Aquí
encontrarás seis cuentos, acompañados de sus respectivas guías pedagógicas,
que
te pueden ayudar a mejorar o ampliar tu labor docente.
6. LA ADORACIÓN DE LOS TRES MENDIGOS
1. El centinela
Érase que se era un viejo pueblecito, presidido por
un castillo aún más viejo,
que estaban situados en la frontera de un país
lejano, al lado de un gran desierto.
Tanto el pueblo como el castillo eran muy aburridos,
porque raramente pasaba alguien cerca de ellos.
Alguna vez
se detenían a pernoctar extrañas caravanas, o caminantes solitarios,
pero, en cuanto se alimentaban y descansaban,
volvían a irse,
dejando a los
habitantes del pueblecito y del castillo con su diario aburrimiento.
Y así, hasta que un día llegó un mensaje del rey de la nación informando
de que,
en la corte, se
habían recibido noticias de que Dios en persona iba a venir a su país,
si bien aún no
se sabía qué ciudades y zonas visitaría.
Pero era probable que pasara por el
pueblecito.
Por si acaso, debían prepararse para recibirle
tal y como Dios se merecía.
Eso entusiasmó a las autoridades que mandaron reparar las calles,
limpiar las
fachadas, construir arcos triunfales, llenar de colgaduras los balcones
. Y, sobre todo,
nombraron centinela al más noble habitante de la aldea.
Este centinela
tendría la obligación de irse a vivir a la torre más alta del castillo y,
desde allí,
avizorar constantemente el horizonte,
para dar lo
antes posible la noticia de la llegada de Dios.
El centinela, feliz y orgulloso, se dispuso a permanecer firme en la torre con
los ojos abiertos.
¿Cómo será Dios? –se preguntaba.
¿Y cómo vendrá? ¿Tal vez con
un gran ejército?
¿Quizá con una corte de carros majestuosos?
En ese caso, se decía, será fácil adivinar su llegada cuando aún
esté lejos.
Pasaron los días y durante las veinticuatro horas no pensaba en
otra cosa
y permanecía en pie y con los ojos bien abiertos.
Pero cuando hubo pasado así algunos días y
noches, el sueño comenzó a rendirle
y pensó que tampoco
pasaría nada si daba unas cabezadas,
ya que Dios vendría precedido por sones de trompetas que,
en todo caso, le despertarían.
Y pasaron no solo los días, sino también las semanas.
La gente del pequeño pueblo regresó a su vida de cada día;
y comenzó a olvidarse
de la venida de Dios.
Hasta el propio centinela dormía ya tranquilo.
Pasaron meses e incluso años y ya nadie en el pueblo se acordaba.
Incluso la población
se fue instalando en tierras más prósperas.
Se quedó solo el centinela, aún subido en su torre,
esperando, aunque ya con una muy débil esperanza.
Y el centinela comenzó a pensar:
“¿Para qué va a venir Dios?
Si este pueblo nunca
tuvo interés alguno y ahora, vacío,
mucho menos. Y si
viniera al país,
¿Por qué iba a detenerse precisamente en este castillo tan
insignificante?”.
Pero como a él le habían dado esa orden
y como esa orden le
había levantado la esperanza,
su decisión de permanecer, era más fuerte que sus dudas.
Hasta que un día se dio cuenta de que, con el paso de los años...,
se había vuelto viejo y sus piernas se resistían a subir las
escaleras de la torre,
que ya apenas veía y que la muerte estaba acercándose.
“Me he pasado toda la vida esperando la
visita de Dios
y me voy a morir sin verle”, gritó el centinela.
De pronto, oyó una voz a sus espaldas que decía: “¿Pero es que no me conoces?”.
Entonces el centinela, aunque no veía a nadie, estalló de
alegría y dijo:
“¡Oh, ya estás aquí!
¿Por qué me has hecho esperar tanto?
Y ¿por dónde has
venido que yo no te visto?
La voz respondió: “Siempre he
estado cerca de ti, a tu lado; más aún: dentro de ti.
