Cuentos de Adviento y Navidad

 

Aquí encontrarás seis cuentos, acompañados de sus respectivas guías pedagógicas,

que te pueden ayudar a mejorar o ampliar tu labor docente.

 

1. EL CENTINELA

2 ERA UNA NOCHE DE NAVIDAD

3. EL SUEÑO DE MARÍA

4. LA NAVIDAD NO ES UN CUENTO

5. EN EL DÍA DE MI CUMPLEAÑOS

6. LA ADORACIÓN DE LOS TRES MENDIGOS

 

 

1. El centinela

 

Érase que se era un viejo pueblecito, presidido por un castillo aún más viejo,

que estaban situados en la frontera de un país lejano, al lado de un gran desierto.
Tanto el pueblo como el castillo eran muy aburridos,

porque raramente pasaba alguien cerca de ellos.

 Alguna vez se detenían a pernoctar extrañas caravanas, o caminantes solitarios,

 pero, en cuanto se alimentaban y descansaban, volvían a irse,

dejando a los habitantes del pueblecito y del castillo con su diario aburrimiento.
 Y así, hasta que un día llegó un mensaje del rey de la nación informando de que,

en la corte, se habían recibido noticias de que Dios en persona iba a venir a su país,

si bien aún no se sabía qué ciudades y zonas visitaría.

 Pero era probable que pasara por el pueblecito.

 Por si acaso, debían prepararse para recibirle tal y como Dios se merecía.
 Eso entusiasmó a las autoridades que mandaron reparar las calles,

limpiar las fachadas, construir arcos triunfales, llenar de colgaduras los balcones

. Y, sobre todo, nombraron centinela al más noble habitante de la aldea.

Este centinela tendría la obligación de irse a vivir a la torre más alta del castillo y,

desde allí, avizorar constantemente el horizonte,

para dar lo antes posible la noticia de la llegada de Dios.
El centinela, feliz y orgulloso, se dispuso a permanecer firme en la torre con los ojos abiertos.
¿Cómo será Dios?
–se preguntaba.

 ¿Y cómo vendrá? ¿Tal vez con un gran ejército?

¿Quizá con una corte de carros majestuosos?

En ese caso, se decía, será fácil adivinar su llegada cuando aún esté lejos.

Pasaron los días y durante las veinticuatro horas no pensaba en otra cosa

y permanecía en pie y con los ojos bien abiertos.
      Pero cuando hubo pasado así algunos días y noches, el sueño comenzó a rendirle

 y pensó que tampoco pasaría nada si daba unas cabezadas,

ya que Dios vendría precedido por sones de trompetas que,

en todo caso, le despertarían.
Y pasaron no solo los días, sino también las semanas.

La gente del pequeño pueblo regresó a su vida de cada día;

 y comenzó a olvidarse de la venida de Dios.

Hasta el propio centinela dormía ya tranquilo.
Pasaron meses e incluso años y ya nadie en el pueblo se acordaba.

 Incluso la población se fue instalando en tierras más prósperas.

Se quedó solo el centinela, aún subido en su torre,

esperando, aunque ya con  una muy débil esperanza.
Y el centinela comenzó a pensar:
 “¿Para qué va a venir Dios?

 Si este pueblo nunca tuvo interés alguno y ahora, vacío,

 mucho menos. Y si viniera al país,

¿Por qué iba a detenerse precisamente en este castillo tan insignificante?”.
Pero como a él le habían dado esa orden

 y como esa orden le había levantado la esperanza,

su decisión de permanecer, era más fuerte que sus dudas.
 Hasta que un día se dio cuenta de que, con el paso de los años...,

se había vuelto viejo y sus piernas se resistían a subir las escaleras de la torre,

que ya apenas veía y que la muerte estaba acercándose.
        “Me he pasado toda la vida esperando la visita de Dios

y me voy a morir sin verle”, gritó el centinela.

De pronto, oyó una voz a sus espaldas que decía: “¿Pero es que no me conoces?”.

