Índice de oraciones:
14. ORACIÓN SAN IGNACIO DE LOYOLA
1. PADRE NUESTRO
Padre Nuestro que
estás en el cielo, santificado sea tu nombre; venga a nosotros tu reino; hágase
tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas, como también perdonamos a los que nos ofenden; no nos
dejes caer en la tentación y líbranos del mal. Amén.
2. GLORIA
Gloria a Dios en el
cielo, y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor. Por tu inmensa gloria
te alabamos, te bendecimos, te adoramos, te glorificamos, te damos gracias,
Señor Dios, Rey celestial, Dios Padre todopoderoso. Señor, Hijo único,
Jesucristo. Señor Dios, Cordero de Dios, Hijo del Padre; tú que quitas el
pecado del mundo, ten piedad de nosotros; tú que quitas el pecado del mundo,
atiende nuestra suplica; tú que estás sentado a la derecha del Padre, ten
piedad de nosotros; porque sólo tú eres Santo, sólo tú Señor, sólo tú Altísimo,
Jesucristo, con el Espíritu Santo en la gloria de Dios Padre. Amén.
3. CREDO
Creo en Dios Padre todopoderoso.
Creador del cielo y de la tierra. Y en Jesucristo, su único Hijo, nuestro
Señor; que fue concebido por obra y gracia del Espíritu Santo, nació de Santa
María Virgen; padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado; descendió a
los infiernos; al tercer día resucitó de entre los muertos; subió a los cielos
y está sentado a la derecha de Dios Padre todopoderoso; desde allí ha de venir
a juzgar a los vivos y a los muertos.
Creo en el Espíritu
Santo, la Santa Iglesia Católica, la comunión de los Santos, el perdón de los
pecados, la resurrección de la carne, y la vida eterna. Amén.
4. CREDO Niceno Constanti-napolitano
Creo en un solo
Dios, Padre todopoderoso, Creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible
y lo invisible. Creo en un solo Señor, Jesucristo, Hijo único de Dios, nacido
del Padre antes de todos los siglos: Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero
de Dios verdadero, engendrado, no creado, de la misma naturaleza del Padre, por
quien todo fue hecho; que por nosotros, los hombres, y por nuestra salvación
bajó del cielo, y por obra del Espíritu Santo se encarnó de María, la Virgen, y
se hizo hombre; y por nuestra causa fue crucificado en tiempos de Poncio Pilato; padeció y fue
sepultado, y resucitó al tercer día, según las Escrituras, y subió al cielo, y
está sentado a la derecha del Padre; y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a
vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Creo en el Espíritu Santo, Señor y
dador de vida, que procede del Padre y del Hijo, que con el Padre y el Hijo
recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los profetas. Creo en la
Iglesia, que es una, santa, católica y apostólica. Confieso que hay un solo
bautismo para el perdón de los pecados. Espero la resurrección de los muertos y
la vida del mundo futuro. Amén.
5. TE DEUM
A ti, oh Dios, te alabamos, a ti, Señor, te reconocemos.
A ti, eterno Padre,
te venera toda la creación.
Los ángeles todos,
los cielos y todas las potestades te honran.
Los querubines y
serafines te cantan sin cesar:
Santo, Santo, Santo
es el Señor, Dios del universo.
Los cielos y la
tierra están llenos de la majestad de tu gloria.
A ti te ensalza el
glorioso coro de los apóstoles, la multitud admirable de los profetas, el
blanco ejército de los mártires.
A ti la Iglesia
santa, extendida por toda la tierra, te proclama:
Padre de inmensa
majestad, Hijo único y verdadero, digno de adoración, Espíritu Santo, Defensor.
Tú eres el Rey de la
gloria, Cristo.
Tú eres el Hijo
único del Padre.
Tú, para liberar al
hombre, aceptaste la condición humana sin desdeñar el seno de la Virgen.
Tú, rotas las
cadenas de la muerte, abriste a los creyentes el reino del cielo.
Tú te sientas a la
derecha de Dios en la gloria del Padre.
Creemos que vendrás
como juez.
Te rogamos, pues,
que vengas en ayuda de tus siervos, a quienes redimiste con tu preciosa sangre.
Haz que en la gloria
eterna nos asociemos a tus santos.
Salva a tu pueblo,
Señor, y bendice tu heredad.
Sé su pastor y
ensálzalo eternamente.
Día tras día te bendecimos
y alabamos tu nombre para siempre, por eternidad de eternidades.
Dígnate, Señor, en
este día guardarnos del pecado.
Ten piedad de
nosotros, Señor, ten piedad de nosotros.
