Santiago de Chile, 11 al 13 de marzo de 2003.
Organización: Consejo Episcopal Latinoamericano
Celam.
Ponencia del Prof. Alberto Mendoza Morales, arquitecto y planificador.
La Ciudad Deseable
El Congreso Mundial de Estambul sobre la Ciudad Grande (megápolis)
reunió, en los años 90, a miles de urbanistas y arquitectos.
Aportó una conclusión: conocemos los problemas de la megápolis,
sabemos poco sobre las soluciones, necesitamos ideas.
El presente ensayo ofrece la agrópolis como modelo alternativo
de la megápolis. Entrega un paradigma de asentamiento humano
integral, urbano-rural, destinado a "hacer la vida del hombre más
amable haciendo la ciudad más grata".
LA CIUDAD
Los griegos la llamaron ketai, dormitorio, después polis, ciudad.
Epaminondas fundó la megalópolis en Arcadia, en el 370
a.C. Ahora tenemos profusión de ciudades grandes, metrópolis,
megápolis, cosmópolis,
Las ciudades son cuerpos históricos, escenarios de cultura y
riqueza, motores de industria y comercio, espacios de invención.
Junto con la religión, la ciencia y la cultura, las ciudades
se levantan como principales hitos del devenir humano.
"Las ciudades han sido el centro de todo lo importante: el templo,
los tribunales, el mercado, la universidad. Para cualquiera, con un
mínimo de ambición, han sido ineludibles" (Erla Zwingle).
Ciudad es espacio construido, zonificado, densamente habitado, lugar
geométrico donde la humanidad ha acumulado historia. Funciona
por interacción de factores concurrentes: territorio que la sostiene,
población que la habita, gobierno que la administra. Se caracteriza
por la diferenciación de clases sociales, la división
del trabajo, la oferta y demanda de bienes y servicios, la capacidad
de emprender obras públicas y la flexibilidad de hacerse y rehacerse
todos los días.
La ciudad originó el urbanismo, ciencia que estudia su estructura,
funcionamiento y desarrollo.
NACIMIENTO DE LA CIUDAD
El fenómeno urbano se fraguó hace unos 10 mil años,
terminada la última glaciación. Fue producto de la revolución
del neolítico, hija de la religión, del espíritu
gregario del ser humano y de la agricultura.
La iniciación de la ciudad fue un proceso laborioso, combinado,
social, político y religioso. Se dio mediante la confederación
de tribus, cada una con sus propios dioses y cultos y la aceptación
por todas de un dios común. Unidad social y religión fueron
dos condiciones básicas para la creación de ciudades.
Ubicado el sitio por los adivinos, los fundadores levantaron el altar
y encendieron el fuego. Marcaron el centro, santuario común de
las tribus, sagrado e inviolable, lugar de templos, dioses y sacerdotes.
Alrededor del hogar construyeron la urbs. La urbs, primero aldea, después
ciudad, no tuvo espacio libre de la influencia de los dioses. Su manejo
requirió gobierno y corpus jurídico.
EXPANSIÓN DE LA CIUDAD
La ciudad, igual que las catedrales góticas, apareció
de pronto, adulta. Nació dura, compacta, de piedra, amurallada,
aislada del campo del cual vivían sus habitantes, creció
a la par con la globalización. Su número aumentó.
Fue la consecuencia del crecimiento de la población, su expansión
planetaria y la globalización, con sus consecuencias culturales,
económicas, sociales políticas y urbanísticas.
La globalización comenzó cuando los primeros bípedos
salieron de sus nichos africanos. Habitaron cuevas y precarios cobertizos.
Pasaron a Asia y Europa. La expansión siguió su curso.
Pueblos migrantes continuaron la marcha hacia Oceanía, Australia
y América. La especie se instaló en todas las regiones
del mundo y se multiplicó de manera prodigiosa.
La globalización se dio como proceso continuo, dinámico,
histórico, inevitable e irreversible. Con la población
se globalizó la justicia, la guerra, la moda, el terrorismo.
También el hambre, la miseria, la corrupción y la ciudad.
La ciudad evolucionó en formas sucesivas. Las primeras ciudades
aparecieron hace unos 8 mil años cuando el mundo contaba 1.5
millones de habitantes. Primero fue la eópolis, ciudad del alba,
entre ellas Jericó en Palestina, Mohenjo Daro en la India, El
Obeid y Eridu en Mesopotamia hoy Irak. Más tarde en Egipto y
en América.
