Santiago de Chile, 11 al 13 de marzo de 2003.
Organización: Consejo Episcopal Latinoamericano
Celam.
Las Grandes Ciudades en América al Inicio del Nuevo Milenio
Predocumento del seminario para focalizar el tema
INTRODUCCION
La ciudad es un interrogante que permanentemente nos confronta como
Pastores y como ciudadanos. Italo Calvino afirma que cada vez que se
da una respuesta a ese interrogante surgen nuevas preguntas, indicando
con ello la necesidad de dar un carácter dinámico y siempre
renovador a nuestras respuestas.
A esa ciudad, compleja en sí misma, el fenómeno actual
de la globalización le aporta un grado de mayor dificultad. La
postmodernidad rompe el equilibrio de los conceptos que se consideraban
inmóviles; el Internet y todas las renovaciones electrónicas
anulan angustiosamente las distancias y el tiempo; hay quienes afirman
que el instante se vive como una suma de "transitorias eternidades"
en las que fracasan la historia, la idea de Dios y aquellas no menos
importantes de cultura y de civilización. Pero también
hay quienes aseguran que todo este conflicto, esta confusión,
son un desafío que prepara a una "nueva síntesis"
para la que es preciso estar preparados buscando y ofreciendo respuestas
o al menos posibilidades de reflexión desde el Evangelio para
poder participar en un diálogo múltiple que proponga un
concepto compartido de Ser Humano, una ética que sirva de eje
a la convivencia y al pluralismo, un ámbito de comunicación
formativa e informativa que cree desde lo sociológico, lo psicológico
y lo político, razones para el encuentro entre los seres humanos
y permita, desde ese encuentro, desarrollar caminos hacia una religiosidad
que vincule a Dios sin olvidar que el camino que hacia El conduce es
el "Hombre".
Un alcalde ha de acercarse a la compleja realidad de la ciudad a fin
de cumplir su principal misión que es la de orientar el desarrollo
del municipio en términos humanos. Y un pastor debe entrar en
esta realidad para anunciar el Evangelio de Jesús a sus habitantes
con el fin de humanizar sus relaciones. El encuentro con Cristo en la
vida ciudadana nos ofrece la experiencia fundante que humaniza la vida
de todo ser humano y, por lo tanto, propicia espacios de comunión
y de solidaridad, y nos brinda la perspectiva ética sobre la
cual edificar nuestras ciudades. Es el paso previo para habitar la "ciudad
santa, la nueva Jersalén, la ciudad que viene de Dios embellecida
como una novia preparada para recibir a su esposo" (Apoc 21.2).
En estas reflexiones ofreceremos primariamente diversas consideraciones
sobre la gran ciudad para conocer mejor el estado de la discusión
actual sobre este tema que nos convoca. Será trabajo del Seminario
complementar estas reflexiones, aportar datos más precisos sobre
nuestras grandes ciudades latinoamericanas y caribeñas e identificar
los desafíos pastorales a los cuales nos vemos enfrentados para
ofrecer las mejores respuestas a estos desafíos.
LA GRAN CIUDAD, HOY
Nadie niega el valor de la ciudad como un producto de la civilización,
es decir, como resultado de los esfuerzos del hombre por ascender en
el nivel de vida. La ciudad es su producto; ella habla de él,
de su concepto sobre sí mismo y sobre sus semejantes. Al mismo
tiempo que él la ha formado ella lo forma a él, le ayuda
a crear su conducta, su comportamiento y le sirve como escenario de
sus realizaciones.
La ciudad es un "ser vivo": nace, crece, tiene desarrollos
y, en no pocas veces, desaparece. Es un ser perfectamente individual.
Ninguna ciudad se parece a otra y aunque se puedan dar normas aplicables
a todas, cada una de ellas tiene sus propios desarrollos.
La ciudad ha sido creada para responder a las necesidades de la vida
humana y esta finalidad constituye su misión y desafío
básicos. No gratuitamente ciudad y civilización tienen
el mismo origen etimológico (civitas). La interacción
de ellas es continua y se puede sintetizar en la urgencia de "emparejar
la necesidad del desarrollo con el desarrollo de las necesidades".
(Alomar).
