Tiempos Litúrgicos

Mes de Octubre: Fiesta de Nuestra Señora del Rosario

Te habrás fijado que las mamás están siempre con los ojos abiertos o, al menos, con el corazón despierto. Están ocupadas en los mil quehaceres de la casa, pareciera que no miran, pero ven o adivinan siempre lo que le pasa al hijo más pequeño. Es que Dios ha puesto en el corazón de las mamás un amor tan grande y tan parecido al suyo que no cabe el olvido, el cansancio, ni el descuido hacia el hijo necesitado. Así son las mamás. Así es Dios.

Entonces, imagínate quién es la Virgen. En su corazón de madre, por ser Madre de Dios y Madre nuestra, hay lugar para todos los hombres. A cada uno nos mira siempre con un inmenso cariño, nos acompaña a todas partes, nos cuida y nos protege como al hijo más pequeño y más querido.

Por lo mismo es que nosotros como pueblo cristiano siempre hemos sentido la necesidad de que la Santísima Virgen medie, como madre, entre su Hijo y nosotros. Debemos recordar entonces que el Santo Rosario es la oración preferida de la Virgen, como ella misma se los dijo a los pastorcitos de Fátima : "Rezad el Rosario todos los días para alcanzar la paz" .

El Santo Rosario se originó en la Edad Media. En ese tiempo se saludaba a la Virgen con el título de "Rosa", porque esta flor simbolizaba la alegría. Por lo mismo se adornaban sus imágenes con "coronas de rosas". También en esa época se acostumbraba a recitar 150 salmos del Oficio Divino, pero quienes no sabían rezarlo los sustituían por 150 Avemarías. Para que al rezar no se perdieran en la cuenta se usaban granos enhebrados en un cordel o cuerda con nudos, ordenados por decenas.

Santo Domingo de Guzmán, durante el siglo XIII, y por inspiración de la Virgen, creó la Orden de los Predicadores, que con el Santo Rosario, combatieron las herejías que negaban la Maternidad Divina de María y su Virginidad.

Durante el siglo XV la oración del Santo Rosario se extendió y cobró fuerza , cuando los turcos musulmanes estaban rodeando Europa Oriental. Incluso el Papa Pío V, en 1571, organizó una flota bajo las órdenes de Don Juan de Austria. Mientras la escuadra se preparaba el Santo Padre pidió a todos los creyentes que rezaran el rosario e imploraran a la Virgen bajo el título de Nuestra Señora de Victoria, para que nuestro Señor le concediera el triunfo a los Cristianos. Esta posibilidad era muy remota, ya que la flota musulmana superaba tanto en barcos como en marineros a los Cristianos. Sin embargo, el 7 de octubre de 1571 los musulmanes fueron derrotados en la Batalla de Lepanto.

El Papa Pío V atribuyó la victoria de la Batalla de Lepanto a la intervención de la Santísima Virgen que había sido invocada por todo el pueblo creyente a través del Santo Rosario. Desde 1572, el 7 de octubre se celebró el día de Santa María de la Victoria. Después el Papa Gregorio XIII cambió el nombre de la advocación por el de Nuestra Señora del Rosario y su celebración pasó a ser fiesta universal de la Iglesia.

Sabemos que la oración del Rosario es la preferida de la Virgen, porque ella misma vino del Cielo a pedirnos que la rezáramos. Además de que es completa, ya que al rezarla le recordamos los sucesos más importante de la vida de su Hijo, que es lo que más le gusta a cualquier mamá: que le hablen de sus hijos. Le ofrecemos, a la vez, una poderosa fuerza para que interceda por nosotros y salve a tantas personas necesitadas. Y, por último, podemos pedir también por: nuestra familia, nuestros amigos y situaciones que nos preocupan.

Por la importancia histórica y por la predilección que le muestra la Virgen, el Santo Rosario goza de aprobaciones pontificias y, para enriquecerlo más aún, se conceden indulgencias al rezarlo. Para ganar indulgencias plenarias mediante el Santo Rosario se debe rezar en familia o en una Iglesia u Oratorio público y además por tratarse de una indulgencia hay que recordar otros requisitos como la Confesión y Comunión, dentro de los 7 días anteriores o posteriores, orar por el Papa y lo más importante: en ese día querer ser buen hijo de Dios. Además, la Virgen María ha hecho muchas promesas para aquellos que recen el Santo Rosario.