Luego apareció la polis, ciudad-estado, la tipifica Atenas.
Siguió Roma, la metrópolis, ciudad madre, urbe imperial.
Alcanzó un millón de habitantes en una época en
que el mundo contaba 300 millones de habitantes. Más tarde vino
la megápolis, la ciudad de 10 millones de habitantes y más,
en un mundo con 6.300 millones y veloz tendencia al crecimiento.
Las megápolis unidas con otras ciudades y pueblos dieron la
cosmópolis, aglomeración de ciudades de la modernidad.
Existen en la costa oriental de los Estados Unidos; la conformaron Filadelfia,
Baltimore y Washington y en Alemania, en el sector del Rhin, con Duisburgo,
Düsseldorf, Solingen, Essen y otras.
En 1950, la única ciudad que contaba más de diez millones
de habitantes era Nueva York. En 2015 habrá, 21. Las ciudades
entre cinco y 10 millones aumentarán de siete a 37. El crecimiento
de ciudades ocurrirá principalmente en Asia y Africa, continentes
de naciones pobres, no industrializadas, con 75% de población
rural y 25% de población urbana que, en el 2015, llegará
a un 50%. (National Geographic Society, Boletín, nov., 2002).
La modernidad avanza amenazante sobre el siglo XXI. "Cada semana,
la población urbana aumenta en un millón de personas".
Al comenzar el siglo, cinco ciudades aparecen como las más grandes
del mundo, Tokio, México, Sao Paulo, Nueva York y Bombay. Son
megápolis, Shanghai, Calcuta, Bangkok, Hyderabad, Bombay en Asia;
Lagos en Africa; Los Ángeles, en los Estados Unidos. La India
tiene 32 ciudades con más de un millón de habitantes.
La megápolis es una configuración urbana que tiende a
producirse cada vez más, en más países y más
rápido. Nunca habían existido en tal numero y creciendo
de tal manera. El mayor crecimiento lo experimentan las ciudades de
los países industrializados. (Erla Zwingle).
MEGÁPOLIS
Megalópolis (mega, grande, polis, ciudad), es la condición
de tamaño, estructura, forma y funcionamiento que adquiere una
ciudad cuando alcanza y sobrepasa el horizonte de los diez millones
de habitantes. Su gigantismo lo produjo la explosión demográfica,
el centralismo, el poder que lo maneja y la masiva llegada de inmigrantes,
gentes pobres expulsadas de campos, ciudades y países.
La megápolis, con su doble efecto de imán y de amiba,
invadió y conurbó pueblos y ciudades. Su presencia constituye
la expresión urbanística propia de la civilización
industrial, comercial y bancaria en medio de un vendaval poblacional.
La megápolis está regida por el automóvil. Creó
comodidad y servidumbre. Las calles son para los vehículos, los
espacios libres para su estacionamiento. La calle es, además,
espacio de avisos, ruidos y polución, en los países pobres
espacio de pordioseros, vendedores ambulantes y niños que limpian
parabrisas y piden monedas.
Con el auto llegó el shopping center, lejano centro de compras
para clientes motorizados dotados de tarjetas de crédito, sitio
ideal del consumista. La globalización trajo chicle, McDonalds,
Kentucky Chicken, Coca Cola y otras ofertas mundializadas.
DIAGNÓSTICO
La megápolis muestra enorme variedad y magnitud de problemas,
entre ellos cinco: pobreza de la mayoría, delincuencia, congestión,
contaminación y violencia.
Los cinco problemas, junto con otros, forman pesado memorial: caotización
del espacio urbano; deterioro ambiental y edilicio; economía
informal, rebusque; invasión del espacio público; tugurización
de arrabales; decaimiento de barrios, localidades y zonas urbanas tradicionales;
imposibilidad de satisfacer la creciente demanda de servicios públicos;
smog; ruido; polución visual.
La población de la megápolis se divide en dos grupos
antagónicos, ricos y pobres. Entre ellos se da "la lucha
de los que no duermen contra los que no comen", como lo dijo en
Brasil Josué de Castro, un distinguido médico. Los que
no duermen cuidando lo suyo, los que no comen buscando comida.