Entonces el centinela, aunque no veía a nadie, estalló de alegría y dijo:

 “¡Oh, ya estás aquí! ¿Por qué me has hecho esperar tanto?

 Y ¿por dónde has venido que yo no te visto?
 La voz respondió: “Siempre he estado cerca de ti, a tu lado; más aún: dentro de ti.

Has necesitado muchos años para darte cuenta. Pero ahora ya lo sabes.

Éste es mi secreto: yo estoy siempre con los que me esperan

y solo los que me esperan pueden verme”
Y entonces el alma del centinela se llenó de alegría.

Y viejo, casi muerto como estaba,

volvió a abrir los ojos y se quedó mirando amorosamente al horizonte.

 

GUÍA DE TRABAJO

Lectura

Realizar la lectura del cuento en grupo. Es importante que todos los presentes tengan una copia del texto.

Se pueden ir turnando dos o tres personas para leer el cuento en voz alta.

Descubriendo el mensaje

¿Qué es lo más te llamó la atención del cuento?

En esta Navidad ¿Cuáles son tus esperanzas?

¿Cómo era el centinela?

¿Cómo era la gente del pueblo?

¿Cómo se dio cuenta el centinela de la presencia de Dios?

Para hacer

Dibuja un comics ilustrando el cuento.

Crea un nuevo cuento basado en tus esperanzas.

Haz una dramatización del cuento con alguno de tus compañeros.

Crea una canción o un poema inspirado en el cuento.

Visita junto a tu profesor (a) un asilo de ancianos para dar esperanzas a sus moradores

Compromiso para la vida

Sintetizar en una frase el mensaje del cuento para nuestra vida.

Compartir con el grupo curso las distintas frases de compromiso

Para terminar: la oración en común

Compartir oraciones espontáneas en común. A cada intención acompañar diciendo:

“Yo estoy siempre con los que me esperan”.

Terminamos la oración tomados de las manos rezando el PADRE NUESTRO.

 

 

2. Era la noche de navidad

 

Era la noche de Navidad. Un ángel se apareció a una familia rica

 y le dijo a la dueña de la casa:

- Te traigo una buena noticia:

esta noche el Señor Jesús vendrá a visitar tu casa.

La señora quedó entusiasmada:

 Nunca había creído posible que en su casa sucediese este milagro.

 Trató de preparar una cena excelente para recibir a Jesús

. Encargó pollos, conservas y vino importados.

De repente sonó el timbre. Era una mujer mal vestida, de rostro sufrido,

con el vientre hinchado por un embarazo muy adelantado.

- Señora, ¿no tendría algún trabajo para darme?
Estoy embarazada y tengo mucha necesidad del trabajo.

- ¿Pero esta es hora de molestar?

 Vuelva otro día, respondió la dueña de la casa.

 Ahora estoy ocupada con la cena para una importante visita.

Poco después, un hombre, sucio de grasa, llamó a la puerta.

-         Señora, mi camión se ha arruinado aquí en la esquina.

-         ¿Por casualidad no tendría usted

una caja de herramientas que me pueda prestar?

La señora, ocupada como estaba limpiando los vasos de cristal

 y los platos de porcelana, se irritó mucho:

- ¿Usted piensa que mi casa es un taller mecánico?

 ¿Dónde se ha visto importunar a la gente así?

 Por favor, no ensucie mi entrada con esos pies inmundos.

La anfitriona siguió preparando la cena: abrió latas de caviar,

puso champaña en el refrigerador,

escogió de la bodega los mejores vinos, preparó unos coctelitos.

Mientras tanto alguien afuera batió las palmas.

 Será que ahora llega Jesús, pensó ella emocionada

y con el corazón acelerado fue a abrir la puerta.

Pero no era Jesús. Era un niño harapiento de la calle.

- Señora, déme un plato de comida.

- ¿Cómo te voy a dar comida si todavía no hemos cenado?

 Vuelve mañana, porque esta noche estoy muy atareada.

Al final, la cena estaba ya lista.

Toda la familia emocionada esperaba la ilustre visita.