Como es la ciudad es el hombre y como es éste es la ciudad;
por ello la política es, en su esencia, la acción sobre
la "polis" (ciudad) con el fin de conseguir que ella se constituya
como ámbito propicio para la realización del ciudadano,
tanto como individuo como en su vida comunitaria.
Lógicamente son diferentes las relaciones que se tienen con
la ciudad; si ella es pequeña el conocimiento que se tenga será
mayor, así como la identificación con sus posibilidades
y conflictos; si es muy grande tenderá a reducirse y a hacerse
menos preciso el campo de identificación con su destino.
Platón afirmaba que el tamaño ideal de una ciudad era
aquel en que todos alcanzan a escuchar la voz de un orador. Esta anotación
nos conduce a plantearnos un primer y básico problema del que
se derivan otros fundamentales: es el referido a la extensión
de la ciudad. ¿Cuál es el tamaño ideal de ella?
¿Cómo debe prospectarse su desarrollo? ¿Cómo
ha de ser la vivienda? ¿Qué relación debe existir
entre ella y el transporte? ¿Cómo interaccionan vivienda
y transporte con los lugares de trabajo? ¿Con el medio ambiente?
¿Con la calidad de vida?
Es preciso, entonces, tener en cuenta los siguientes aspectos, entre
otros:
1. Tamaño de la ciudad
Bien cierto es que la mayoría de los municipios son pequeños
de tamaño, que algunos alcanzan el nivel de ciudades intermedias
y que otros, en especial las capitales, van en camino de ser grandes
concentraciones urbanas; pero en todos ellos debe existir claridad
-por parte tanto de los líderes como de la comunidad- acerca
del problema del tamaño de la ciudad; en unas para reordenar
y racionalizar su crecimiento, en otras para no incurrir en los mismos
errores cometidos por otras y en algunas para impedir la desaparición.
El tamaño de la ciudad depende básicamente de la relación
entre su extensión y el número de habitantes; a esta relación
se le da el nombre de densidad.
No se debe pensar, sin embargo, que la ciudad es tan sólo lo
edificado ya que en ella hay que considerar además:
a. El espacio residencial
b. El espacio administrativo
c. El espacio de trabajo
d. El espacio de transporte
e. Los espacios de diversión y los culturales
f. Los espacios de abastecimiento de bienes y de servicios
g. Los espacios de protección ecológica
El hecho es que son muchas las ciudades que requieren de limitación
y de reducción en su crecimiento y que todas deben ser objeto
de una adecuada planificación.
Muchas son las causas del desaforado crecimiento de las ciudades pero
una de ellas y quizá la principal ha sido el excesivo centralismo
que concentró en las grandes ciudades todas las posibilidades
de ascenso social, educación, facilidades de consumo, etc.
La fuerza migratoria fue congestionando la ciudad y la ha ido convirtiendo
en algo inhabitable. No hay suficiente vivienda, los servicios son reducidos,
las calles se hacen vivienda, el abastecimiento de alimentos es subnormal,
se traumatiza el paisaje ecológico, se hacen presentes los tugurios,
se ruraliza la ciudad, se hace imposible su control, emergen problemas
de seguridad, de mendicidad progresiva, el anonimato social crece y
el precio de administrar el municipio se encarece. Surge así
la ciudad enferma a la cual debe buscársele remedio oportuno.
No son pocos los que piensan que estos problemas son exclusivos de
las grandes ciudades, pero en general ellos existen -en germen y en
escala menor - en casi todos los municipios; si se observa bien ya se
presentan en ellos la tugurización, la inseguridad, el desempleo,
los problemas del transporte y de congestión vehicular. Lo que
los diferencia con las grandes ciudades es que en éstas existe
un mayor desnivel entre conflicto y seguridad en tanto que en el pequeño
municipio y en el mediano esta relación es todavía manejable.
Pero el virus está allí y los buenos observadores de la
comunidad saben que no es decreciente sino que, por el contrario, va
en aumento.
Para quienes piensan en el tamaño de la ciudad son claras dos
tendencias en el levantamiento de ella: para unos la ciudad debe orientarse
por la concentración, para otros
debe actuarse por diseminación. Recientemente otros tratan de
orientar una versión mixta de las dos mencionadas anteriormente.
Es necesario conocer -así sea someramente- algunas de las implicaciones
de cada una de estas tendencias.