Has necesitado muchos años para
darte cuenta. Pero ahora ya lo sabes.
Éste es mi secreto: yo estoy
siempre con los que me esperan
y solo los que me esperan pueden
verme”
Y entonces
el alma del centinela se llenó de alegría.
Y viejo, casi muerto como estaba,
volvió a abrir los ojos y se quedó mirando amorosamente al
horizonte.
GUÍA DE TRABAJO
Lectura
Realizar la lectura del cuento en grupo. Es importante que
todos los presentes tengan una copia del texto.
Se pueden ir turnando dos o tres personas para leer el cuento
en voz alta.
Descubriendo el mensaje
¿Qué es lo más te llamó la atención del cuento?
En esta Navidad ¿Cuáles son tus esperanzas?
¿Cómo era el centinela?
¿Cómo era la gente del pueblo?
¿Cómo se dio cuenta el centinela de la presencia
de Dios?
Para hacer
Dibuja un comics ilustrando el cuento.
Crea un nuevo cuento basado en tus esperanzas.
Haz una dramatización del cuento con alguno de
tus compañeros.
Crea una canción o un poema inspirado en el
cuento.
Visita junto a tu profesor (a) un asilo de
ancianos para dar esperanzas a sus moradores
Compromiso para la vida
Sintetizar en una frase el mensaje del cuento para nuestra
vida.
Compartir con el grupo curso las distintas frases de
compromiso
Para terminar: la oración en común
Compartir oraciones espontáneas en común. A cada intención
acompañar diciendo:
“Yo estoy siempre con los que me
esperan”.
Terminamos la oración tomados de
las manos rezando el PADRE NUESTRO.
Era
la noche de Navidad. Un ángel se apareció a una familia rica
y le dijo a la dueña de la casa:
-
Te traigo una buena noticia:
esta
noche el Señor Jesús vendrá a visitar tu casa.
La
señora quedó entusiasmada:
Nunca había creído posible que en su casa
sucediese este milagro.
Trató de preparar una cena excelente para
recibir a Jesús
.
Encargó pollos, conservas y vino importados.
De
repente sonó el timbre. Era una mujer mal vestida, de rostro sufrido,
con
el vientre hinchado por un embarazo muy adelantado.
-
Señora, ¿no tendría algún trabajo para darme?
Estoy embarazada y tengo mucha necesidad del trabajo.
-
¿Pero esta es hora de molestar?
Vuelva otro día, respondió la dueña de la
casa.
Ahora estoy ocupada con la cena para una
importante visita.
Poco
después, un hombre, sucio de grasa, llamó a la puerta.
-
Señora, mi camión se ha arruinado aquí en la esquina.
-
¿Por casualidad no tendría usted
una
caja de herramientas que me pueda prestar?
La
señora, ocupada como estaba limpiando los vasos de cristal
y los platos de porcelana, se irritó mucho:
-
¿Usted piensa que mi casa es un taller mecánico?
¿Dónde se ha visto importunar a la gente así?
Por favor, no ensucie mi entrada con esos pies
inmundos.
La
anfitriona siguió preparando la cena: abrió latas de caviar,
puso
champaña en el refrigerador,
escogió
de la bodega los mejores vinos, preparó unos coctelitos.
Mientras
tanto alguien afuera batió las palmas.
Será que ahora llega Jesús, pensó ella
emocionada
y
con el corazón acelerado fue a abrir la puerta.
Pero
no era Jesús. Era un niño harapiento de la calle.
-
Señora, déme un plato de comida.
-
¿Cómo te voy a dar comida si todavía no hemos cenado?
Vuelve mañana, porque esta noche estoy muy
atareada.
Al
final, la cena estaba ya lista.
Toda
la familia emocionada esperaba la ilustre visita.
Sin embargo, pasaban las horas y Jesús no
parecía.
Cansados
de esperar empezaron a tomar los coctelitos,
que
al poco tiempo comenzaron a hacer efecto en los estómagos vacíos
y
el sueño hizo olvidar los pollos y los platos preparados.