 Sin embargo, pasaban las horas y Jesús no parecía.

Cansados de esperar empezaron a tomar los coctelitos,

que al poco tiempo comenzaron a hacer efecto en los estómagos vacíos

y el sueño hizo olvidar los pollos y los platos preparados.

A la mañana siguiente, al despertar, la señora se encontró,

con gran espanto frente a un ángel.

- ¿Un ángel puede mentir? Gritó ella. Lo preparé todo con esmero,

aguardé toda la noche y Jesús no apareció. ¿Por qué me hizo esta broma?

-         No fui yo quien mentí, fue usted la que no tuvo ojos para ver, dijo ángel.

 

GUÍA DE TRABAJO

Lectura

Realizar la lectura del cuento en grupo. Distribuye los personajes para hacer más viva la lectura. Uno sería: el ángel, la dueña de casa, mujer embarazada, el camionero y el niño harapiento

Descubriendo el mensaje

¿Qué es lo más te llamó la atención del cuento?

¿Por qué los ojos de la señora no descubrieron la visita de Jesús?

¿De qué te preocupas en Navidad?

¿Ves a Jesús en los más pobres?

¿Qué harás por los demás en esta navidad?

Para hacer

Realiza una dramatización del cuento.

Junto a tu familia lleva a tu parroquia una caja de mercadería para una familia necesitada.

Compromiso para la vida

Sintetizar en una frase el mensaje del cuento para nuestra vida.

Compartir con el grupo curso las distintas frases de compromiso

Para terminar: la oración en común

Expresa en forma libre tus deseos a Jesús.

 

 

 

3. EL SUEÑO DE MARÍA

"Tuve un sueño José. No lo pude comprender, realmente no, pero creo que se trataba del nacimiento de Nuestro Hijo. Creo que sí, era acerca de eso.

La gente estaba haciendo los preparativos con seis semanas de anticipación.

Decoraban las casas y compraban ropa nueva. Salían de compras muchas veces y adquirían elaborados regalos.

 Era muy peculiar, ya que los regalos no eran para nuestro Hijo. Los envolvían con hermosos papeles y los ataban con preciosos moños, y todo lo colocaban debajo de un árbol.

Sí, un árbol, José, dentro de sus casas. Esta gente estaba decorando el árbol también. Las ramas llenas de esferas y adornos que brillaban. Había una figura en lo alto del árbol. Me parecía ver un ángel. ¡Oh! era verdaderamente hermoso.

Toda la gente estaba feliz y sonriente. Todos estaban emocionados por los regalos, se los intercambiaban unos con otros. José, no quedó alguno para nuestro Hijo.

¿Sabes? creo que ni siquiera lo conocen, pues nunca mencionaron su nombre. ¿No te parece extraño que la gente se meta en tantos problemas para celebrar el cumpleaños de alguien que ni siquiera conocen?

Tuve la extraña sensación de que si nuestro hijo hubiera estado en la celebración hubiese sido un intruso solamente. Todo estaba tan hermoso, José, y todo el mundo tan feliz; pero yo sentí enormes ganas de llorar. Qué tristeza para Jesús, no querer ser deseado en su propia fiesta de cumpleaños.

Estoy contenta porque sólo fue un sueño. Pero qué terrible José, si eso hubiese sido realidad."

GUÍA DE TRABAJO

Lectura

Realizar la lectura del cuento en grupo en forma silenciosa. Es importante que todos los presentes tengan una copia del texto.

Descubriendo el mensaje

¿Crees que el sueño de María es una realidad en muchos hogares?

¿Te gustaría celebrar la Navidad este año de forma diferente?

Descubre, ¿cuál es el sueño que Dios tiene para ti?

Para hacer

Leer el cuento junto a tus padres y hermanos y juntos pensar cómo recuperar el verdadero sentido de la navidad.

Haz, junto a tu familia, una lista de nuevas acciones para celebrar esta navidad.

Revisar el sentido de los regalos que hacemos.