1.1. El crecimiento por concentración
La concentración significa la orientación de la ciudad
en altura. Esta alternativa presenta características dignas de
ser tenidas en cuenta. La concentración por altura trae consigo
la reducción de las distancias urbanas y menores costos tanto
en la urbanización como en el campo de los servicios. También
es positiva la mayor precisión para el control y la seguridad
y el potencial desarrollo de un mayor nivel de convivencia, de sociabilidad,
de participación comunitaria en torno a las responsabilidades
comunes que surgen de la mayor vecindad.
Para la administración de la ciudad o del municipio esta alternativa
es positiva en tanto que representa menores costos presupuestales, los
recursos rinden más y el esfuerzo de prestación de servicios
puede optimizarse mayormente.
Pero así como presenta puntos favorables, la alternativa de
la concentración por altura manifiesta desventajas fundamentalmente
en el área de la salud y la higiene. Las más comunes son
las que se refieren a la penetración de la luz solar, a la circulación
de aire puro, a la comodidad y a la superpoblación por vivienda.
1.2. El crecimiento por extensión
La segunda alternativa de la orientación de la ciudad es la
diseminación, o sea, el crecimiento por extensión.
No cabe duda, y es inobjetable que el crecimiento por extensión
es ideal - desde el punto de vista puramente individual. Ella garantiza
la privacidad, en ella es posible alcanzar la perfección en cuanto
a los factores de salud y de higiene, de comodidad familiar, de ornato
y de estética. Pero la cara opuesta está constituida no
sólo en los mayores costos individuales de la vivienda -que normalmente
pueden ser cubiertos por quienes aspiran a ella- sobre todo en la construcción
y en la conservación, sino también, en los costos sociales
que la acompañan. En efecto, es mayor el número de vías
por pavimentar, es mayor y más costoso el tendido de las redes
eléctricas, el abastecimiento de aguas, la prestación
de servicios en general, el proceso de recolección de basuras,
la vigilancia y la seguridad.
El privilegio de esta forma de vivienda pesa grandemente en la ciudad.
Su mayor incidencia en el "costo social" y en la eficacia
de los servicios que el municipio presta, deben ser equilibrados por
los distintos mecanismos que guarden relación con la equidad,
la justicia
distributiva y la solidaridad ciudadana. Estos mecanismos pueden ser
de orden fiscal, de contribución, de organización comunitaria,
de iniciativa ciudadana a fin de que la ciudad pueda disponer de recursos
para atender otro tipo de zonas urbanas mayormente deprimidas o con
mayor necesidad de recibir la acción subsidiaria del municipio
en torno a la satisfacción de sus necesidades.
Ahora bien, cualquiera sea la forma de crecimiento de la ciudad, hay
que pensar el futuro de una ciudad en la cual se siguen multiplicando
sus habitantes, en un mundo en que avanza la desertización y
el agua se vuelve más escasa y en un Continente, como el nuestro,
en que mas del 75% de sus habitantes ya no habitan en el campo.
2. La vivienda
Quizá la primera función que cumple la ciudad es la de
ofrecer albergue a los seres humanos; de hecho en la multiplicidad de
la vivienda están los orígenes de la ciudad primitiva.
Inicialmente se buscó con ella el albergue y también
la seguridad. En la vivienda, por primitiva que fuera, encontró
el hombre un lugar adecuado para el descanso, el sueño, la comida
y la posibilidad de guardar sus pertenencias.
Se tuvo así un punto vital de referencia que definía
a quien la habitaba, de tal forma que la vivienda se convirtió
en el símbolo de la comunidad básica familiar y en la
expresión de la civilización alcanzada en cada uno de
sus estadios. La vivienda habla y expresa el nivel y la calidad de vida
y, desde su inicio, ha servido para ofrecer un primer acercamiento sobre
el grado del desarrollo de una sociedad, y el nivel de iniciativas,
el gusto y la cultura de los individuos.
Si se quiere llegar a una definición podría partirse
de aquí: "estructura permanente para alojar a los hombres
en grupos familiares".
La vivienda es la expresión social más íntima
de la persona y la manifestación más elemental del sentido
de propiedad.