Que tu misericordia,
Señor, venga sobre nosotros, como lo esperamos de ti.
En ti, Señor,
confié, no me veré defraudado para siempre.
6. VENI CREADOR
Ven, Espíritu
Creador, visita las almas de tus fieles y llena de la divina gracia los
corazones, que tú mismo creaste.
Tú eres nuestro
Consolador, don de Dios Altísimo, fuente viva, fuego, caridad y espiritual
unción.
Tú derramas sobre
nosotros los siete dones; tú, el dedo de la mano de Dios; tú, el prometido del
Padre; tú, que pones en nuestros labios los tesoros de tu palabra.
Enciende con tu luz
nuestros sentidos; infunde tu amor en nuestros corazones; y, con tu perpetuo
auxilio, fortalece nuestra débil carne.
Aleja de nosotros al
enemigo, danos pronto la paz, sé tú mismo nuestro guía, y evitaremos todo lo
nocivo.
Por ti conozcamos al
Padre, y también al Hijo; y que en ti, Espíritu de entrambos, creamos en todo
tiempo.
Gloria a Dios Padre,
y al Hijo que resucitó, y al Espíritu Consolador, por los siglos infinitos.
Amén
7. ALMA DE
CRISTO
Alma de Cristo,
santifícame.
Cuerpo de Cristo,
sálvame.
Sangre de Cristo,
embriágame.
Agua del costado de
Cristo, lávame.
Pasión de Cristo,
confórtame.
¡Oh
buen Jesús!, óyeme.
Dentro de tus
llagas, escóndeme.
No permitas que me
aparte de ti.
Del maligno enemigo,
defiéndeme.
En la hora de mi
muerte, llámame.
Y mándame ir a ti,
para que con tus santos te alabe.
Por los siglos de
los siglos. Amén.
San Ignacio de
Loyola
8. OFRECIMIENTO DE SÍ MISMO
Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi
memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad; todo mi haber y mi poseer. Vos me
lo disteis; a Vos, Señor, lo torno; todo es vuestro, disponed a toda vuestra
voluntad. Dadme vuestro amor y gracia, que esto me basta. San Ignacio del
Loyola
9. AVE MARÍA
Dios te salve,
María; llena eres de gracia; el Señor es contigo; bendita tú eres entre todas
las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesus.
Santa María, Madre
de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén
10. SALVE
Dios te salve, Reina y Madre de
misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve.
A ti llamamos los desterrados hijos de
Eva; a ti suspiramos, gimiendo y llorando, en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos
misericordiosos; y después de este destierro muéstranos a Jesús, fruto bendito
de tu vientre, ¡oh clementísima, oh
piadosa, oh dulce siempre Virgen Maria!
V. Ruega por nosotros, santa Madre de
Dios.
R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.
11. BENDITA SEA TU PUREZA
Bendita sea tu pureza
y eternamente lo sea,
pues todo un Dios se recrea
en tan graciosa belleza.
A Ti, celestial Princesa,
Virgen Sagrada María,
yo te ofrezco en este día
alma, vida y corazón.
Mírame con compasión,
no me dejes, Madre mía.
12. SANTO ROSARIO
Por la señal de la Santa Cruz...
Señor mío Jesucristo...
V. Señor, ábreme los labios.
R. Y mi boca proclamará tu alabanza.
V. Dios mío, ven en mi auxilio.
R. Señor, date prisa en socorrerme.
V. Gloria al Padre y al Hijo y al
Espíritu Santo.
R. Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos.
Amén.
Después de cada misterio se reza:
Gloria al Padre...
María, Madre de gracia, Madre de
misericordia, defiéndenos de nuestros enemigos y ampáranos ahora y en la hora
de nuestra muerte. Amén.
Al terminar los cinco misterios, se
reza:
Dios te salve, María, Hija de Dios
Padre, llena eres de gracia...
Dios te salve, María, Madre de Dios
Hijo, llena eres de gracia...
Dios te salve, María, Esposa de Dios
Espíritu Santo, llena eres de gracia...