Compromiso para la vida

El cuento nos dice: “¿No te parece extraño que la gente se meta en tantos problemas para celebrar el cumpleaños de alguien que ni siquiera conocen?

Comprométete a seguir conociendo a Jesús. ¿No crees que ese sería el mejor regalo para Él?

Para terminar: la oración en común

Compartir oraciones espontáneas en común.

Terminamos la oración tomados de las manos rezando el PADRE NUESTRO.

 

4. LA NAVIDAD NO ES UN CUENTO

Se dice que, cuando los pastores se alejaron y la quietud volvió, el niño del pesebre levantó la cabeza y miró la puerta entreabierta. Un muchacho joven, tímido, estaba allí, temblando y temeroso.

-Acércate -le dijo Jesús- ¿Por qué tienes miedo?

-No me atrevo… no tengo nada para darte.

-Me gustaría que me des un regalo -dijo el recién nacido.

El pequeño intruso enrojeció de vergüenza y balbuceó:

-De verdad no tengo nada… nada es mío; si tuviera algo, algo mío, te lo daría… mira.

Y buscando en los bolsillos de su pantalón andrajoso, sacó una hoja de cuchillo herrumbrada que había encontrado.

-Es todo lo que tengo, si la quieres, te la doy…

-No -contestó Jesús- guárdala. Querría que me dieras otra cosa. Me gustaría que me hicieras tres regalos.

-Con gusto -dijo el muchacho- pero ¿qué?

-Ofréceme el último de tus dibujos.

El chico, cohibido, enrojeció. Se acercó al pesebre y, para impedir que María y José lo oyeran, murmuró algo al oído del Niño Jesús:

-No puedo… mi dibujo es «re malo»… ¡nadie quiere mirarlo…!

-Justamente, por eso yo lo quiero… siempre tienes que ofrecerme lo que los demás rechazan y lo que no les gusta de ti. Además quisiera que me dieras tu plato.

-Pero… ¡lo rompí esta mañana! - tartamudeó el chico.

-Por eso lo quiero… Debes ofrecerme siempre lo que está quebrado en tu vida, yo quiero arreglarlo… Y ahora - insistió Jesús- repíteme la respuesta que le diste a tus padres cuando te preguntaron cómo habías roto el plato.

El rostro del muchacho se ensombreció; bajó la  cabeza avergonzado y, tristemente, murmuró:

-Les mentí… Dije que el plato se me cayó de las manos, pero no era cierto… ¡Estaba enojado y lo tiré con rabia!

-Eso es lo que quería oírte decir -dijo Jesús- Dame siempre lo que hay de malo en tu vida, tus mentiras, tus calumnias, tus cobardías y tus crueldades. Yo voy a descargarte de ellas… No tienes necesidad de guardarlas… Quiero que seas feliz y siempre voy a perdonarte tus faltas. A partir de hoy me gustaría que vinieras todos los días a mi casa.

Ariel David Busso

Caminos de cielo limpio, de Editorial Lumen

GUÍA DE TRABAJO

Lectura

Realizar la lectura del cuento en grupo. Es importante que todos los presentes tengan una copia del texto.

Se pueden ir turnando dos o tres personas para leer el cuento en voz alta.

Descubriendo el mensaje

¿Qué es lo que más te impactó del cuento?

¿Le entregas todo lo tuyo a Jesús?

¿Eres capaz de mostrar tu miseria frente a El?

Para hacer

Dibuja un comics ilustrando el cuento.

Haz una dramatización del cuento con alguno de tus compañeros.

Si tienes problemas con alguna persona, trata de ponerte bien con ella.

Busca un espacio de silencio y descubre cuáles son tus miedos.

Compromiso para la vida

Jesús nos perdona en el sacramento de la Reconciliación.

¿No crees que sería bueno antes de la Navidad, acercarte a El en ese sacramento?

Jesús también te invita a un compromiso de oración diario.

Para terminar: la oración en común

Compartir oraciones espontáneas en común.

Terminamos la oración tomados de las manos rezando el PADRE NUESTRO.

