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La Iglesia por esencia es misionera, ése es el mandato recibido del Señor. Por eso las líneas de acción de la Pastoral Juvenil 2002-2005, tienen un fuerte acento en la misión. Es importante realizar una misión nacional con cierta periodicidad y ya han pasado cinco años de la Misión del jubileo del 2000, un tiempo prudente para salir con nuevo vigor a anunciar a Jesucristo. Nos encontramos en medio de un proceso de cambio cultural, el que se presenta como vertiginoso y polifacético, este proceso nos presenta senderos insospechados y está en un movimiento permanente. Quizá lo único constante en este proceso es el cambio continuo. Hablamos de dinámicas que fundamentalmente afectan nuestra forma de pararnos ante la vida y de vincularnos a ella. Muchas veces no sabemos diferenciar una oportunidad de una amenaza y el caudal de información que recibimos es tal que mejor nos volvemos sobre nosotros mismos a escarbar las viejas certezas. Como dice la canción “…el mundo está cambiando, y cambiará más…” Los jóvenes son particularmente sensibles a estos procesos de cambio cultural, pues van a la vanguardia en los modos de procesar la información y de aprender del mundo, como a su vez en la comunicación de éstos. Ellos logran decodificar la realidad a una velocidad mayor que la nuestra. La curiosidad juvenil, el deseo de conocer, experimentar e investigarlo todo, va de la mano de la necesidad de compartir interrogantes, de discernir a partir de certezas y de ser acompañados. Es también en los jóvenes donde comienzan a nacer nuevas culturas, empapadas de estos procesos de cambios. La Iglesia en Chile reconoce la necesidad de acoger a todos los jóvenes, por eso ha llamado a una Misión Juvenil Nacional, donde se puedan convocar a la mayor cantidad de jóvenes posibles, para acompañarlos e iluminarlos con la Buena Nueva de Jesucristo, de modo que, estas nuevas culturas que comienzan a emerger, se transformen en verdaderos pozos de encuentro y crecimiento personal, donde la vida se vive con plenitud. El
año 2005 es un tiempo propicio, para salir al encuentro de las nuevas
culturas, ya que estamos en la mitad de la década, a pocos años
de la celebración del Bicentenario, donde queremos hacer una propuesta
a nuestra sociedad, a nuestro país. Es también el año
en que concluyen las actuales orientaciones pastorales y las líneas
de acción de la Pastoral Juvenil Nacional, por lo tanto, es la instancia
para escuchar, recoger y proponer las nuevas líneas de acción
de la Pastoral Juvenil.
Por
último, hay tres acontecimientos relevantes del año 2005,
que son una luz significativa para esta misión:
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