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Enero
Para que todos los cristianos anuncien al mundo, a través de su testimonio y de sus palabras, la Buena Noticia de Jesucristo, que vino a hacernos hijos de Dios (Cf. Aparecida, 348).
Febrero:
Que aprendamos en este tiempo de descanso, a apreciar el don de la familia y de la creación “como casa de todos los seres vivos y matriz de la vida del planeta”, para que ejercitemos responsablemente el señorío humano sobre ella y sus recursos (Cf. Aparecida, 474).
Marzo:
Que los sacrificios voluntarios, oraciones y donaciones materiales que realicemos en la Cuaresma, acerquen nuestro corazón a quienes sufren la pobreza y la violencia, de modo que, como discípulos misioneros de Jesús, encontremos “caminos nuevos y creativos” para transformar esas realidades injustas (Cf. Aparecida, 409).
Abril:
Para que vivamos en comunión con Cristo resucitado y, con la fuerza del Espíritu, nos consagremos a extender su Reino, que es una “oferta de vida plena para todos” (Cf. Aparecida, 361).
Mayo:
Para que descubramos “el sentido del trabajo como participación de la tarea creadora de Dios, en el servicio a los hermanos y hermanas”, como medio de santificación, realización personal y garantía del ejercicio de la dignidad y la libertad de todos (Cf. Aparecida, 120).
Junio:
Para que sepamos acoger el don del Espíritu Santo, que “nos identifica con Jesús Vida, permitiéndonos abrazar su plan de amor y entregarnos para que otros tengan vida en Él” (Cf. Aparecida 137).
Julio:
Para que en nuestro tiempo se multipliquen los “comunicadores profesionales competentes y comprometidos con los valores humanos y cristianos”, que trabajen por la transformación evangélica de la sociedad (Cf. Aparecida, 486c).
Agosto:
Para que nos dediquemos “con alegría y valentía a la evangelización de la ciudad actual”, conscientes de que Dios está allí, “en medio de sus alegrías, anhelos y esperanzas, como también en sus dolores y sufrimientos” (Cf. Aparecida, 513 y 514).
Septiembre:
Para que hagamos de nuestra Patria, que se apresta a tomar decisiones importantes y a celebrar su Bicentenario, “una casa de hermanos donde todos tengan una morada para vivir y convivir con dignidad” (Cf. Aparecida, 534).
Octubre:
Para que, como discípulos de Jesucristo nos comprometamos con la misión universal en todos los Continentes, y estemos siempre dispuestos a ir ‘a la otra orilla’, en la que Cristo aún no es reconocido como Dios y Señor. (Cf. Aparecida 376).
Noviembre:
Para que reconozcamos a María como “la máxima realización de la existencia cristiana” y aprendamos de ella, que es “la gran misionera, continuadora de la misión de su Hijo y formadora de misioneros” (Cf. Aparecida, 266, 269).
Diciembre:
Para que sepamos valorar la vida humana como “un regalo gratuito de Dios, don y tarea que debemos cuidar desde la concepción, en todas sus etapas, y hasta la muerte natural” (Cf. Aparecida, 464).
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