 

 

5. EN EL DÍA DE MI CUMPLEAÑOS

 

Como sabrás nos acercamos nuevamente a la fecha de mi cumpleaños, todos los años se hace una gran fiesta en mi honor y creo que este año sucederá lo mismo.

En estos días la gente hace muchas compras, hay anuncios en el radio, en la televisión y por todas partes no se habla de otra cosa, sino de lo poco que falta para que llegue el día.

La verdad, es agradable saber, que al menos, un día al año algunas personas piensan un poco en mi. Como tu sabes, hace muchos años que comenzaron a festejar mi cumpleaños, al principio no parecían comprender y agradecer lo mucho que hice por ellos, pero hoy en día nadie sabe para que lo celebran. La gente se reúne y se divierte mucho pero no saben de qué se trata.

Recuerdo el año pasado al llegar el día de mi cumpleaños, hicieron una gran fiesta en mi honor; pero sabes una cosa, ni siquiera me invitaron. Yo era el invitado de honor y ni siquiera se acordaron de invitarme, la fiesta era para mí y cuando llegó el gran día me dejaron afuera, me cerraron la puerta.

Y yo quería compartir la mesa con ellos! (Apocalipsis 3,20).

La verdad no me sorprendió, porque en los últimos años todos me cierran las puertas. Como no me invitaron, se me ocurrió estar sin hacer ruido, entré y me quedé en un rincón. Estaban todos bebiendo, había algunos borrachos, contando chistes, riéndose a carcajadas. La estaban pasando en grande, para colmo llegó un viejo gordo, vestido de rojo, de barba blanca y gritando: "JO JO JO JO", parecía que había bebido de mas, se dejó caer pesadamente en un sillón y todos los niños corrieron hacia él, diciendo " SANTA CLAUS" "SANTA CLAUS" como si la fiesta fuera en su honor!

Llegaron las doce de la noche y todos comenzaron a abrazarse, yo extendí mis brazos esperando que alguien me abrazara. Y ¿sabes?, nadie me abrazó. Comprendí entonces que yo sobraba en esa fiesta, salí sin hacer ruido, cerré la puerta y me retiré.

Tal vez crean que yo nunca lloro, pero esa noche lloré, me sentía destruido, como un ser abandonado, triste y olvidado.

Me llegó tan hondo que al pasar por tu casa, tú y tu familia me invitaron a pasar, además me trataron como a un rey, tú y tu familia realizaron una verdadera fiesta en la cual yo era el invitado de honor, además me cantaron las mañanitas; hacia tiempo que a nadie se le ocurría hacer eso. Que DIOS bendiga a todas las familias como la tuya, yo jamás dejo de estar en ellas en ese día y todos los días.

También me conmovió el pesebre que pusieron en un rincón de tu casa. ¿Sabías que hay países que se esta prohibiendo poner nacimientos? Hasta lo consideran ilegal. ¿A donde ira a parar este mundo?

Otra cosa que me asombra es que el día de mi cumpleaños en lugar de hacerme regalos a mí, se regalan unos a otros. ¿Tú que sentirías si el día de tu cumpleaños, se hicieran regalos unos a otros y a ti no te regalaran nada?.

Una vez alguien me dijo: ¿Cómo te voy a regalar algo si a ti nunca te veo? Ya te imaginaras lo que le dije: Regala comida, ropa y ayuda a los pobres, visita a los enfermos a los que están solos y yo los contaré como si me lo hubieran hecho a mí (Mat.-25,34-40)

Cada año que pasa es peor, la gente sólo piensa en las compras y los regalos, y de mí ni se acuerdan...

Probablemente así hablaría JESUCRISTO

Por eso, VIVE verdaderamente esta Navidad!

GUÍA DE TRABAJO

Lectura

Realizar la lectura del cuento en grupo. Es importante que todos los presentes tengan una copia del texto.

Se pueden ir turnando dos o tres personas para leer el cuento en voz alta.

Descubriendo el mensaje

¿Qué es lo más te llamó la atención del cuento?