Tal es la razón por la que la calidad de una sociedad -y su
capacidad de dignidad- va unida a la situación de la vivienda.
Es por ello que la vivienda ha de ser digna, debe propiciar el desarrollo
de una vida higiénica, física y mentalmente, y ha de ser
ante todo suficiente.
La magnitud del déficit y la calidad de la vivienda interrogan
el éxito de la civilización, de la sociedad y de la administración
ciudadana.
¿Cuántas viviendas deben construirse? ¿Cómo
acercar a los que de ella carecen a la posibilidad de obtenerla? ¿Cómo
han de estar dotadas? ¿Cómo han de ser sus espacios? ¿Sus
servicios? ¿Su entorno?
En la respuesta que se de a estos interrogantes, no debe olvidarse
que hablamos de vivienda y no de refugios y que ellas expresarán
el concepto que se tiene del hombre que las habita.
La vivienda es una necesidad básica, por tanto pertenece a ese
catálogo de las necesidades sentidas y reales que coinciden y
sobre las cuales se debe actuar oportunamente. Y está en estrecha
relación a otra necesidad esencial cual es el trabajo ya que
la vivienda se edifica en función del ingreso familiar. En este
sentido es necesario tomar en cuanta las altas tasas de desempleo y
el avance de la pobreza en nuestros pueblos.
Habrá de procurarse, igualmente, mejorar cada vez más
-en términos de calidad y de justicia- las habitaciones de arrendamiento
y los inquilinatos a fin de que cumplan con las normas mínimas
de respeto a la persona.
Caso especial lo constituyen las urbanizaciones piratas, y los tugurios
y favelas o rancherías, que merecen una especial reflexión
desde la óptica de la justicia y de las exigencias que a ella
hace la "persona humana". Será necesario influir en
las planificaciones gubernamentales pues la vivienda social, como la
salud y la educación son bienes superiores que no pueden simplemente
regirse por las reglas del mercado.
No sobra insistir en un factor de importancia suma que va adherido
a los programas de vivienda subsidiada y es el de la educación
para el aprecio, uso y desarrollo de la vivienda ya que "toda casa
de habitación sin educación adecuada está puesta
en el seguro camino que la conduce a la tugurización".
3. El barrio
Habiendo descrito los problemas básicos de la vivienda es indispensable
ubicarla en su ámbito comunitario mínimo: el barrio.
El barrio es un fenómeno sociológico que hace en el municipio
de tamaño medio y en la gran ciudad, no sólo el papel
de intermediario con la zona y con el todo urbano, sino que se convierte
en el depositario de las viejas identificaciones y lealtades que tuvieron
los "vecinos" con el municipio en sus orígenes y que
hoy conservan los municipios más pequeños.
En efecto, es en el barrio donde se recupera la "vecindad"
y la "proximidad"; la proximidad no hace referencia solamente
a la cercanía física sino también a la categoría
social a la que pertenecen sus habitantes.
El barrio, por ser lo más próximo, es defendido de tal
manera que él se convierte en la base que identifica y puede
generar la acción comunitaria. Al mismo tiempo, se procura establecer
en él servicios de abastecimiento que reducen la necesidad de
salir con
frecuencia de sus límites. Hay gentes que no conocen la ciudad
en la que está su barrio pero por él se desplaza como
si fuera una prolongación de su casa.
En el barrio se configuran con mayor claridad las necesidades sentidas
porque él cohesiona la voluntad colectiva.
¿Cuáles son los servicios que los vecinos de un barrio
quieren ver ubicados en él? Algunos de estos servicios son los
siguientes:
a. Locales de aprovisionamiento de alimentos
b. Tiendas de compra general
c. Areas peatonales o zonas de encuentro (en las que las gentes pueden
conversar)
d. El pre-escolar del barrio
e. La escuela primaria cercana
f. La zona recreacional
g. El centro de salud
h. El centro de atención inmediata
i. El salón comunal y el centro juvenil
j. Los clubes por edades
k. La iglesia - Capilla
l. El taller de reparaciones
El barrio cumple, en definitiva, el cometido de hacer posible una identificación
del individuo con su hábitat; por tal razón debe haber
en él proyectos y realizaciones de embellecimiento, de arborización;
el barrio es la síntesis afortunada de la vida comunitaria.
