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LA ENFERMEDAD: UNA REALIDAD HUMANA
El hombre nace, crece, se enferma y recobra la salud, envejece y muere: es el ciclo de la vida.
Pero no se puede negar que en el mismo instante del nacer, como también ya antes, está la posibilidad de que dentro del curso del crecer hacia la propia realización, el hombre se encuentra con la enfermedad, la cual puede cambiar la historia del propio crecer hacia la autorealización.
La enfermedad puede ser de corte temporal, es decir, que después de un cierto tiempo, el enfermo se restablece en salud, pero también puede ser permanente donde el restablecimiento pleno de la salud no se hace efectivo: son las enfermedades crónicas con las cuales uno debe vivir durante toda la vida. A las enfermedades temporales y permanentes deben agregarse aún las enfermedades terminales que, como dice la palabra, llevan el término de la vida.
El hombre sano vive en actividad, en armonía con su entorno, vive con seguridad; el enfermo, al contrario, se presenta con fragilidad e inseguridad. El hombre sano es sujeto de su actuar, el hombre enfermo es objeto de las actividades de otros (médico, personal sanitario, familiares, amigos...). La fragilidad e inseguridad es acompañada del dolor, no sólo corporal, sino también psíquico: miedo que sucederá (eventualmente desenlace fatal...)y sentimiento de impotencia ya que es objeto de otros. Yo, enfermo, dependo parcialmente o totalmente de otros.
Frente a la enfermedad ( especialmente las permanentes y terminales), la persona enferma se encuentra en la siguiente situación:
DESESPERACIÓN( se pregunta: ¿Por qué yo - por qué Dios permite eso – por qué Dios me castiga?)que lleva a la ANGUSTIA y al AISLAMIENTO: Yo estoy sólo, ¿qué puede hacer? A esta última pregunta el enfermo busca desesperadamente una salida de su situación: busca remedios, personas, consejos, etc. A la situación externa se agrega otra más íntima del ser humano: la muerte y el más allá.
En el Antiguo Testamento la enfermedad está vista inicialmente como un castigo de Dios por el pecado del individuo, del clan o del pueblo.
"Enfermaban por causa de sus maldades y eran afligidos por su delito. Sentían asco de la comida, y llegaron a las puertas de la muerte, Clamaron al Señor en sus angustias, y él los libró de sus aflicciones. Mandó su palabra para sanarlos y sacarlos de su ruina ". (Sal. 107. 17 – 20; cf. Sal. 38)
Siendo la enfermedad íntimamente relacionada con el pecado, la enfermedad de un justo, como por ejemplo JOB, es un escándalo. Mas tarde se da paso al pensamiento de que la enfermedad puede ser una prueba requerida por Dios: el que supera la prueba recibirá en el más allá el premio por la prueba superada:
"Las almas de los justos están en manos de Dios, donde no los alcanzará ningún tormento. Para los insensatos, ya no son mas que muertos; su salida de este mundo es tenida como una desgracia,..., pero ellos gocen en la paz. Aunque, según piensa la gente, sufrieron muchos padecimientos, la otra vida era preparada para recibirlos. Por unos pocos sacrificios recibieron una gran recompensa, pues Dios los probó y los halló dignos de él. Los probó, como se prueba el oro en el horno donde se funda el metal, y los aceptó como víctimas consumidas por el fuego ".(Sap. 3, 1 – 6)
Los sufrimientos que hubieron de padecer en esta vida daban la impresión de ser un castigo, pero no era así, sino una disciplina, una corrección y una prueba de fidelidad en que Dios va reconociendo a los que son dignos de él. Los justos están llenos de esperanza en una inmortalidad bienaventurada, y cuando llegue el juicio, alcanzarán el reino de Dios.
En el Nuevo Testamento también está presente la concepción de la enfermedad como un castigo de Dios:
"Maestro, ¿Quién tiene la culpa de que está ciego, él o sus padres? "Jn. 9, 2);
en otras palabras la enfermedad es por causa de sus pecados o de sus padres, manifestando de ésta manera la creencia de los judíos de que los pecados de los padres podrían ser castigado en sus descendientes(cf. Ex. 20, 5; Dt. 5, 9).