El espacio urbano, alguna vez tierra del común, es hoy mercancía,
factor de especulación. El centro de la ciudad una vez territorio
sagrado, es hoy espacio pagano donde se adora un nuevo dios, el dinero.
Ante él se inclinan los nuevos idólatras, titulares del
poder y sus ayudantes; ofician en bancos, bolsas, seguros y oficinas,
en edificios más grandes y más altos que las antiguas
catedrales.
Los centros de las megápolis se deterioraron. Casas y edificios
abandonos, envejecieron y se convirtieron en habitación destartalada
de gentes pobres. Nacieron los inquilinatos o conventillos. Nuevos barrios
residenciales se construyeron en la periferia para las gentes ricas,
organizados en ghetos, condominios cerrados, fuertemente custodiados.
Nuevas barriadas aparecieron sin orden ni concierto; allí se
aloja multitud de inmigrantes desplazados de los campos por la pobreza
y a violencia.
La industria, motor de la urbanización, hizo crecer ciudades
que hoy abandona para instalarse en poblaciones medianas y pequeñas
donde encuentra atractivas ventajas comparativas, rebaja de impuestos,
mano de obra barata, tierra de bajo costo, servicios públicos
económicos.
La megápolis aniquila la gobernabilidad, se hace inmanejable
e implanificable. Crece, ocupa espacios mayores, daña el medio
y el ambiente, encarece la urbanización, complica y desafía
la administración, demanda tierras y enorme cantidad de servicios,
especialmente agua.
Vivir en la megápolis es cada vez más costoso. Para atender
costos, las autoridades decretan guerras fiscales. Afectan los presupuestos
familiares Apela al aumento de impuestos y cargas tributarias de todo
orden, aumentan las tarifas de servicios públicos, cobran peajes,
alumbrado público, semaforización, mantenimiento de árboles,
gravan los combustibles. La megápolis, violenta y peligrosa,
tiene como principal industria la seguridad, prestada por organizaciones
regidas por militares retirados, orientada a la defensa armada.
El habitante de las ciudades, grandes y pequeñas, está
física y mentalmente urbanizado. Carece de concepto espacial
completo. El campo, para él, no existe, es entidad lejana, desconocida,
ausente. Sirve, a lo más, para pasear os domingo, urbanizar y
negociar. El déficit mundial de conocimiento geográfico
está documentado en una investigación realizada por la
National Geographic Society en el año 2002.
La crisis urbana invade el mundo. La megápolis denuncia un estadio
crítico de la evolución humana. La megápolis ha
derivado hacia la necrópolis, figura de muerte que resume plásticamente
la crisis contemporánea del urbanismo y la amenaza que se cierne
sobre el hombre.
Hay un inevitable desafío planetario. Se requieren nuevas fórmulas
para el asentamiento mundial de una población. Anticipar una
alternativa a la megápolis, más ampliamente, al asentamiento
del hombre sobre la Tierra, es una tarea urgente, enteramente justificable.
Al lado de una nueva concepción de lo urbano, se requiere una
gigantesca tarea de remodelación urbana.
ALTERNATIVA
"La calidad de vida de la mayoría de las personas en el
futuro dependerá de la calidad de las ciudades" (Erla Zwingle).
La megápolis contemporánea debe ser replanteada. Requiere
una alternativa dinámica. La búsqueda alternativa tiene
dos caminos, uno proyectivo, otro prospectivo.
El camino proyectivo extrapola series estadísticas históricas.
Responde al orden establecido y a la mentalidad reinante. El pasado
se proyecta hacia el futuro. Es un método cuantitativo determinista,
manipulable y fatalista. Deja de lado una dimensión del ser:
el libre albedrío.
Si prefiguramos la ciudad del mañana proyectando la megápolis,
lo que obtendremos será la situación actual magnificada,
una ciudad igual a la actual pero más grande en tamaño
y con mayores problemas. De una situación grave pasamos a otra
peor. La proyección se mantiene sólo como antecedente
y argumento para liberarnos del modelo actual e "inventar"
nuevas realidades.
El camino prospectivo es imaginativo y cualitativo. Se basa en la creatividad,
en la capacidad humana de tomar nuevas opciones. Ofrece una visión
diferente de la actual. Conduce a un nuevo orden. Propone la agrópolis
como alternativa a la megápolis contemporánea, como modelo
de Ciudad Deseable.