A
la mañana siguiente, al despertar, la señora se encontró,
con
gran espanto frente a un ángel.
-
¿Un ángel puede mentir? Gritó ella. Lo preparé todo con esmero,
aguardé
toda la noche y Jesús no apareció. ¿Por qué me hizo esta broma?
-
No fui yo quien mentí, fue usted la que no tuvo ojos para ver, dijo
ángel.
GUÍA DE TRABAJO
Lectura
Realizar la lectura del cuento en grupo. Distribuye los
personajes para hacer más viva la lectura. Uno sería: el ángel, la dueña de
casa, mujer embarazada, el camionero y el niño harapiento
Descubriendo el mensaje
¿Qué es lo más te llamó
la atención del cuento?
¿Por qué los ojos de la señora no
descubrieron la visita de Jesús?
¿De qué te preocupas en Navidad?
¿Ves a Jesús en los más pobres?
¿Qué harás por los demás en esta
navidad?
Para hacer
Realiza una dramatización del
cuento.
Junto a tu familia lleva a tu
parroquia una caja de mercadería para una familia necesitada.
Compromiso para la vida
Sintetizar en una frase el mensaje del cuento para nuestra
vida.
Compartir con el grupo curso las distintas frases de
compromiso
Para terminar: la oración en común
Expresa en forma libre tus deseos a
Jesús.
3.
EL SUEÑO DE MARÍA
"Tuve un sueño José. No lo pude comprender, realmente no, pero creo
que se trataba del nacimiento de Nuestro Hijo. Creo que sí, era acerca de eso.
La gente estaba haciendo los preparativos con seis semanas de
anticipación.
Decoraban las casas y compraban ropa nueva. Salían de compras muchas
veces y adquirían elaborados regalos.
Era muy peculiar, ya que los
regalos no eran para nuestro Hijo. Los envolvían con hermosos papeles y los
ataban con preciosos moños, y todo lo colocaban debajo de un árbol.
Sí, un árbol, José, dentro de sus casas. Esta gente estaba decorando el
árbol también. Las ramas llenas de esferas y adornos que brillaban. Había una
figura en lo alto del árbol. Me parecía ver un ángel. ¡Oh! era verdaderamente
hermoso.
Toda la gente estaba feliz y sonriente. Todos estaban emocionados por los
regalos, se los intercambiaban unos con otros. José, no quedó alguno para
nuestro Hijo.
¿Sabes? creo que ni siquiera lo conocen, pues nunca mencionaron su
nombre. ¿No te parece extraño que la gente se meta en tantos problemas para
celebrar el cumpleaños de alguien que ni siquiera conocen?
Tuve la extraña sensación de que si nuestro hijo hubiera estado en la
celebración hubiese sido un intruso solamente. Todo estaba tan hermoso, José, y
todo el mundo tan feliz; pero yo sentí enormes ganas de llorar. Qué tristeza
para Jesús, no querer ser deseado en su propia fiesta de cumpleaños.
Estoy contenta porque sólo fue un sueño. Pero qué terrible José, si eso
hubiese sido realidad."
GUÍA DE TRABAJO
Lectura
Realizar la lectura del cuento en grupo en forma silenciosa.
Es importante que todos los presentes tengan una copia del texto.
Descubriendo el mensaje
¿Crees que el sueño de
María es una realidad en muchos hogares?
¿Te gustaría celebrar la Navidad
este año de forma diferente?
Descubre, ¿cuál es el sueño que
Dios tiene para ti?
Para hacer
Leer el cuento junto a tus padres y
hermanos y juntos pensar cómo recuperar el verdadero sentido de la navidad.
Haz, junto a tu familia, una lista
de nuevas acciones para celebrar esta navidad.
Revisar el sentido de los regalos
que hacemos.
Compromiso para la vida
El cuento nos dice: “¿No te parece
extraño que la gente se meta en tantos problemas para celebrar el cumpleaños de
alguien que ni siquiera conocen?
Comprométete a seguir conociendo a
Jesús. ¿No crees que ese sería el mejor regalo para Él?
Para terminar: la oración en común
Compartir oraciones espontáneas en común.
