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JESÚS: ENFERMEDAD Y PERDÓN
Textos:
Mc. 2, 1-12; Mt. 9, 2-7; Lc. 5, 17-25
La curación de una enfermedad es obra del poder divino; igualmente es de poder divino el perdón de los pecados. Enfermedad y pecado eran íntimamente relacionados. En el judaísmo se consideraba normalmente el mal físico como un castigo a un pecado cometido. La raíz de la enfermedad, del mal en general, estaba en el pecado cometido. Para poder sanar hay que quitar en primer lugar la raíz misma del mal, el pecado. Quitando el pecado, se le quita al enfermo la enfermedad.
El paralítico esperaba de Jesús una curación física; pero Jesús declara que le quedan perdonados sus pecados. Estas palabras escandalizan a los escribas presentes. Solamente Dios puede perdonar a los pecados y quien se atribuye a sí mismo este poder es un blasfemo.
Las actividades de Jesús van dirigidas contra el reino del mal y sus manifestaciones como la enfermedad, el dolor y la muerte. Con la curación concreta del paralítico Jesús confirma la eficacia de su palabra sobre el perdón de los pecados: son palabras de remisión y no de blasfemia. Jesús mostró con el hecho de la curación que tiene poder de perdonar a los pecados.