Ahora bien, conviene considerar los desafíos que pone al concepto
de "barrio" la edificación horizontal pues en ella
se propician actitudes de individualismo, de asilamiento e incluso de
anonimato, a pesar de la proximidad física de sus moradores.
En fin, acogiendo las bondades del "barrio" se presenta el
problema de la relación entre los barrios - o de las ciudades
en la ciudad, a la cual nos referiremos - en las urbes latinoamericanas
y caribeñas que segregan cada día más a los ricos
y a los pobres.
4. La ciudad en la ciudad
Esta realidad que hoy observamos ha surgido como estrategia de desarrollo
de la ciudad. En la base de su concepto está dado el principio
de buscar, acercar y hacer comprensible la ciudad al ciudadano concreto.
El crecimiento de las grandes urbes hacen que los servicios estén
cada vez más distantes del "vecino" y que éste
pierda los elementos de comprensión de su hábitat, agobiado
por la realidad apabullante de su entorno urbano.
Se diseñó así la ciudad en la ciudad, buscando
que esta nueva entidad, intermedia entre el barrio y la ciudad mayor,
contuviera, a ser posible todos los elementos requeridos, por una parte,
para contener la población en un límite geográfico
y racionalizar el acercamiento a los servicios, y por otra parte, ofrecer
un elemento más comprensible de integración comunitaria.
Las ventajas de la estrategia "ciudad en la ciudad" residen
en que ella ha sido perfectamente intencional y, por lo tanto, ha logrado
generar satisfacción a las necesidades comunes de los grupos
humanos que la habitan manteniéndolas en sus límites,
al acercarles los servicios y la satisfacción de expectativas
(educacionales, recreacionales, de consumo, salud, etc.) y disminuyendo
la presión sobre "la ciudad externa".
En general la "ciudad en la ciudad" ha aportado buenos resultados
pero ha mostrado también limitantes y escollos que surgen básicamente
de la relación "vivienda-empleo", del goce de oportunidades
de ascenso social (educación cualificada superior) y del carácter
de "minoría de edad" que padecen en el orden político,
pues si es una realidad superior al municipio no posee el "status"
político adecuado y no goza de las posibilidades de desarrollo
que en ellos es propia.
5. Servicios públicos
Los servicios públicos están unidos a la función
central de la ciudad cual es la de facilitar y proporcionar a los habitantes
la satisfacción de sus necesidades básicas, es decir,
aquellas que no sólo garantizan la supervivencia sino colocan
al individuo y a la comunidad en el camino del progreso y de la realización.
Expresión de esa voluntad humana son los servicios. Ellos garantizan
el bienestar básico y por tanto la buena marcha de la sociedad
y su paz interna.
"Una sociedad saludable no es la que sobrevive sino la que es
más humana"; este principio tiene una doble línea
de aplicación. Por parte del Estado se impone el ejercicio de
su acción subsidiaria y por otra parte de la comunidad el ejercicio
de la solidaridad.
Si se atienden a algunas causales de la inseguridad, de la descomposición
social, de las protestas cívicas vemos que se originan en carencias
de los grupos sociales menos favorecidos que no pueden - por falta de
recursos - acceder a esos servicios.
Esto implica que muchos bienes de la ciudad se orienten, preferencialmente,
para cumplir esa labor con las comunidades marginales; en unos casos
con subsidio pleno en otros con subsidio parcial y en todos con tarifas
diferenciales que, aplicadas según estratos sociales, no produzcan
la desaparición de las empresas públicas o impidan su
crecimiento.
"Un problema es grave cuando se está dispuesto a pagar
para resolverlo" Un caso concreto es el de la vigilancia y otro
es el de la recolección de basuras que podría llevarse
a cabo por
contratación privada en las zonas residenciales de clase alta
y media alta a fin de que las empresas del municipio puedan cumplir
adecuadamente este servicio en otros sectores.
Un servicio no menor - unido al del agua potable, a la energía
eléctrica - es de los transportes urbanos y la infraestructura
necesaria para contener al número creciente de vehículos
motorizados que hacen colapsar el tráfico de las ciudades y contribuyen
a su contaminación.
Pero los servicios públicos no pueden reducirse a estos aspectos
sino que deben dimensionarse en otras direcciones de orden promocional.
