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04 de Junio 2008, Pelequén - Chile SINODO, LLAMADO A LA CONVERSION
1. Concepto de conversión 2. La conversión en la Sagrada Escritura 3. Condiciones para una conversión B. El Sínodo Diocesano como camino de conversión y experiencia de comunión. 1. La realidad actual 2. Algunos temas fundamentales a tener en cuenta en nuestro Sínodo. 2.1. La centralidad de Cristo 2.2. Discípulos misioneros 2.3. La opción por los pobres 2.4. La Iglesia , es ante todo comunión 2.5. El tema de la vida. C. La conversión pastoral y renovación misionera de las comunidades (Ap. 365-377)D. Reflexión personal y de oración.
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1. Concepto de conversión CONVERSION: deriva del latín conversio que, a su vez, depende de converti ó se convertere, y primero significó “paso de un lugar o estado a otro”, luego “volver a algo ó a alguien, y finalmente “cambiar de dirección ó camino”. Nosotros entendemos aquí por conversión por lo menos principalmente, ó - el primer abrazo de la fe cristiana y católica. - el retorno a la misma, si se había abandonado - el viraje decisivo de la vida en relación con la santidad, con el seguimiento de Jesucristo, como centro real y verdadero de la existencia.
2. La Conversión en la Sagrada Escritura a) En el Antiguo Testamento: la conversión es un retorno a Dios (del pueblo elegido, como de cada uno). Reconocimiento humilde de la propia culpabilidad (arrepentimiento-reparación-alejamiento del pecado). Retorno a Yavé: cambio interior y sincero de la conducta, de la vida. Confianza plena en Dios. La conversión no es tanto un mero acto transitorio, cuanto una conducta nueva de vida, que es agradable a Dios, y el restablecimiento de una unión íntima con Él, de una verdadera relación de amistad. La conversión es ante todo obra de Dios que ama y que perdona, que crea un corazón nuevo e infunde un nuevo espíritu en el pecador y lo readmite a su propia intimidad. b) En el Nuevo Testamento: ocupa la conversión un lugar de primer plano. Juan el Bautista prepara los caminos del Señor, predicando la conversión “la metanoia” que constituye el tema del anuncio gozoso de Jesús y de sus discípulos. Metanoia: cambio radical de la mente, de la intención, del corazón, de la conducta, de todo hombre pecador en sus relaciones con Dios. La parábola del Hijo Pródigo: la conversión es una resurrección, una regeneración, un renacimiento, una nueva creación, una nueva vida, que es feliz pertenencia al Reino de Dios, inserción en la misma familia de Dios y participación real en su misma vida.
3. Condiciones para una conversión El primer lugar corresponde a la fe, que es acoger con corazón abierto el Reino de Dios: adhesión confiada y total a Jesús, hasta llegar a una vida de íntima, continua y progresiva comunión y transformación en Él. El convertido no es sólo aquel que deja el pecado y vuelve a Dios, sino también, y sobre todo, aquel que se ha vuelto imagen viva y transparente de Cristo (Gal. 2,20). La conversión requiere la rectitud de voluntad que hace amar y buscar el bien y la verdad, sean cuales fueren las consecuencias y sacrificios que comparte; la humildad que hace posible el reconocimiento sincero de los propios pecados y la superación de tantos egoísmos, vilezas, respetos, humanos; finalmente, la docilidad a las invitaciones de Dios, a su luz, a su gracia, que no raras veces habla simplemente a través de la voz de la propia conciencia. La Conversión , también en el Nuevo Testamento es obra eminentemente de Dios, el cual respeta plenamente la libertad y, al mismo tiempo, la solicita con sus atracciones eficaces: - “Nadie puede venir a mí, si el Padre que me envió no lo atrae” (Juan 6, 44) - “Nadie llega al Padre, sino por mí” (Juan 14, 6) - “Separados de mí no pueden nada” (Juan 15,5) - “Por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no se ha frustrado en mí; al contrario, trabajé más que todos ellos, no precisamente yo, sino la gracia de Dios que está conmigo”. (I Cor. 15, 10)