"Jesús recorría todas las ciudades y aldeas enseñando en sus sinagogas, proclamando la Buena Nueva del Reino y sanando toda enfermedad y dolencia" (Mt. 9, 35)
En Cristo el Reino de Dios está presente. El Reino de Dios trae el fin de todo mal y debilidad(cf. Lc. 5, 17-25( paralítico); 13, 11; Jn. 5, 14).
La misión de los apóstoles acentúa la atención especial que se ha de dedicaron los enfermos, y confirma el encargo de curarlo:
"Reunió a los Doce y comenzó a enviarlos de dos en dos, dándoles poder sobre los espíritus malos" – "Echaban muchos espíritus malos, y sanando a numerosos enfermos con una unción de aceite"(Mc. 6, 7. 13)
"Sanen los enfermos y díganles a la gente: el Reino de Dios ha llegado a ustedes"(Lc. 10, 9; cf. Mt. 10, 1)
En los evangelios no se encuentra ningún lugar en que Jesús se conformara sólo con una simple promesa, enseñando a sacar un provecho mayor del sufrimiento. Jesús se compadece, se pone al lado del enfermo y manda a sus discípulos(sus seguidores)que desarrollen una actividad viva de amor con relación a los que sufren(cf. Mt. 25, 34 – 45).
Según las palabras de Jesús, es él mismo que está en él que sufre; Cristo está en el enfermo:
"Estaba enfermo y fueron a visitarme"....."En verdad les digo que cuando lo hicieron con alguno de estos mis hermanos más pequeños, lo hicieron conmigo "(vs. 36. 40)
Jesús se identifica con aquellos a quienes se presta o se niega un servicio, de modo que el comportamiento con los hombres se convierte en comportamiento para con Dios. Se juzga al hombre a propósito de cosas que no está acostumbrado a considerar obligatorios.
En el plan de la acción, esto significa que el discípulo(el cristiano)de Cristo debe tener una actitud de amor hacia los enfermos. Ya no puede ser una actitud de desprecio como describe el Sal. 38, 12 y 88, 9:
"Mis llagas tienen alejadas a mis amigos y compañeros; mis familiares se quedan a distancia" – "Alejaste de mí a mis conocidos, me hiciste repugnante a ellos. Estoy encerrado y no puede salir; los ojos se me nublan de pesar",
sino se honra al enfermo: quien sirve al enfermo, sirve a Cristo. El enfermo es la imagen de Cristo mismo.
Frente a la enfermedad la actitud del cristiano debe ser:
1. - La vida(por tanto la salud)es un don de Dios que se debe vivir con la mayor plenitud posible.
2. - La enfermedad es un elemento constitutivo(es parte)del ser humano. Ella muestra la fragilidad, debilidad y mortalidad.
3. - El cristiano debe acoger esta situación de su ser humano con actitud de esperanza.
4. - Estando en la situación de enfermedad, el hombre tiene el derecho y el obligo de luchar contra la enfermedad a fin de recuperar la salud para poder vivir en bienestar que implica una buena salud.
5. - aceptar cristianamente la enfermedad no quiere decir que(siempre)se logra reestablecerse en salud; tampoco se pueda eliminar la enfermedad, porque es parte del ser humano.
6. - El enfermo es el rostro de Cristo a quien se sirve en sus necesidades corporales, materiales y espirituales.
Concretamente asistir al enfermo significa por parte de la comunidad cristiana(parroquial)que el enfermo no debe sentirse solo y excluido de la vida de la comunidad parroquial precisamente en un momento en que la necesita más que nunca como urgente ayuda. Al mismo tiempo, el enfermo presta una gran ayuda a la comunidad parroquial ofreciendo sus sufrimientos para aquella.
Sin embargo las formas concretas en que debe manifestarse esta mutua unión(enfermo – Parroquia; Parroquia– enfermo)debe buscarse y el Departamento de la Pastoral de Salud quiere dar una ayuda para poder encontrar una línea común en esta tarea y misión.
Equipo Pastoral de Salud de Osorno
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