Baste mencionar la existencia de graves problemas como el consumo de
drogas y frente a él la inexistencia de centros juveniles a donde
pudiera dirigirse el joven en sus tiempos libres, en los que puedan
organizarse fiestas, eventos recreativos de los muchachos del barrio
bajo la dirección, animación y supervisión de otros
jóvenes (profesionales recién egresados o de estudios
avanzados) capacitados para ello. Este tipo de acción promueve,
entre otras cosas, el nivel de integración de la comunidad, el
nacimiento de nuevos liderazgos, ofrece un complemento educativo a través
de elementos informales de socialización y puede ser un integrador,
además de los padres de familia, para conocer de hecho la situación
en que sus hijos desarrollan sus actividades.
Y esto que es válido para la juventud debe serlo -activamente-
para las instalaciones comunales a donde puedan asistir otros grupos
de personas, pero en especial los de la llamada "tercera edad"
para mantener el proceso de socialización amplia y ofrecerles
posibilidades de saberse integrados y cuidados por la comunidad.
La memoria de la comunidad y la adhesión a ella se fundamenta
en los servicios que presta y las facilidades de realización
que ofrece.
A nivel de la ciudad grande debe hacerse posible la aparición
de residencias para jóvenes trabajadores y dormitorios para desvalidos
e indigentes cuya solidaridad con la sociedad está debilitada
o ha desaparecido porque se perciben al margen de ella.
Debe igualmente incrementarse el servicio de las guarderías
de barrio al cuidado de madres de familia así como la existencia
de parques infantiles con recreación adecuada para las diferentes
edades y asistidos mediante la colaboración -a manera de práctica
profesional- de quienes estudian y se preparan para ejercer este tipo
de profesión como oficio.
La adecuada prestación de los servicios es el lenguaje que expresa
cuál es el grado de importancia que tiene, para el Estado, la
dignidad y calidad de vida de los vecinos en la gran ciudad.
6. La ciudad deseable
Llegar a obtener la ciudad deseable ha sido siempre uno de los anhelos
de la humanidad en todos los siglos y en todas las épocas. No
es otra la razón que califica a la ciudad como el gran monumento
colectivo de la civilización humana ya que ella está en
permanente interacción con el hombre y con la comunidad de esta
generación, lo ha estado con las anteriores y lo estará
con las futuras.
Esta interacción requiere que los dos elementos que en ella
actúen sean sanos y progresivos. Una ciudad enferma difícilmente
propicia personas sanas; una ciudad estancada y monótona rara
vez permite la apertura de horizontes distintos a sus habitantes.
Tal es la razón por la cual es indispensable actuar tanto sobre
el individuo como sobre la ciudad si se quiere emprender una labor de
saneamiento urbano y que éste se refleje en la vida de la comunidad.
Si al individuo no le interesan para nada el cuidado del medio que
habita y la amabilidad de su hábitat quiere decir que se trata
de un antisocial, de un ser enfermo que desprecia los elementos y factores
que le ayudan a realizarse dignamente.
"Las pequeñas cosas" son el lugar de lo comprendido
y por tanto de lo ejecutable. La región de lo macro, es el lugar
de la ciencia y de la tecnología; la región de lo micro,
es, en cambio, habitada por la generalidad de los miembros de la sociedad,
es el espacio de lo humano.
A esta ideología de las "pequeñas cosas" responde
la estrategia de la participación comunitaria y de la realización
individual ya que cada uno que se compromete en ella anhela ver el fruto
de sus esfuerzos, sus tareas cumplidas. Con las comunidades es necesario
avanzar lenta pero progresivamente. Tal es la razón por la que
la comunidad en sí sólo es motivable a través de
lo realizable.
Estos elementos ideológicos y estrategias persiguen, como meta,
hacer la vida del hombre más amable haciendo la ciudad más
grata y más cercana a sus aspiraciones de felicidad y de "llegar
a ser lo que debe ser".