Terminamos la oración tomados de
las manos rezando el PADRE NUESTRO.
Se
dice que, cuando los pastores se alejaron y la quietud volvió, el niño del
pesebre levantó la cabeza y miró la puerta entreabierta. Un muchacho joven,
tímido, estaba allí, temblando y temeroso.
-Acércate
-le dijo Jesús- ¿Por qué tienes miedo?
-No
me atrevo… no tengo nada para darte.
-Me
gustaría que me des un regalo -dijo el recién nacido.
El
pequeño intruso enrojeció de vergüenza y balbuceó:
-De
verdad no tengo nada… nada es mío; si tuviera algo, algo mío, te lo daría…
mira.
Y
buscando en los bolsillos de su pantalón andrajoso, sacó una hoja de cuchillo
herrumbrada que había encontrado.
-Es
todo lo que tengo, si la quieres, te la doy…
-No
-contestó Jesús- guárdala. Querría que me dieras otra cosa. Me gustaría que me
hicieras tres regalos.
-Con
gusto -dijo el muchacho- pero ¿qué?
-Ofréceme
el último de tus dibujos.
El
chico, cohibido, enrojeció. Se acercó al pesebre y, para impedir que María y
José lo oyeran, murmuró algo al oído del Niño Jesús:
-No
puedo… mi dibujo es «re malo»… ¡nadie quiere mirarlo…!
-Justamente,
por eso yo lo quiero… siempre tienes que ofrecerme lo que los demás rechazan y
lo que no les gusta de ti. Además quisiera que me dieras tu plato.
-Pero…
¡lo rompí esta mañana! - tartamudeó el chico.
-Por
eso lo quiero… Debes ofrecerme siempre lo que está quebrado en tu vida, yo
quiero arreglarlo… Y ahora - insistió Jesús- repíteme la respuesta que le diste
a tus padres cuando te preguntaron cómo habías roto el plato.
El
rostro del muchacho se ensombreció; bajó la
cabeza avergonzado y, tristemente, murmuró:
-Les
mentí… Dije que el plato se me cayó de las manos, pero no era cierto… ¡Estaba
enojado y lo tiré con rabia!
-Eso
es lo que quería oírte decir -dijo Jesús- Dame siempre lo que hay de malo en tu
vida, tus mentiras, tus calumnias, tus cobardías y tus crueldades. Yo voy a
descargarte de ellas… No tienes necesidad de guardarlas… Quiero que seas feliz
y siempre voy a perdonarte tus faltas. A partir de hoy me gustaría que vinieras
todos los días a mi casa.
Ariel David Busso
Caminos de cielo limpio,
de Editorial Lumen
GUÍA DE TRABAJO
Lectura
Realizar la lectura del cuento en grupo. Es importante que
todos los presentes tengan una copia del texto.
Se pueden ir turnando dos o tres personas para leer el cuento
en voz alta.
Descubriendo el mensaje
¿Qué es lo que más te impactó del
cuento?
¿Le entregas todo lo tuyo a Jesús?
¿Eres capaz de mostrar tu miseria
frente a El?
Para hacer
Dibuja un comics ilustrando el
cuento.
Haz una dramatización del cuento
con alguno de tus compañeros.
Si tienes problemas con alguna
persona, trata de ponerte bien con ella.
Busca un espacio de silencio y
descubre cuáles son tus miedos.
Compromiso para la vida
Jesús nos perdona en el sacramento
de la Reconciliación.
¿No crees que sería bueno antes de
la Navidad, acercarte a El en ese sacramento?
Jesús también te invita a un
compromiso de oración diario.
Para terminar: la oración en común
Compartir oraciones espontáneas en común.
Terminamos la oración tomados de
las manos rezando el PADRE NUESTRO.
5. EN EL DÍA DE MI CUMPLEAÑOS
Como sabrás nos acercamos nuevamente a la fecha de
mi cumpleaños, todos los años se hace una gran fiesta en mi honor y creo que
este año sucederá lo mismo.