La Ciudad Deseable
La Ciudad Deseable será aquella donde la gente viva bien. Superará
los problemas detectados en la megápolis moderna. Será
apta para el mundo de 10 mil millones de habitantes cuando el planeta
estará saturado de población humana. En lo urbanístico
importará el tamaño de la ciudad. Buscará alta
densidad de población para ahorrar terreno. En lo humano preservará
la paz, la calidad de vida, la justicia, la equidad, el respeto a los
valores humanos, el disfrute de ambientes sanos. Importará superar
el individualismo disolvente, la dispersión y el aislacionismo
y fomentar la solidaridad y la convivencia.
La agrópolis, como fórmula alternativa de la megápolis,
tendrá un módulo de vida comunal: la Unidad Vecinal. Será
una unidad repetible, de aplicación inteligente en todos los
niveles urbanísticos, caseríos, aldeas, barrios, pueblos,
ciudades y agrópolis. Todos signados por un propósito:
restablecer comunidad, alcanzar el bien común y armonía
con la naturaleza. El nuevo modelo significa un salto cualitativo en
la especie: pasar de la modernidad a la posmodernidad. Posmodernidad
entendida como revolución de la modernidad.
La Ciudad Deseable plantea, en primer término, reivindicar el
territorio y retornar al campo. Volver a la base de la vida, de la sociedad,
de la ciudad.
EL TERRITORIO
La Tierra es la casa mayor del hombre. Hay que mantenerla limpia y
en orden. Es la nave común en que recorremos el espacio. Debe
funcionar bien. Tiene 5 mil millones de años; 510 millones de
km2 de superficie fija y recursos limitados; 70% del área es
agua, 30% suelo. Su temperatura media, 14oC, es ideal para la vida y
el trabajo intelectual.
La Tierra se encuentra severamente mancillada. Cada vez muestra menos
rincones de naturaleza virgen. Mientras la población crece, el
ecúmene cultivable disminuye, en parte desaparece. El suelo está
cansado. Existe la destrucción social de la región. Valles
y cuencas hidrográficas están deteriorados. Los desiertos
se ensanchan, las aguas se agotan, las que quedan están intensamente
envenenadas, la atmósfera está contaminada. Esta mortal
experiencia abarca a la humanidad entera.
El tratamiento mundial de ciudades comienza con revalorar la tierra
por encima de su uso urbanizable y su precio por metro cuadrado, hectárea,
acre o fanegada. La premisa está en rescatar el valor axiológico
del territorio. La Ciudad Deseable lo cuidará y ordenará.
Será condición obligatoria en todas las latitudes.
Actores de la defensa del medio y del ambiente han promovido cumbres
mundiales destinadas a parar la agresión terrestre, suscribir
acuerdos ecológicos internacionales y dar comienzo al restablecimiento
del planeta. Estocolmo, Nairobi, Río de Janeiro, Tokio y Johannesburgo
han sido lugares de reunión. Todas aportan recomendaciones válidas
y resultados escasos. La defensa ambiental tiene mucho de retórica
y poco de corrección.
Los Estados Unidos se proclaman "campeones mundiales del desarrollo
sostenible". Argumentan que "ningún país ha
hecho más o ha contribuido tanto sobre la materia". Producen,
sin embargo, 40% de los daños ambientales del mundo y se niegan
a suscribir acuerdos ecológicos.
Los indígenas nos dan la pauta. "Donde se levanta una ciudad,
muere un río" dicen los mapuches en Chile. La Tierra es
"la madre generadora de vida, en sus tres niveles: terrestre, subterráneo
y celeste" dicen los arhuacos en Colombia. Los romanos hablaron
del "mundo, del inframundo y del supramundo". Heidegger acentuó
la dimensión celeste al recordarnos que "habitar significa
no sólo estar sobre la Tierra, sino también estar bajo
el cielo". El Liberador Simón Bolívar definió
el territorio de manera ejemplar: "mi primer deber -dijo- es con
el suelo que ha compuesto mi cuerpo y mi alma de sus propios elementos".
En ecología mundial hay mucho por hacer. La Tierra, sin cuidado,
será erial acusador para la humanidad. Toda reunión internacional,
por principio, incluirá presión sobre la preservación
del suelo, de las aguas, de los ecosistemas, de los paisajes.