¿Cómo te voy a regalar algo si a ti nunca te veo? ¿Qué opinas de esto?

“La gente sólo piensa en las compras y los regalos, y de mí ni se acuerdan...” ¿Vives en profundidad la Navidad?

La fiesta era para mí y cuando llegó el gran día me dejaron afuera, me cerraron la puerta. ¿Cómo se vive esto en tu familia?

Para hacer

Junto con tu familia construye un hermoso pesebre y colócalo en un lugar muy importante de tu casa.

Júntate con algunos compañeros y preparen queques y llévenlos a un lugar de niños o ancianos.

Hacer un pesebre en tu sala de clases, que sea confeccionado por todos,

Compromiso para la vida

Vivir más austeramente la Navidad, centrado en lo principal.

Adquirir un compromiso de visitas mensuales a un hogar de niños necesitados.

Para terminar: la oración en común

Junto al Pesebre expresarle tus deseos a Jesús y darle gracias por todo lo que te ha regalado a través del año.

 

6. LA ADORACIÓN DE LOS TRES MENDIGOS

Los reyes magos apenas salían del pesebre de Belén, donde habían ofrecido al niño Dios oro, incienso y mirra; se fueron por otro camino al regresar a su país, como lo había pedido el Ángel. Entonces se presentaron tres personas... Extraños, solos sin cortejo, no había parecer en ellos, ni hermosura: enfermos, fatigados, cubiertos de tanto barro y polvo que nadie podía decir de qué raza y país eran.

El primero tenía harapos, parecía sediento y hambriento, la mirada cansada por las privaciones.

El segundo caminaba torcido, trayendo cadenas pesadas en sus pies y en sus brazos. Llevaba en su cuerpo heridas profundas y marcas de su cárcel.

El último tenía el un cabello largo y sucio, ojos desfallecidos, buscando alivio.

Los vecinos del pesebre habían visto varios visitantes, pero estos les asustaban. En verdad, cada uno se sentía pobre y miserable, pero estos extranjeros mucho más.¡¡Nos dan miedo!!...¡Que no entren y se presenten al niño! No!! Hay que impedir eso!... Y se postraron delante de la puerta como para protegerla. Además. No llevaban consigo ningún regalo. Tal vez querían mendigar o quien sabe, robar!!! Todos habían oído hablar del oro, y se sabe que el oro atrae ladrones... ¡Cuidado!

Entonces se abrió la puerta y apareció San José afuera. - ¡Hola José!... Ten cuidado, aquí esta mala gente que quiere entrar. No les dejes penetrar en el pesebre de la Navidad!!... Eso no se puede imaginar!

-¡¡Callad!! Cada hombre puede presentarse delante del niño, sea pobre o rico, necesitado o magnífico, feo o hermoso, digno de confianza o de mala apariencia. El niño no pertenece a nadie en particular, ni siquiera a sus padres. Dejen entrar a estos viajeros... Entonces abrieron un camino estrecho. José les acogió y dejó la puerta abierta. Todos empujaban uno al otro para ver lo que habría de suceder. Unos se dijeron: pues, nosotros tampoco somos brillantes...

Los tres necesitados estaban inmóviles, callados delante del niño Dios. Y de verdad, nadie podía decir cuál de los cuatro era más pobre: el niño acostado en la paja del pesebre o los tres contemplándolo. El hambriento, el prisionero o el extraviado, todos vivían en la misma pobreza.

Luego José se dirigió hacia un lugar donde había colocado los regalos ricos de los reyes magos. La gente afuera empezó a murmurar de indignación: ...No va a hacerlo! No tiene derecho! El oro, el perfume y el bálsamo pertenecen al niño!...

José no se dejó impresionar: le está ofreciendo el oro al hambriento desnudo, la mirra al prisionero herido, el incienso al tercero tan triste y tan desviado.

Dijo al primero: -Tú necesitas oro; cómprate vestidos decentes y comida. Yo soy carpintero, puedo sostener a mi familia con mi trabajo... Al segundo dijo: -No puedo romper tus cadenas, pero toma el bálsamo para aliviar tus heridas... Y al tercero le dijo: -Para ti, el incienso. Cuando suba el humo oloroso, estarás menos triste y desamparado. Ese incienso aliviará tu espíritu entristecido...

