vida, que es agradable a Dios, y el restablecimiento de una unión íntima con Él, de una verdadera relación de amistad. La conversión es ante todo obra de Dios que ama y que perdona, que crea un corazón nuevo e infunde un nuevo espíritu en el pecador y lo readmite a su propia intimidad. b) En el Nuevo Testamento: ocupa la conversión un lugar de primer plano. Juan el Bautista prepara los caminos del Señor, predicando la conversión “la metanoia” que constituye el tema del anuncio gozoso de Jesús y de sus discípulos. Metanoia: cambio radical de la mente, de la intención, del corazón, de la conducta, de todo hombre pecador en sus relaciones con Dios. La parábola del Hijo Pródigo: la conversión es una resurrección, una regeneración, un renacimiento, una nueva creación, una nueva vida, que es feliz pertenencia al Reino de Dios, inserción en la misma familia de Dios y participación real en su misma vida.
3. Condiciones para una conversión El primer lugar corresponde a la fe, que es acoger con corazón abierto el Reino de Dios: adhesión confiada y total a Jesús, hasta llegar a una vida de íntima, continua y progresiva comunión y transformación en Él. El convertido no es sólo aquel que deja el pecado y vuelve a Dios, sino también, y sobre todo, aquel que se ha vuelto imagen viva y transparente de Cristo (Gal. 2,20). La conversión requiere la rectitud de voluntad que hace amar y buscar el bien y la verdad, sean cuales fueren las consecuencias y sacrificios que comparte; la humildad que hace posible el reconocimiento sincero de los propios pecados y la superación de tantos egoísmos, vilezas, respetos, humanos; finalmente, la docilidad a las invitaciones de Dios, a su luz, a su gracia, que no raras veces habla simplemente a través de la voz de la propia conciencia. La Conversión , también en el Nuevo Testamento es obra eminentemente de Dios, el cual respeta plenamente la libertad y, al mismo tiempo, la solicita con sus atracciones eficaces: - “Nadie puede venir a mí, si el Padre que me envió no lo atrae” (Juan 6, 44) - “Nadie llega al Padre, sino por mí” (Juan 14, 6) - “Separados de mí no pueden nada” (Juan 15,5) - “Por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no se ha frustrado en mí; al contrario, trabajé más que todos ellos, no precisamente yo, sino la gracia de Dios que está conmigo”. (I Cor. 15, 10)
B. El Sínodo diocesano como camino de conversión y experiencia de comunión 1. La realidad actual Estamos en una realidad social y cultural tremendamente compleja que necesita de parte de la Iglesia , una respuesta de mucho mejor calidad que la que actualmente estamos dando. Necesitamos re-potenciar la dimensión misionera (en su sentido más profundo, de allí el tema de la conversión pastoral) y redescubrir una mejor experiencia de comunión (que no nos lleve a vivir centrados en tensiones intraeclesiales, sino en la tarea de proclamar el Evangelio). En medio del oleaje del secularismo que va invadiendo a grupos significativos del país y de la región y atacando determinados ambientes y sectores de nuestra cultura, haciendo que Dios sea casi un concepto vacío que poco o nada dice a la vida de las personas y de la comunidad humana, tenemos que hacer llegar nuestro anuncio para que pueda ser acogido como Buena Noticia. Sabemos bien que una de las dimensiones de nuestra permanente conversión como evangelizadores es una conversión de actitudes y lenguajes que permitan que otros, distintos a nosotros, y a veces muy distintos a nosotros, acojan al Señor Jesús y su Evangelio como una Buena Noticia de Dios para sus vidas. Nuestra misión evangelizadora en la VI ª Región es desarrollar en nuestro tiempo, para sus hombres y mujeres, una pedagogía que haga presente de modo significativo el amor de Dios. El Sínodo Diocesano, don del Espíritu para nuestra Iglesia particular, es un tiempo de gracia para esta conversión y renovación personal, pastoral, eclesial.