B. El Sínodo diocesano como camino de conversión y experiencia de comunión 1. La realidad actual Estamos en una realidad social y cultural tremendamente compleja que necesita de parte de la Iglesia , una respuesta de mucho mejor calidad que la que actualmente estamos dando. Necesitamos re-potenciar la dimensión misionera (en su sentido más profundo, de allí el tema de la conversión pastoral) y redescubrir una mejor experiencia de comunión (que no nos lleve a vivir centrados en tensiones intraeclesiales, sino en la tarea de proclamar el Evangelio). En medio del oleaje del secularismo que va invadiendo a grupos significativos del país y de la región y atacando determinados ambientes y sectores de nuestra cultura, haciendo que Dios sea casi un concepto vacío que poco o nada dice a la vida de las personas y de la comunidad humana, tenemos que hacer llegar nuestro anuncio para que pueda ser acogido como Buena Noticia. Sabemos bien que una de las dimensiones de nuestra permanente conversión como evangelizadores es una conversión de actitudes y lenguajes que permitan que otros, distintos a nosotros, y a veces muy distintos a nosotros, acojan al Señor Jesús y su Evangelio como una Buena Noticia de Dios para sus vidas. Nuestra misión evangelizadora en la VI ª Región es desarrollar en nuestro tiempo, para sus hombres y mujeres, una pedagogía que haga presente de modo significativo el amor de Dios. El Sínodo Diocesano, don del Espíritu para nuestra Iglesia particular, es un tiempo de gracia para esta conversión y renovación personal, pastoral, eclesial.
2. Algunos temas fundamentales (a la luz de Aparecida) a tener en cuenta en nuestro Sínodo 2.1. La centralidad de Cristo para la experiencia cristiana. Tomar conciencia de que anunciar a Jesús es nuestra gran tarea, como el único que puede darle sentido hondo a todo lo que somos. “Conocer a Jesús es el mejor regalo que puede recibir cualquier persona; haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha ocurrido en la vida y darlo a conocer con nuestra palabra y obras es nuestro gozo” (Aparecida, 29) “No se comienza a ser cristiano por una decisión ética ó una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento , con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva” (Deus Caritas est) 2.2. Discípulos – misioneros Ambas dimensiones son como dos caras de una misma moneda. Acoger a Jesús en la propia vida conlleva de inmediato la urgencia de proclamar el gozo de haberlo conocido; y al proclamarlo, al ser testigo de su Vida, se va aprendiendo a conocerlo mejor y a acogerlo mejor. La misión no se limita a un programa ó proyecto, sino que es compartir la experiencia del acontecimiento del encuentro con Cristo, testimoniarlo y anunciarlo de persona a persona, de comunidad a comunidad, y de la Iglesia a todos los confines del mundo. 2.3. La opción por los pobres Como opción – no – opcional de la Iglesia , dándole un fundamento directo en la persona de Jesús. “La opción preferencial por los pobres está implícita en la fe cristológica en aquel Dios que se ha hecho pobre por nosotros, para enriquecernos con su pobreza” (Benedicto XVI, Discurso Inicial Aparecida) 2.4. La Iglesia , es ante todo comunión Ver N.M.I. (41) - La vocación al discipulado misionero es convocación a la comunión en su Iglesia. No hay discipulado sin comunión. La vida en comunidad es esencial a la vida cristiana. Dios formó un “Pueblo”. 2.5. El tema de la Vida El derecho a la vida plena de todos – la necesidad de defender la vida en todos sus niveles y momentos. Se vive mucho mejor cuando tenemos libertad interior para darlo todo…la vida se alcanza y madura a medida que se la entrega para dar vida a los otros . (Sn. Alberto Hurtado: darse es cumplir justicia).