En estos días la gente hace muchas compras, hay anuncios
en el radio, en la televisión y por todas partes no se habla de otra cosa, sino
de lo poco que falta para que llegue el día.
La verdad, es agradable saber, que al menos, un día
al año algunas personas piensan un poco en mi. Como tu sabes, hace muchos años
que comenzaron a festejar mi cumpleaños, al principio no parecían comprender y
agradecer lo mucho que hice por ellos, pero hoy en día nadie sabe para que lo
celebran. La gente se reúne y se divierte mucho pero no saben de qué se trata.
Recuerdo el año pasado al llegar el día de mi
cumpleaños, hicieron una gran fiesta en mi honor; pero sabes una cosa, ni
siquiera me invitaron. Yo era el invitado de honor y ni siquiera se acordaron
de invitarme, la fiesta era para mí y cuando llegó el gran día me dejaron
afuera, me cerraron la puerta.
Y yo quería compartir la mesa con ellos!
(Apocalipsis 3,20).
La verdad no me sorprendió, porque en los últimos
años todos me cierran las puertas. Como no me invitaron, se me ocurrió estar
sin hacer ruido, entré y me quedé en un rincón. Estaban todos bebiendo, había
algunos borrachos, contando chistes, riéndose a carcajadas. La estaban pasando
en grande, para colmo llegó un viejo gordo, vestido de rojo, de barba blanca y
gritando: "JO JO JO JO", parecía que había bebido de mas, se dejó
caer pesadamente en un sillón y todos los niños corrieron hacia él, diciendo
" SANTA CLAUS" "SANTA CLAUS" como si la fiesta fuera en su
honor!
Llegaron las doce de la noche y todos comenzaron a
abrazarse, yo extendí mis brazos esperando que alguien me abrazara. Y ¿sabes?,
nadie me abrazó. Comprendí entonces que yo sobraba en esa fiesta, salí sin
hacer ruido, cerré la puerta y me retiré.
Tal vez crean que yo nunca lloro, pero esa noche
lloré, me sentía destruido, como un ser abandonado, triste y olvidado.
Me llegó tan hondo que al pasar por tu casa, tú y tu
familia me invitaron a pasar, además me trataron como a un rey, tú y tu familia
realizaron una verdadera fiesta en la cual yo era el invitado de honor, además
me cantaron las mañanitas; hacia tiempo que a nadie se le ocurría hacer eso.
Que DIOS bendiga a todas las familias como la tuya, yo jamás dejo de estar en
ellas en ese día y todos los días.
También me conmovió el pesebre que pusieron en un
rincón de tu casa. ¿Sabías que hay países que se esta prohibiendo poner
nacimientos? Hasta lo consideran ilegal. ¿A donde ira a parar este mundo?
Otra cosa que me asombra es que el día de mi
cumpleaños en lugar de hacerme regalos a mí, se regalan unos a otros. ¿Tú que
sentirías si el día de tu cumpleaños, se hicieran regalos unos a otros y a ti
no te regalaran nada?.
Una vez alguien me dijo: ¿Cómo te voy a regalar algo
si a ti nunca te veo? Ya te imaginaras lo que le dije: Regala comida, ropa y
ayuda a los pobres, visita a los enfermos a los que están solos y yo los
contaré como si me lo hubieran hecho a mí (Mat.-25,34-40)
Cada año que pasa es peor, la gente sólo piensa en
las compras y los regalos, y de mí ni se acuerdan...
Probablemente así hablaría JESUCRISTO
Por eso, VIVE verdaderamente esta Navidad!
GUÍA DE TRABAJO
Lectura
Realizar la lectura del cuento en grupo. Es importante que
todos los presentes tengan una copia del texto.
Se pueden ir turnando dos o tres personas para leer el cuento
en voz alta.
Descubriendo el mensaje
¿Qué es lo más te llamó la atención
del cuento?
¿Cómo te voy a regalar algo si a ti
nunca te veo? ¿Qué opinas de esto?
“La gente sólo piensa en las compras y los regalos, y de mí
ni se acuerdan...” ¿Vives en profundidad la Navidad?