2. Algunos temas fundamentales (a la luz de Aparecida) a tener en cuenta en nuestro Sínodo 2.1. La centralidad de Cristo para la experiencia cristiana. Tomar conciencia de que anunciar a Jesús es nuestra gran tarea, como el único que puede darle sentido hondo a todo lo que somos. “Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo” (Aparecida, 29) “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética ó una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento , con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (Deus Caritas est) 2.2. Discípulos – misioneros Ambas dimensiones son como dos caras de una misma moneda. Acoger a Jesús en la propia vida conlleva de inmediato la urgencia de proclamar el gozo de haberlo conocido; y al proclamarlo, al ser testigo de su Vida, se va aprendiendo a conocerlo mejor y a acogerlo mejor. La misión no se limita a un programa ó proyecto, sino que es compartir la experiencia del acontecimiento del encuentro con Cristo, testimoniarlo y anunciarlo de persona a persona, de comunidad a comunidad, y de la Iglesia a todos los confines del mundo. 2.3. La opción por los pobres Como opción – no – opcional de la Iglesia , dándole un fundamento directo en la persona de Jesús. “La opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza” (Benedicto XVI, Discurso Inicial Aparecida) 2.4. La Iglesia , es ante todo comunión Ver N.M.I. (41) - La vocación al discipulado misionero es convocación a la comunión en su Iglesia. No hay discipulado sin comunión. La vida en comunidad es esencial a la vida cristiana. Dios formó un “Pueblo”. 2.5. El tema de la Vida El derecho a la vida plena de todos – la necesidad de defender la vida en todos sus niveles y momentos. Se vive mucho mejor cuando tenemos libertad interior para darlo todo…la vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros . (Sn. Alberto Hurtado: darse es cumplir justicia).
C. La renovación pastoral y renovación misionera de las comunidades. (Aparecida 365-372) Nº 365 - la misión lo impregna todo. Nº 366 - la conversión personal y el Reino de Dios Nº 367 - la pastoral y el contexto histórico Nº 368 - espiritualidad de comunión y participación Nº 369 - eclesiología de comunión Nº 370 - paso de pastoral de conservación a una pastoral decididamente misionera. Nº371 - el proyecto pastoral de la Diócesis ; participación de los laicos en el discernimiento, toma de decisiones, planificación y ejecución. Nº372 - Renovación parroquial La conversión pastoral supone la renovación de las parroquias (170), los movimientos y todas las comunidades e instituciones eclesiales de modo que sean verdaderas escuelas de discípulos misioneros. Esto significa que vivan y trabajen como escuelas que saben conducir y de hecho conducen al encuentro con Jesucristo vivo, sobre todo enseñando la lectura orante de las Escrituras (lectio divina / 249) potenciando la iniciación a la vida cristiana, ya que “ó educamos en la fe, poniendo realmente en contacto con Jesucristo e invitando a su seguimiento, ó no cumpliremos nuestra misión evangelizadora” (287). Estas “escuelas” han de avivar el encuentro con Cristo en las celebraciones litúrgicas, particularmente en la celebración eucarística y del sacramento de la reconciliación (251-254), reconquistar la celebración del día del Señor (252s), enseñar a recorrer ese camino hacia Él que es el amor a la Virgen María (267), y a servir generosamente a los pobres, afligidos, enfermos y excluídos, cuyos derechos hemos de defender, y en quienes encontramos y servimos al Señor (257). En ellas hemos de aprender y transmitir el aprecio y el cultivo de la piedad popular (259-263-265). “Algo irrenunciable en el proceso de la conversión, la formación, la comunión y la misión es la recuperación de la categoría “encuentro”. Es Cristo que sale a nuestro encuentro, y nosotros quienes vamos a su encuentro. También es el encuentro entre los hermanos, ya que en la comunión con el Señor se gesta la comunión entre nosotros… nuestra pastoral tiene que estar entretejida de encuentros, en la sencillez, la cordialidad, la solicitud, la escucha, el consuelo y el servicio a los demás. No pueden dejarse absorber los pastores por mil reuniones de planificación y administración; no pueden “abstenerse” de utilizar una buena parte de su tiempo en ser encontrados y en salir al encuentro, en tomarse el tiempo imprescindible para acompañar espiritualmente, especialmente a los jóvenes. No pueden renunciar a formas de encuentro que expresen su relación sacramental de amigo, hermano, padre y pastor. Tampoco pueden hacerlo sus colaboradores”. (Cardenal Francisco Javier Errázuriz)
