Santiago de Chile, 11 al 13 de marzo de 2003.
Organización: Consejo Episcopal Latinoamericano
Celam.
Saludo de Mons. Jorge Jiménez Carvajal, Presidente del CELAM
al Presidente de la República de Chile, Sr. Ricardo Lagos Escobar.
Señor Presidente:
Gracias
por estar aquí saludando a esta Iglesia que, desde Chile, reflexiona
sobre el futuro de la gran ciudad, sobre su evangelización y
sobre la capacidad que cada uno de nosotros debe tener en hacer de ella
un escenario de humanización.
En este punto de llegada es donde nos encontramos con la política
tratando de promover la conciencia que nos permita pasar de la pasiva
“coexistencia pacífica” a la “responsable convivencia”.
Sabemos de sus esfuerzos en estos campos y de sus éxitos que
no por difíciles de lograr son menos importantes ya que en ellos
está clara la prueba de su voluntad de servicio.
Se me ocurre pensar que Chile es el lugar lógico de esta reflexión
sobre el hombre en la ciudad. En efecto a comienzos del siglo anterior
Don Eduardo Barrios publicó una interesante novela que narraba
el ingreso de un hombre del campo en la ciudad y de su impacto. Bajo
el título de “Un perdido” cuenta la historia de una
persona simple en la ya entonces importante ciudad de Valparaíso.
Fue la primera expresión literaria del conflicto hombre-ciudad,
de ese diálogo difícil pero necesario que marca la misión
que todos cumplimos que no es otra que la de poner en evidencia la maravillosa
obra de la creación que se manifiesta en el trabajo de los seres
humanos procurando la convivencia entre ellos y con la naturaleza alcanzando
logros irreversibles de humanización.
Ese ser humano constructor de solidaridades lo encontramos aquí
en Chile, de manera evidente, desde cuando fundaron esta Patria de largo
corazón que ha marcado puntos de vista irrenunciables en el destino
de “nuestra América”.
Hay quienes afirman que los “gestos” son la dimensión
más profunda y comprometida de “la palabra”. Este
“gesto” de estar con nosotros en el amanecer de nuestro
trabajo de este día de gracia habla de su aprecio personal y
del reconocimiento institucional por la Iglesia y por los esfuerzos
que desde ella hacemos por cooperar en la Construcción de la
“Nueva Sociedad”.
Señor Presidente: permítame congratularme por su presencia
y hacerlo a nombre del Señor Cardenal Errázuriz, de los
Señores Cardenales López de Santo Domingo, Agnello de
San Salvador, Sandoval Iñiguez de Guadalajara, Rubiano de Bogotá
y Terrazas de Bolivia así como de los Señores Arzobispos,
Obispos, sacerdotes, religiosos y profesionales laicos venidos de más
de 13 países de América y de delegados internacionales
de instituciones que aprecian y animan los trabajos de Nuestra Iglesia.
Gracias de Nuevo, Señor Presidente, y tenga la certeza de nuestra
compañía, de nuestra cercanía a sus esfuerzos por
abrirle a la nación chilena caminos de concordia y de desarrollo
así como por abrirle a “nuestra América” caminos
hacia un porvenir cierto. Pero sobre todo cuente con nuestra oración.
Santiago de Chile, 12 de marzo de 2003.