MISTERIOS GOZOSOS
(Lunes y sábado)
1. La Encarnación del Hijo de Dios.
2. La Visitación de nuestra Señora a su prima santa Isabel.
3. El Nacimiento del Hijo de Dios en Belén.
4. La Purificación de nuestra Señora.
5. El Niño perdido y hallado en el Templo.
MISTERIOS LUMINOSOS
(Jueves)
1. El Bautismo en el Jordán.
2. La autorrevelación en las bodas de Caná.
3. El anuncio del Reino de Dios invitando a la conversión.
4. La Transfiguración del Señor.
5. La institución de la Eucaristía, expresión sacramental del misterio pascual.
MISTERIOS DOLOROSOS
(Martes y viernes)
1. La Oración del Huerto.
2. La Flagelación del Señor.
3. La Coronación de espinas.
4. La Cruz a cuestas.
5. Jesús muere en la Cruz.
MISTERIOS GLORIOSOS
(Miércoles y domingos)
1. La Resurrección del Señor.
2. La Ascensión del Señor.
3. La Venida del Espíritu Santo.
4. La Asunción de nuestra Señora.
5. La Coronación de María santísima.
13. ANGELUS
V. El ángel del Señor anunció a María,
R. y concibió por obra del Espíritu Santo.
Ave María...
V. He aquí la esclava del Señor,
R. hágase en mí según tu palabra.
Ave María...
V. Y el Verbo se hizo carne,
R. y habitó entre nosotros.
Ave María...
V. Ruega por nosotros, santa Madre de
Dios,
R. para que seamos dignos de alcanzar las promesas de nuestro Señor Jesucristo.
Oración: Te suplicamos,
Señor, que derrames tu gracia en nuestras almas; para que los que, por el
anuncio del ángel, hemos conocido la encarnación de tu Hijo Jesucristo, por su
pasión y cruz, seamos llevados a la gloria de su resurrección. Por Jesucristo
nuestro Señor. Amén
14. Oración San Ignacio de Loyola
Toma, Señor y recibe
toda mi libertad,
mi memoria, mi entendimiento
y toda mi voluntad;
todo mi ser y mi poseer.
Tú me lo diste,
a ti Señor, lo torno;
todo es tuyo,
dispón según tu voluntad.
Dame, solamente tu amor y gracia,
que esto me basta.
Oración inicial:
Oh María, durante el bello mes que te está consagrado, todo
resuena con tu bello Nombre y alabanza. Tu santuario resplandece con nuevo
brillo, y nuestras manos te han elevado un trono de gracia y de amor, desde
donde presides nuestras fiestas y escuchas nuestras oraciones y votos.
Para honrarte, hemos esparcido frescas flores a tus pies, y adornarte tu frente
con guirnaldas y coronas. Mas, Oh María, no te das
por satisfecha con estos homenajes; hay flores cuya frescura y lozanía jamás
pasan, y hay coronas que no se marchitan. Estas son las que Tú esperas de tus
hijos; porque el más hermoso adornado de una Madre, es la piedad de sus hijos,
y la más bella corona que pueden poner a sus pies, es la de sus virtudes.
Sí, los lirios que Tú nos pides, son la inocencia de nuestros corazones; nos
esforzamos, pues, durante el curso de este mes, consagrado a tu gloria, ¡Oh Virgen Santa!, en conservar nuestras almas puras y sin
manchas, y en separar de nuestros pensamientos , deseos y miradas, aún la
sombra misma del mal.
La rosa cuyo brillo agrada a tus ojos, es la caridad, el amor a Dios y a
nuestros hermanos; nos amaremos pues, los unos a los otros, como hijos de una
misma familia, cuya Madre, eres, viviendo todos en la concordia fraternal. En
este mes bendito, procuraremos cultivar en nuestros corazones, la humildad,
modesta flor que te es tan querida y con tu auxilio llegaremos a ser puros,
humildes, caritativos, pacientes y esperanzados.
¡Oh María!, haz producir en el fondo de nuestros
corazones, todas estas amables virtudes; que ellas broten, florezcan y den el
fin, frutos de gracias, para poder ser algún día, dignos hijos de la más Santa
y de la mejor de las Madres.
Amén.
Oración final:
Oh María, Madre de Jesús,
nuestro Salvador y nuestra buena Madre! Nosotros
venimos a ofrecerte, con estos obsequios que traemos a tus pies, nuestros corazones,
deseosos de serte agradables, y a solicitar de tu bondad un nuevo ardor en tu
santo servicio.
Dígnate presentarnos a tu Divino Hijo, que en vista de sus méritos y a nombre
de su Santa Madre, dirija nuestros pasos por el sendero de la virtud, que haga
lucir con nuevo esplendor la luz de la fe sobre los infortunados pueblos que
gimen por tanto tiempo en las tinieblas del error, que vuelvan hacia El, y
cambien tantos corazones rebeldes, cuya penitencia regocijará su corazón y el
tuyo. Que convierta a los enemigos de su iglesia, y que, en fin, encienda por
todas partes el fuego de su ardiente caridad, que nos colme de alegría en medio
de las tribulaciones de esta vida, y esperanza para el porvenir.
Amén.