UNIDAD VECINAL
El hombre se entiende en pequeños grupos. Puede relacionarse
y hacer amistades sólo con un número limitado de personas.
Es una ley de hierro. La Unidad Vecinal permitirá cumplir esta
ley.
La Unidad Vecinal se basa en la familia y en la comunidad. Está
concebida en términos de proximidad humana y convivencia, apta
para superar, en forma conveniente, el individualismo disolvente, la
incomunicación entre vecinos y el desempleo de las gentes. Se
espera que influya "en el desarrollo del sentimiento de comunidad,
fraternal, natural y humano" y en un quehacer político que
garantice justicia y equidad.
La Unidad Vecinal constituye modulo de humanización, forma apta
para reorganizar asentamientos humanos de diferentes dimensiones, célula
viviente universal, sitio donde se puede "comprometer a la comunidad
en participar en su propio desarrollo".
La Unidad Vecinal servirá a lo micro-local y a lo macro-mundial.
El módulo, repetido uno a uno, será la célula constitutiva
de los tejidos y redes urbanos en todas partes, en todas las escalas
urbanísticas, desde el caserío compuesto por una Unidad
Vecinal, hasta la agrópolis, compuesta por centenares y miles
de Unidades Vecinales.
Estructura
La Unidad Vecinal es "una prolongación de la casa".
Está pensada con población y territorio limitados y diseño
a escala humana. Su tamaño se calcula por el número de
familias cuyos niños dan para construir un pre-escolar y una
escuela, Los servicios que ofrece serán accesibles a pié,
estarán dentro de un radio de 500 metros.
La escuela y el pre-escolar forman conjunto con otros servicios comunales,
puesto de salud, centro de compras, guardería infantil, sala
comunal, centro de comunicaciones. Este equipamiento se localiza alrededor
de la plaza central que, como el ágora griega, será sitio
de encuentro y diálogo.
Vivienda
La vivienda estará dispuesta en tres formas: edificios altos,
viviendas unifamiliares y en una combinación de ambas. La decisión
que se adopte dependerá de las características de la población,
del grupo social y económico a que pertenezca y de las densidades
de población a satisfacer.
La vivienda, en sociedades económicamente sanas, está
financiada por el usuario-propietario. Porque tiene trabajo e ingreso
suficiente para suplir sus necesidades individuales y familiares. La
vivienda no se puede construir con subsidios estatales. Ningún
Estado, por rico que sea, está en capacidad de financiar la vivienda
de la población. El costo excedería cualquier presupuesto.
EL BARRIO
El barrio de La Ciudad Deseable lo conforman agrupaciones de Unidades
Vecinales según tamaño del barrio. Cuenta con un número
de habitantes adecuado para que puedan identificarse entre sí
y generar acción comunitaria. Amplía el nivel de complejidad
de la Unidad Vecinal, mientras mantiene, por cercanía física
y espiritual, la "vecindad" y la "proximidad" de
sus habitantes y las identificaciones y lealtades propias de las pequeñas
localidades.
El barrio cuenta con servicios de abastecimiento apropiado, según
su tamaño, zonas de encuentro, áreas peatonales, colegio
de educación secundaria, servicio de salud especializado, zonas
recreacionales, clubes, iglesia-capilla y centros de trabajo. El criterio
está en que el barrio cuente con actividades económicas
propias y ofrezca posibilidades de trabajo que reduzcan la necesidad
de que los vecinos tengan que salir del barrio a buscar trabajo en otras
partes.
LA ALDEA
Aldea es "pueblo de escaso vecindario", unidad de vida, residencia
y trabajo, hecho urbanístico primario. Cada aldea, en su entorno
rural, será una empresa en que lo asociativo y mutual se identificará
con su razón de ser.
Por tamaño y complejidad, la aldea representa un escalón
por debajo del pueblo y uno por encima del caserío. En su condición
intermedia, la organización de la aldea y su número de
habitantes pueden coincidir con una Unidad Vecinal o con un barrio.
Si crece tendrá más unidades vecinales y se convertirá
en pueblo.
La aldea ofrece un hecho de real convivencia. Está habitada
por personas que, asociadas o no, tienen similar actividad, común
escala de valores, parecida concepción y actitud ante la vida.