La gente estaba furiosa. Todo lo regaló, lo gastó en esos mendigos. Despojó al niño. ¡¡ Es un escándalo!!

Pero el hambriento respondió: -Gracias por el oro. Pero mira. Si me voy a hacer compras con mis bolsillos llenos de oro, el comerciante creerá que soy un ladrón. Nunca he tenido riqueza. Quédate con el oro, te servirá.

El segundo dijo: -Hace mucho tiempo que mis miembros me duelen. Ahora me acostumbré. Aprendí a soportar el dolor. Pero cuando el niño se hiera, podrás curarlo con la mirra.

El tercero dijo: -Pertenezco al mundo de los pensamientos. He estudiado tantas filosofías y religiones. He pensado, buscado, preguntado, hablado. Ahora no sé dónde está Dios en medio de todo esto. ¿Qué puede para mí el humo del incienso?, Sería un pocito más de humo. Me perdí, no sé, no encuentro al Señor.

La gente y José estaban atónitos. Sólo el niño estaba tranquilo, con sus ojitos abiertos, mirando a todos, a sus padres, los mendigos y la gente.

Luego pasó una cosa extraña. El primero dejó su abrigo envejecido y remendado a los pies del recién nacido, el prisionero colocó sus cadenas, el desviado su mirada perdida, y dijeron a Jesús: -Tómalos. Acepta. Un día necesitarás un abrigo roto cuando estés desnudo. Un día necesitarás un bálsamo para curar tus heridas sangrientas. Necesitarás cadenas cuando te traigan deshonrado como un timador. Acuérdate de mí en ese día. Quita mi duda, mi terror, mi vergüenza, porque me encuentro alejado de Dios. No puedo llevarlo solo. Es demasiado pesado. Ayúdame. Grita conmigo nuestra común desesperación, que Dios lo oiga, que el mundo lo entienda, cuándo llegará la hora para ti?

José quiso proteger al niño, echar fuera los mendigos y sus malditos regalos. La gente gritaba. Pero no pudieron hacer nada. El abrigo, las cadenas, el terror estaban como pegados al niño Dios. Y Jesús estaba tranquilo y atento, con los ojos mirando a los pobres y sus regalos.

Se hizo un silencio largo, largísimo. Por fin se levantaron; sacudieron sus miembros, como liberados de una carga.

Sabían entonces que en las manos de ese niño se puede colocar todo: la pobreza, los sufrimientos, la tristeza por estar lejos de Dios.

La mirada clara y firme esperanza, salieron del pesebre, consolados y fortalecidos en sus necesidades: la habían compartido con su Dios.

Padre Pierre Fresson

GUÍA DE TRABAJO

Lectura

Realizar la lectura del cuento en grupo. Es importante que todos los presentes tengan una copia del texto.

Se pueden ir turnando dos o tres personas para leer el cuento en voz alta.

Descubriendo el mensaje

¿Por qué la gente se oponía dejar entrar a estos hombres?

¿Qué te parece el actuar de José?

¿Cómo actuarías tú en su lugar?

¿Te da vergüenza de mostrarle tus miserias a Jesús?

¿Te das cuenta que Él puede curar tus heridas?

Para hacer

Confeccionar un pesebre para tu sala de clases.

Hacer un acto solidario cada día de Adviento, por ejemplo: regalar una sonrisa.

Compromiso para la vida

Sabían entonces que en las manos de ese niño se puede colocar todo: la pobreza, los sufrimientos, la tristeza por estar lejos de Dios.

La mirada clara y firme esperanza, salieron del pesebre, consolados y fortalecidos en sus necesidades: la habían compartido con su Dios.

Haz tú lo mismo.

Para terminar: la oración en común

Junto al Pesebre expresarle tus deseos a Jesús y darle gracias por todo lo que te ha regalado a través del año.