D. Reflexión personal y de oración (Para orar y meditar en estos días en mi oración personal) 1. Soy sacerdote, diácono, mujer consagrada, ¿Cómo estoy asumiendo en mi vida interior el sínodo?.¿Contagio con mi entusiasmo por la renovación de la Iglesia a los laicos?. 2. ¿Estamos en una actitud abierta desde el corazón, dejándome guiar por el Espíritu frente al Sínodo, llegando a ser personas positivas que sepan construir sin destruir? 3. En mi unidad eclesial (parroquia, colegio, movimiento, etc.), ¿estoy creando un ambiente de oración, propicio para el Sínodo?. ¿He constituido una Comisión Sinodal para asumir todo el proceso?. 4. ¿Participo verdaderamente los primeros miércoles en la Jornada de Formación Permanente, con puntualidad y toda la mañana, incluyendo el almuerzo?. Lo mismo en relación a mi Decanato: ¿participo activamente en las reuniones mensuales? 5. ¿He leído y estudiado el Documento de Aparecida? 6. ¿Voy creando confianza en los laicos de su – ser – Iglesia (Iglesia pueblo de Dios) y de la común responsabilidad de todos los bautizados en la vida y en la misión de la Iglesia ? 7. Los grupos sinodales están llamados a formarse con católicos en diversos niveles (comprometidos, practicantes permanentes y ocasionales, alejados, etc.). ¿Qué pasos estoy dando para que sean verdaderamente grupos misioneros? La Misión Continental para nosotros será el II Sínodo Diocesano y crear el concepto de Iglesia en Misión-Permanente. +Alejandro Goic Karmelic Obispo de Rancagua Jornada de Formación Permanente. Pelequén, junio 4 de 2008
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LOS LAICOS Y EL SINODO Con la gracia de Dios, hemos comenzado el 2º Sínodo Diocesano con una gran Asamblea Diocesana realizada el Miércoles Santo último, (19 de marzo). Se señalaron las líneas generales de este trascendente proceso eclesial de nuestra Iglesia diocesana.
La participación laical El documento de Puebla (786) señala que los laicos: “son hombres y mujeres en el corazón del mundo y, hombres y mujeres en el corazón de la Iglesia ”. Todos los bautizados formamos parte de la Iglesia , pueblo de Dios. Constituimos todos, un pueblo sacerdotal y el sacerdocio ministerial (diáconos, presbíteros, obispos) está llamado a ser servidor de todos los creyentes. Los laicos tienen una doble tarea y misión: participar en el mundo y en la Iglesia. Para cumplir esta tarea, necesitan una sólida formación doctrinal, pastoral, espiritual, “para dar testimonio de Cristo y de los valores del Reino en el ámbito de la vida social, económica, política y cultural” (Ap.212).
El laico en el mundo El campo propio y específico del laico (a) se realiza en el mundo con su palabra oportuna, su testimonio de vida cristiana y su acción eficaz, contribuye a la transformación de las realidades temporales según las enseñanzas de Jesucristo y su Evangelio; la familia, la educación, la política, el trabajo, la economía, el arte, la cultura, la construcción de estructuras justas según los criterios del Evangelio, etc. son algunos de los campos en que el laico creyente se involucra activa y eficazmente. En el ambiente en que el laico (a) vive y trabaja refleja su fe, su amor a Jesucristo, su servicio a los demás, su compromiso activo por una sociedad mejor. Tarea indispensable, insustituible, decisiva, para la vida social.
El laico en la Iglesia Como bautizado, hijo de la Iglesia , el laico (a) está llamado también a participar de manera activa en las diversas tareas evangelizadoras de la Iglesia : la catequesis, la liturgia, la acción misionera, la atención a los pobres y sufrientes, las acciones de solidaridad, etc. Los pastores “estarán dispuestos a abrirles espacios de participación y a confiarles ministerios y responsabilidades en una Iglesia donde todos vivan de manera responsable su compromiso cristiano” (Ap. 211). El Sínodo diocesano es una magnífica ocasión para que los laicos (as) participen de manera activa en esta gran experiencia creyente. “Los laicos deben participar del discernimiento, la toma de decisiones, la planificación y la ejecución” (Ap. 371), en los diversos proyectos pastorales. Invito a laicos de parroquias, colegios, comunidades, movimientos, organismos diocesanos, a vivir su doble vocación con generosidad y en profundo espíritu de comunión con sus pastores a trabajar con alegría en el 2º Sínodo Diocesano. Les quiere y bendice; +Alejandro Goic Karmelic Obispo de Rancagua
OBJETIVO GENERAL Constituir en nuestra Diócesis de La Santa Cruz de Rancagua, una Iglesia de discípulos misioneros de Jesucristo para una evangelización integral, conducida por el Espíritu Santo. En el anuncio del Reino de Dios Padre: llamada a asumir un compromiso de pastoral orgánica, en los acontecimientos y desafíos históricos que nos presenta el tercer milenio a través de una Iglesia eucarística, fraterna, misionera y solidaria.