Una página imprescindible de Edward C.Banfield en su escrito
"La Ciudad Desapacible" nos señala con precisión
esta relación Hombre-Ciudad:
"Si algún desastre real amenaza la ciudad, no es debido
a que sea difícil encontrar un sitio para estacionar, ni debido
a que la arquitectura sea mala, ni debido a que están bajando
las ventas de los grandes almacenes, ni aún a que los impuestos
están subiendo. Si hay una crisis auténtica ella tiene
que ver con el bienestar básico de los individuos, o con la buena
marcha de la sociedad y no con lo que afecta la comodidad, convivencia,
amenidad y facilidad para los negocios, por importantes que éstos
sean. Aquí no es necesario tratar de definir rigurosamente "bienestar
básico"; es suficiente decir que lo que haga que la gente
muera antes de tiempo, sufra grave deterioro de salud o de sus facultades,
arruine sus vidas, sea realmente infeliz o feliz en forma menos que
humana, afecta su bienestar básico. Es difícil indicar
en una frase o dos lo que significa "buena marcha" de la sociedad.
La capacidad de la sociedad para mantenerse como una empresa viable
es, ciertamente, una consideración primordial dado su carácter
libre y democrático. Sin embargo, en último término,
la calidad de una sociedad debe juzgarse por su tendencia a producir
tipos humanos deseables; la sociedad saludable, entonces es la que no
solamente sobrevive, sino que se orienta a dar un mayor alcance y expresión
de lo que es claramente humano. En general, por supuesto, lo que sirve
al bienestar de los individuos también promueve la buena marcha
de la sociedad; hay ocasiones, sin embargo, en que ambas metas entran
en conflicto. En tales casos, el bienestar básico de los individuos
debe sacrificarse por una buena marcha de la sociedad. Esto sucede en
gran escala cuando hay guerra, pero también puede suceder en
otras ocasiones. Las condiciones que nos deberían importar, por
lo tanto, son aquellas que afectan, o pueden afectar, la buena marcha
de la sociedad. Si en última instancia hay una crisis urbana
ésta debe estar constituida por esos elementos".
7. Los habitantes de la ciudad
La ciudad no puede ser ajena al hombre que la habita y menos volverse
contra él. Tal es la razón por la cual todo proceso de
planeamiento urbano debe ser profundamente humano.
Gabriel Alomar en "Teoría de la Ciudad" ha sintetizado
así el interactuar de la ciudad y del individuo:
1. "El fin de toda asociación política es la felicidad
y el bien de los hombres en todos los órdenes". Entre todas
las asociaciones políticas, la que más y mejor debe perseguir
este fin, es la ciudad.
2. Es necesario que las ciudades se hallen organizadas en función
del bien y de la felicidad del hombre como objetivo directo.
3. La ciudad puede definirse como una comunidad de seres humanos, habitando
en un conjunto de estructuras concentradas en cierto punto de la superficie
terrestre, siendo una entidad física y socialmente orgánica.
4. En la compleja cultura de nuestra época no puede existir
organización sin planeamiento previo. La base del planeamiento
de una ciudad es el carácter orgánico de la misma.
5. Si el fin de la ciudad es el bienestar de los hombres que habitan
en ella, la base fundamental del urbanismo debe ser el estudio de la
comunidad humana por ellos integrada.
6. Uno de los medios más eficaces en orden a la felicidad humana
es el desarrollo del sentimiento de "comunidad", fraternal,
natural y humano, en las relaciones entre los individuos, y, por lo
tanto, un objetivo urbanístico de primer orden será la
creación y fomento de todas aquellas instituciones que contribuyen
a este desarrollo, empezando por la familia y por la comunidad o núcleo
vecinal.
7. Todos los grandes problemas que surgen en la organización
fiscal de la ciudad, como son el de la industria, el del tráfico,
el de los espacios para el esparcimiento, el de la vivienda, deben ser
resueltos en función del hombre, considerado individualmente
y como componente de la gran comunidad humana.
Llegar a poner en marcha los mecanismos para obtener una ciudad, un
municipio, que respondan al hombre en cada tiempo y en cada circunstancia,
que le hagan posible su felicidad y su realización a partir de
la satisfacción de sus necesidades básicas; comprometer
a la comunidad en participar en su propio desarrollo y en la herencia
de progreso que debe dejar a las generaciones futuras bajo el marco
de la justicia social y la conservación de la libertad, es la
tarea para el Gobernante, para el Pastor y todos aquellos que aspiran
servir en el empeño de crear ciudades donde crezca el porvenir.