La fiesta era para mí y cuando llegó el gran día me dejaron
afuera, me cerraron la puerta. ¿Cómo se vive esto en tu familia?
Para hacer
Junto con tu familia construye un hermoso pesebre y colócalo
en un lugar muy importante de tu casa.
Júntate con algunos compañeros y preparen queques y llévenlos
a un lugar de niños o ancianos.
Hacer un pesebre en tu sala de clases, que sea confeccionado
por todos,
Compromiso para la vida
Vivir más austeramente la Navidad, centrado en lo principal.
Adquirir un compromiso de visitas mensuales a un hogar de
niños necesitados.
Para terminar: la oración en común
Junto al Pesebre expresarle tus deseos a Jesús y darle
gracias por todo lo que te ha regalado a través del año.
6. LA ADORACIÓN DE LOS TRES MENDIGOS
Los reyes magos apenas salían del pesebre de Belén,
donde habían ofrecido al niño Dios oro, incienso y mirra; se fueron por otro
camino al regresar a su país, como lo había pedido el Ángel. Entonces se
presentaron tres personas... Extraños, solos sin cortejo, no había parecer en
ellos, ni hermosura: enfermos, fatigados, cubiertos de tanto barro y polvo que
nadie podía decir de qué raza y país eran.
El primero tenía harapos, parecía sediento y
hambriento, la mirada cansada por las privaciones.
El segundo caminaba torcido, trayendo cadenas
pesadas en sus pies y en sus brazos. Llevaba en su cuerpo heridas profundas y
marcas de su cárcel.
El último tenía el un cabello largo y sucio, ojos
desfallecidos, buscando alivio.
Los vecinos del pesebre habían visto varios
visitantes, pero estos les asustaban. En verdad, cada uno se sentía pobre y
miserable, pero estos extranjeros mucho más.¡¡Nos dan miedo!!...¡Que no entren
y se presenten al niño! No!! Hay que impedir eso!... Y se postraron delante de
la puerta como para protegerla. Además. No llevaban consigo ningún regalo. Tal
vez querían mendigar o quien sabe, robar!!! Todos habían oído hablar del oro, y
se sabe que el oro atrae ladrones... ¡Cuidado!
Entonces se abrió la puerta y apareció San José
afuera. - ¡Hola José!... Ten cuidado, aquí esta mala gente que quiere entrar.
No les dejes penetrar en el pesebre de la Navidad!!... Eso no se puede
imaginar!
-¡¡Callad!! Cada hombre puede presentarse delante
del niño, sea pobre o rico, necesitado o magnífico, feo o hermoso, digno de
confianza o de mala apariencia. El niño no pertenece a nadie en particular, ni
siquiera a sus padres. Dejen entrar a estos viajeros... Entonces abrieron un
camino estrecho. José les acogió y dejó la puerta abierta. Todos empujaban uno
al otro para ver lo que habría de suceder. Unos se dijeron: pues, nosotros
tampoco somos brillantes...
Los tres necesitados estaban inmóviles, callados
delante del niño Dios. Y de verdad, nadie podía decir cuál de los cuatro era
más pobre: el niño acostado en la paja del pesebre o los tres contemplándolo.
El hambriento, el prisionero o el extraviado, todos vivían en la misma pobreza.
Luego José se dirigió hacia un lugar donde había
colocado los regalos ricos de los reyes magos. La gente afuera empezó a
murmurar de indignación: ...No va a hacerlo! No tiene derecho! El oro, el
perfume y el bálsamo pertenecen al niño!...
José no se dejó impresionar: le está ofreciendo el
oro al hambriento desnudo, la mirra al prisionero herido, el incienso al
tercero tan triste y tan desviado.
Dijo al primero: -Tú necesitas oro; cómprate
vestidos decentes y comida. Yo soy carpintero, puedo sostener a mi familia con
mi trabajo... Al segundo dijo: -No puedo romper tus cadenas, pero toma el
bálsamo para aliviar tus heridas... Y al tercero le dijo: -Para ti, el
incienso. Cuando suba el humo oloroso, estarás menos triste y desamparado. Ese
incienso aliviará tu espíritu entristecido...