OBJETIVOS ESPECIFICOS 1.- Fortalecer en nuestra Iglesia Diocesana el anuncio del Reinado de Dios por medio de la renovación de nuestra misión evangelizadora, asumiendo los desafíos teológicos, pastorales, espirituales, sociales y culturales que nos presenta el Tercer Milenio en nuestra realidad diocesana. 2.- Impulsar en nuestra Iglesia Diocesana una acción pastoral orgánica de laicos y consagrados, que fortalezca un compromiso que asuma y de testimonio de las notas distintivas de una Iglesia Diocesana Eucarística, Fraterna, Misionera y Solidaria. 3.- Promover en nuestra Iglesia Diocesana una espiritualidad de Comunión y Participación (Novo Millenio Ineuente, nº 43) en una perspectiva de auténtica caridad pastoral, a través de una actitud interior de conversión y que sepa valorar el aporte de todos los miembros de esta Iglesia particular.
LEMA SINODAL Discípulos misioneros de Jesucristo, construyendo una Iglesia eucarística, fraterna, misionera y solidaria.
TEXTO BIBLICO INSPIRADOR “Señor ¿a quién vamos a ir?: Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6,68)
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2º SÍNODO DOCESANO: Caminar juntos El 26 de noviembre de 2007 con el Decreto 61/07, convoqué a toda la diócesis a celebrar el 2o Sínodo de nuestra Iglesia de la Santa Cruz de Rancagua. El primero se celebró en 1968 y trató, fundamentalmente, de asumir las orientaciones y enseñanzas del Concilio Vaticano II.
1. Caminar juntos en la vida y misión de la Iglesia El Sínodo significa un caminar juntos los bautizados (pastores, mujeres consagradas y laicos), para renovar, con la gracia de Dios, la vida de la Iglesia local y provocar la conversión pastoral. El Sínodo «es, a la vez y de modo inseparable, acto de gobierno episcopal y acontecimiento de comunión y manifiesta la índole de comunión jerárquica que es propia de la naturaleza profunda de la Iglesia. El pueblo de Dios no es, en efecto, un agregado informe de discípulos de Cristo, sino una comunidad sacerdotal, orgánicamente estructurada desde el origen, conforme a la voluntad de su Fundador (Cristo), que en cada diócesis tiene al frente al Obispo como fundamento y principio visible de su unidad y único representante suyo» (Instrucción sobre los Sínodos Diocesanos).
2. Experiencia de comunión y participación Quiero invitar a todos los miembros de la Iglesia en nuestra Sexta Región a participar con entusiasmo en este don del Espíritu que es el Sínodo: todas las parroquias, comunidades eclesiales de base, movimientos apostólicos, colegios, organismos diocesanos, etc. Todos los agentes pastorales, en una dimensión misionera, formarán grupos de reflexión, de oración y de diálogo para profundizar nuestra fe, nuestra realidad regional y eclesial y buscar caminos adecuados para evangelizar, aquí y ahora, entrando decididamente «con todas sus fuerzas en los procesos constantes de renovación misionera, y de abandonar las estructuras caducas, que ya no favorecen la transmisión de la fe» (Aparecida N° 365).
3. «Señor, ¿a quién vamos a ir? ¿Tú tienes palabras de vida eterna» (Juan 6, 68). Esta palabra de Pedro a Jesús, que recoge San Juan, va a inspirar nuestro Sínodo Diocesano. Es la convicción más profunda que tenemos los creyentes y seguidores de Jesucristo. Aparecida lo dice bellamente: «Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo» (Aparecida N° 29). El don de ser discípulos – misioneros de Jesucristo es algo maravilloso. El Sínodo nos ayudará a todos a amarlo más, a seguirlo más fielmente y a darlo a conocer a nuestros hermanos.
Les quiere y bendice, + Alejandro Goic Karmelic Obispo de Rancagua
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