C. La renovación pastoral y renovación misionera de las comunidades. (Aparecida 365-372) Nº 365 - la misión lo impregna todo. Nº 366 - la conversión personal y el Reino de Dios Nº 367 - la pastoral y el contexto histórico Nº 368 - espiritualidad de comunión y participación Nº 369 - eclesiología de comunión Nº 370 - paso de pastoral de conservación a una pastoral decididamente misionera. Nº371 - el proyecto pastoral de la Diócesis ; participación de los laicos en el discernimiento, toma de decisiones, planificación y ejecución. Nº372 - Renovación parroquial La conversión pastoral supone la renovación de las parroquias (170), los movimientos y todas las comunidades e instituciones eclesiales de modo que sean verdaderas escuelas de discípulos misioneros. Esto significa que vivan y trabajen como escuelas que saben conducir y de hecho conducen al encuentro con Jesucristo vivo, sobre todo enseñando la lectura orante de las Escrituras (lectio divina / 249) potenciando la iniciación a la vida cristiana, ya que “ó educamos en la fe, poniendo realmente en contacto con Jesucristo e invitando a su seguimiento, ó no cumpliremos nuestra misión evangelizadora” (287). Estas “escuelas” han de avivar el encuentro con Cristo en las celebraciones litúrgicas, particularmente en la celebración eucarística y del sacramento de la reconciliación (251-254), reconquistar la celebración del día del Señor (252s), enseñar a recorrer ese camino hacia Él que es el amor a la Virgen María (267), y a servir generosamente a los pobres, afligidos, enfermos y excluídos, cuyos derechos hemos de defender, y en quienes encontramos y servimos al Señor (257). En ellas hemos de aprender y transmitir el aprecio y el cultivo de la piedad popular (259-263-265). “Algo irrenunciable en el proceso de la conversión, la formación, la comunión y la misión es la recuperación de la categoría “encuentro”. Es Cristo que sale a nuestro encuentro, y nosotros quienes vamos a su encuentro. También es el encuentro entre los hermanos, ya que en la comunión con el Señor se gesta la comunión entre nosotros… nuestra pastoral tiene que estar entretejida de encuentros, en la sencillez, la cordialidad, la solicitud, la escucha, el consuelo y el servicio a los demás. No pueden dejarse absorber los pastores por mil reuniones de planificación y administración; no pueden “abstenerse” de utilizar una buena parte de su tiempo en ser encontrados y en salir al encuentro, en tomarse el tiempo imprescindible para acompañar espiritualmente, especialmente a los jóvenes. No pueden renunciar a formas de encuentro que expresen su relación sacramental de amigo, hermano, padre y pastor. Tampoco pueden hacerlo sus colaboradores”. (Cardenal Francisco Javier Errázuriz)
D. Reflexión personal y de oración (Para orar y meditar en estos días en mi oración personal) 1. Soy sacerdote, diácono, mujer consagrada, ¿Cómo estoy asumiendo en mi vida interior el sínodo?.¿Contagio con mi entusiasmo por la renovación de la Iglesia a los laicos?. 2. ¿Estamos en una actitud abierta desde el corazón, dejándome guiar por el Espíritu frente al Sínodo, llegando a ser personas positivas que sepan construir sin destruir? 3. En mi unidad eclesial (parroquia, colegio, movimiento, etc.), ¿estoy creando un ambiente de oración, propicio para el Sínodo?. ¿He constituido una Comisión Sinodal para asumir todo el proceso?. 4. ¿Participo verdaderamente los primeros miércoles en la Jornada de Formación Permanente, con puntualidad y toda la mañana, incluyendo el almuerzo?. Lo mismo en relación a mi Decanato: ¿participo activamente en las reuniones mensuales? 5. ¿He leído y estudiado el Documento de Aparecida? 6. ¿Voy creando confianza en los laicos de su – ser – Iglesia (Iglesia pueblo de Dios) y de la común responsabilidad de todos los bautizados en la vida y en la misión de la Iglesia ? 7. Los grupos sinodales están llamados a formarse con católicos en diversos niveles (comprometidos, practicantes permanentes y ocasionales, alejados, etc.). ¿Qué pasos estoy dando para que sean verdaderamente grupos misioneros? La Misión Continental para nosotros será el II Sínodo Diocesano y crear el concepto de Iglesia en Misión-Permanente. +Alejandro Goic Karmelic Obispo de Rancagua Jornada de Formación Permanente. Pelequén, junio 4 de 2008
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