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Reflexiones Monseñor Alejandro Goic Karmelic

¿EUTANASIA, ENSAÑAMIENTO TERAPÉUTICO O MUERTE DIGNA?

En estas últimas semanas en los diferentes medios de comunicación se ha hablado del “derecho a morir”, de la “eutanasia”, de la “muerte digna”, del “ensañamiento terapéutico”, etc. Y se ha generado mucha confusión.

“De la muerte surge el drama del ser humano: el hombre, frente a esa meta, no puede menos de plantearse la pregunta acerca del sentido de la existencia en el mundo” (Juan Pablo II). La fe cristiana es fuente de serenidad y paz. A la luz del Evangelio y de la persona de Jesucristo Redentor todo adquiere sentido y valor.

Aclaración de conceptos

La confusión que se ha producido se debe a la poca claridad de los conceptos.

La Congregación de la Doctrina de la Fe da la siguiente definición: “Por eutanasia se entiende una acción o una omisión que por su naturaleza o en la intención causa la muerte, con el fin de eliminar cualquier dolor. La eutanasia se sitúa, pues, en el nivel de las intenciones o de los métodos usados”.

Este concepto de eutanasia, en cuanto acción de provocar la muerte deliberadamente de una persona humana es moralmente inaceptable y, por lo tanto, condenada por la Iglesia. En estos días el presidente de la Sociedad Chilena de Medicina señaló: “El suicidio asistido, desde el punto de vista científico y ético es reprobable. Nos oponemos a que un médico participe de cualquier forma administrando algún tipo de tratamiento que facilite la muerte”. Afirmamos, pues, con fuerza que la vida, toda la vida humana es sagrada. El Concilio Vaticano II se refiere a la eutanasia como una de las prácticas que “son en sí mismas infamantes, degradan la civilización humana, deshonran más a sus autores que a sus víctimas y son totalmente contrarias al honor debido al Creador”.

Ensañamiento terapéutico es la utilización de medios tendientes a prolongar artificialmente la vida, descalificándola de su sentido propiamente humano. Los obispos españoles lo han definido así: “una acción médica, centrada en prolongar la vida del enfermo, que puede ser extraordinariamente cruel para el mismo paciente, ya que significa la prolongación de un proceso irreversible, acompañado de graves dolores y angustia”.

Los médicos tienen el deber moral de hacer todos los esfuerzos por salvar la vida o sanar un paciente. Lo que es reprochable, es que tanto la eutanasia como el ensañamiento terapéutico no son respetuosos de la dignidad humana. La eutanasia “decide” adelantadamente cuándo morir; el enseñamiento terapéutico “retrasa” la muerte innecesariamente.

Presencia amorosa ante la muerte

Junto a la persona que se debate entre la vida y la muerte, hace falta, sobre todo, una presencia amorosa. La cercanía cariñosa y discreta de quienes acompañan al moribundo es un signo visible de amor. Para los que tenemos el don de la fe es el momento de encontrarse con Dios. ¡Que bellamente lo dijo Juan Pablo II antes de morir! ¡”Déjenme ir al Padre”! Es el testimonio de un creyente ejemplar. Más allá de los consuelos humanos, reviste una importancia fundamental la ayuda que le proporciona al moribundo la fe en Dios y la esperanza en la vida eterna.

En la hora final de nuestra existencia también estamos llamados a vivir y a morir con criterios de fe. Como nos recuerda San Pablo: “En la vida y la muerte somos del Señor”.

+ Alejandro Goic Karmelic

Obispo de Rancagua

 

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