La aldea resulta así, expresión espiritual de sus habitantes,
de su existencia, de sus comportamientos.
En la aldea se advierte la diaria presencia de ciclos, días,
noches, sol, lluvia, estrellas. La fuerza de lo natural aproxima y facilita
relaciones entre sus habitantes. Todo allí, en relativa soledad,
propicia cosmovisión y filosofía compartidas.
En la aldea las relaciones del hombre con el hombre, del hombre con
la naturaleza son directas. Allí está en contacto con
la tierra, las montañas, las llanuras. Con ríos, árboles
y caminos. Con flores y pájaros. Consigo mismo y con los demás.
El hombre en la aldea es esencial, íntimo, espontáneo;
su tiempo es presente. El trabajo y lo social suscitan ataduras, cohesión,
vecindario, cooperación, dificultades compartidas y sentimientos
unánimes para la realización de órdenes y valores
de existencia. La aldea ofrece sitio y posibilidad a quienes la habitan
de hacerse cada vez mejores.
AGRÓPOLIS
Agrópolis (ager, campo; polis, ciudad) es la alternativa posmoderna
de la megalópolis moderna. Representa la síntesis campo-ciudad,
la armonización estructural de esas dos entidades. Es la Ciudad
Deseable en todo su potencial. La componen Unidades Vecinales que se
van sumando a medida que la ciudad necesita crecer. Es la expresión
máxima de la holidad ruralística y urbanística.
La Agrópolis obedece a una concepción planetaria del
asentamiento humano. Se construye a partir de principios humanísticos,
con conciencia de lo territorial, dentro de la tensión dialéctica
campo-ciudad.
El territorio de la agrópolis es la región, la cuenca
hidrográfica, en cualquier caso la unidad geográfica distinguible.
Allí, la agrópolis significa presencia biocenótica
y acción sustentable apoyada en la bioagricultura en el campo,
biourbanismo en la ciudad y bioarquitectura en la vivienda.
La agrópolis estará regida por reglas de ruralidad y
urbanidad que buscan crear un hecho superior de naturaleza, civilización,
y cultura. La configuración resultante será saludable,
dejará de ser dañina para el territorio, hostil para sus
habitantes, letal para la vida.
La agrópolis sintoniza población, territorio y gobierno
y unifica, de manera gestáltica, las heterogéneas piezas
que conforman el rompecabezas territorial y el ordenamiento político-administrativo.
La agrópolis, por definición, naturaleza y necesidad
vital, está destinada a rescatar el agro, replantear las ciudades,
cuidar y fomentar el medio, restablecer flora y fauna, mejorar el paisaje
y suavizar el ambiente psíquico y social en que vive y se mueve
el hombre.
La. agrópolis supera el modelo ciudad-región. Ofrece
un paradigma urbanístico multicéntrico, viable, sostenible
y extenso, de alcance planetario, asentado sobre un agro recuperado
para su función productiva y una ciudad formada por Unidades
Vecinales que la administración respetará y fomentará.
La agrópolis asociará municipios, pueblos y ciudades.
El conjunto estará dotado de centros de servicios, estructurantes
del espacio, estratégicamente situados. Valorizarán el
campo y facilitarán el acceso de la población.
Asentamientos humanos, unidades vecinales, aldeas. barrios, pueblos,
ciudades nuevos o remodelados, compactos, de diferentes tamaños
y especializaciones, formadores de la agrópolis, asentados sobre
el campo dedicado a la bioagricultura, funcionarán como empresas.
Estarán comunicados por vías carreteables, peatonales
y cibernéticas.
Las vías carreteables formarán una malla dura, pavimentada,
para vehículos, debidamente jerarquizadas según densidad
de tránsito y de tráfico; las grandes vías evitarán
los cruces a nivel.
Las vías para peatones, ciclistas y motociclistas, formarán
una malla blanda, de corredores biológicos, bordeados por cercas
vivas, complementada por rondas de ríos, quebradas, lagos, humedales
y embalses. El paisaje de líneas verdes equilibrará del
ambiente.
Las pistas cibernéticas comunicarán personas, centros
poblados, agrópolis. Fortalecerán un mundo globalizado
y unificado. El servicio suministrará a la población la
información instantánea requerida para el trabajo, el
estudio, la investigación, la administración y el progreso.