La gente estaba furiosa. Todo lo regaló, lo gastó en
esos mendigos. Despojó al niño. ¡¡ Es un escándalo!!
Pero el hambriento respondió: -Gracias por el oro.
Pero mira. Si me voy a hacer compras con mis bolsillos llenos de oro, el
comerciante creerá que soy un ladrón. Nunca he tenido riqueza. Quédate con el
oro, te servirá.
El segundo dijo: -Hace mucho tiempo que mis miembros
me duelen. Ahora me acostumbré. Aprendí a soportar el dolor. Pero cuando el
niño se hiera, podrás curarlo con la mirra.
El tercero dijo: -Pertenezco al mundo de los
pensamientos. He estudiado tantas filosofías y religiones. He pensado, buscado,
preguntado, hablado. Ahora no sé dónde está Dios en medio de todo esto. ¿Qué
puede para mí el humo del incienso?, Sería un pocito más de humo. Me perdí, no
sé, no encuentro al Señor.
La gente y José estaban atónitos. Sólo el niño
estaba tranquilo, con sus ojitos abiertos, mirando a todos, a sus padres, los
mendigos y la gente.
Luego pasó una cosa extraña. El primero dejó su
abrigo envejecido y remendado a los pies del recién nacido, el prisionero
colocó sus cadenas, el desviado su mirada perdida, y dijeron a Jesús: -Tómalos.
Acepta. Un día necesitarás un abrigo roto cuando estés desnudo. Un día
necesitarás un bálsamo para curar tus heridas sangrientas. Necesitarás cadenas
cuando te traigan deshonrado como un timador. Acuérdate de mí en ese día. Quita
mi duda, mi terror, mi vergüenza, porque me encuentro alejado de Dios. No puedo
llevarlo solo. Es demasiado pesado. Ayúdame. Grita conmigo nuestra común
desesperación, que Dios lo oiga, que el mundo lo entienda, cuándo llegará la
hora para ti?
José quiso proteger al niño, echar fuera los
mendigos y sus malditos regalos. La gente gritaba. Pero no pudieron hacer nada.
El abrigo, las cadenas, el terror estaban como pegados al niño Dios. Y Jesús
estaba tranquilo y atento, con los ojos mirando a los pobres y sus regalos.
Se hizo un silencio largo, largísimo. Por fin se
levantaron; sacudieron sus miembros, como liberados de una carga.
Sabían entonces que en las manos de ese niño se
puede colocar todo: la pobreza, los sufrimientos, la tristeza por estar lejos
de Dios.
La mirada clara y firme esperanza, salieron del
pesebre, consolados y fortalecidos en sus necesidades: la habían compartido con
su Dios.
Padre Pierre Fresson
GUÍA DE TRABAJO
Lectura
Realizar la lectura del cuento en grupo. Es importante que
todos los presentes tengan una copia del texto.
Se pueden ir turnando dos o tres personas para leer el cuento
en voz alta.
Descubriendo el mensaje
¿Por qué la gente se oponía dejar
entrar a estos hombres?
¿Qué te parece el actuar de José?
¿Cómo actuarías tú en su lugar?
¿Te da vergüenza de mostrarle tus
miserias a Jesús?
¿Te das cuenta que Él puede curar
tus heridas?
Para hacer
Confeccionar un pesebre para tu sala de clases.
Hacer un acto solidario cada día de Adviento, por ejemplo:
regalar una sonrisa.
Compromiso para la vida
Sabían entonces que en las manos de ese niño se
puede colocar todo: la pobreza, los sufrimientos, la tristeza por estar lejos
de Dios.
La mirada clara y firme esperanza, salieron del
pesebre, consolados y fortalecidos en sus necesidades: la habían compartido con
su Dios.
Haz tú lo mismo.
Para terminar: la oración en común
Junto al Pesebre expresarle tus deseos a Jesús y darle
gracias por todo lo que te ha regalado a través del año.