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COMENTARIO DEL DOMINGO
2009
22.11.: EL DESAFÍO EDUCATIVO
Cuando inaugura la nueva sede del Instituto Pablo VI, el 09 de noviembre último, S.S. Benedicto XVI pronunció un discurso en que destacó la preocupación constante de su antecesor por el problema de la educación. Dado que el desafío así planteado adquiere especial relevancia en el Chile de hoy, he querido transmitir a todos mis hermanos osorninos, especialmente a padres y educadores, algunos conceptos del Santo Padre que, estimo, son aplicables plenamente a nuestra realidad.
Al iniciar la parte expositiva de sus palabras, nos dice: “Vivimos en tiempos en los que se advierte una verdadera <<emergencia educativa>>. Formar a las jóvenes generaciones, de las que depende el futuro, nunca ha sido fácil, pero en este tiempo nuestro parece aún más complejo. Lo saben bien los padres, los profesores, los sacerdotes y aquellos que detentan responsabilidades educativas. Se están difundiendo una atmósfera, una mentalidad y una forma de cultura que llevan a dudar del valor de la persona, del significado de la verdad y del bien, en último término, de la verdad de la vida. Y sin embargo se advierte con fuerza una difusa sed de certezas y de valores. Es necesario entonces transmitir a las futuras generaciones algo válido, reglas sólidas de comportamiento, indicar objetivos altos hacia los que orientar con decisión la propia existencia. Aumenta la demanda de una educación capaz de hacerse cargo de las esperanzas de la juventud; una educación que sea ante todo testimonio y, para el educador cristiano, testimonio de fe”.
Tomando palabras de Pablo VI, desarrolla estos conceptos: “para el Papa Montini el joven debe ser educado a juzgar el ambiente en el que vive y actúa, a considerarse como persona y no un número en la masa: en una palabra, se le debe ayudar a tener un <<pensamiento fuerte>>, capaz de una <<acción fuerte>>, evitando el peligro, que a veces corre, de anteponer la acción al pensamiento y de hacer de la experiencia la fuente de la verdad. Afirmó a propósito: <<la acción no puede ser luz de sí misma. Si no quiere inclinar al hombre a pensar como actúa, es necesario educarlo a actuar como piensa. También en el mundo cristiano, donde el amor, la caridad tiene importancia suprema, decisiva, no se puede prescindir de la luz de la verdad, que presenta al amor sus fines y sus motivos>>”.
Como se puede apreciar, para aquellos que se reconocen cristianos y para aquellos que no lo hacen, estos conceptos debieran ser básicos en el análisis de nuestra realidad educacional. Hago un llamado ferviente a todos sin distinción pero, especialmente, a mis hermanos en la fe, a que los mediten en profundidad, ya que si prescindimos de ellos, será muy difícil formar hombres y mujeres capacitados para construir el mundo mejor que todos anhelamos.