Para rezar el Rosario debemos tener en cuenta que se trata de una meditación de la vida de nuestro Señor y de la Virgen María. Así pensamos en cada situación y no repetimos mecánicamente los Padres Nuestros y las Ave Marías.

Recordemos que esta oración está dividida en tres partes (Misterios Gozosos, Dolorosos y Gloriosos) y cada una en cinco misterios. En cada misterio se recita un Padre Nuestro, diez Avemarías y un Gloria. Los Misterios tienen un orden que es:

 

 

Misterios Gozosos

La Anunciación
Visitación de María a su Prima Santa Isabel
Nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo
Presentación del Niño en el Templo
El Hallazgo del Niño en el Templo

 

Lunes y Jueves

1. La Encarnación del Hijos de Dios.

2. La Visitación de la Virgen a su prima Santa Isabel

3. El Nacimiento del Hijo de Dios en Belén.

4. La Purificación de la Virgen

5. El Niño perdido y hallado en el Templo

 

Misterios Dolorosos

Oración de Jesús en el Huerto
Flagelación de Nuestro Señor
Coronación de Espínos
La Cruz a Cuestas
Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor

 

Martes y Viernes 1. La Oración del Huerto

2. La Flagelación del Señor

3. La Coronación de espinas

4. La Cruz a cuestas camino del Calvario

5. Jesús muere en la Cruz

 

 

Misterios Gloriosos

La Resurrección del Señor
La Ascención
La Venida del Espíritu Santo
La Asunción de la Virgen María
La Coronación de la Virgen

 

Miércoles, Sábados y Domingos 1. La Resurrección del Señor

2. La Ascensión del Señor a los Cielos

3. La venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles

4. La Asunción de María al Cielo

5. La Coronación de María Santísima como Reina y Madre de todo lo creado

 

 

La forma de rezarlo es comenzando por la señal de la santa Cruz..., luego viene un Acto de contrición, un Gloria al Padre... y se nombra el primer misterio del día correspondiente. Cada decena es una contemplación de la vida de nuestro Señor, de la vida de la Virgen María, o un aspecto del misterio Pascual. Después de unos segundos de meditación se recita:

 

 

El Padre Nuestro

 

Padre Nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre.
Venga a nosotros tu Reino,
Hágase tu Voluntad, en la tierra como en el Cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en tentación, y líbranos del mal.

Amén.

 

Luego vienen las diez:

Avemarías

 

Dios te salve, María, llena eres de gracia.
El Señor es contigo;
Bendita tú eres entre todas las mujeres;
y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros pecadores
ahora y en la hora de nuestra muerte.

 

Amén.

Y al terminar:

El Gloria

Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.
Como era en el principio ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.

 

Al final de cada decena, se puede decir la siguiente oración que la Virgen recomendó a los pastorcitos en Fátima:

"¡Oh Jesús, perdónanos nuestros pecados, sálvanos del fuego del infierno y guía todas las almas al Cielo, especialmente aquellas que necesitan más de tu misericordia!"

Al terminar las cinco decenas se puede rezar una:

Salve

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia.
Vida, dulzura y esperanza nuestra.
A ti llamamos los desterrados hijos de Eva.
A ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.
Ea, pues, Señora, abogada nuestra;
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos.
Y después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.
¡ Oh clemente!, ¡ Oh piadosa!, ¡ Oh dulce, siempre Virgen María!
Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios,
para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Nuestro
Señor Jesucristo.

Amén.

También se puede rezar al final las:

Letanías a la Virgen María.

V. Señor, ten misericordia de nosotros
R. Señor, ten misericordia de nosotros
V. Cristo, ten misericordia de nosotros
R. Cristo, ten misericordia de nosotros
V. Señor, ten misericordia de nosotros
R. Señor, ten misericordia de nosotros
V. Cristo, óyenos
R. Cristo, óyenos
V. Cristo, escúchanos
R. Cristo, escúchanos
V. Dios, Padre celestial
R. Ten misericordia de nosotros
V. Dios Hijo, Redentor del mundo
R. Ten misericordia de nosotros
V. Dios Espíritu Santo
R. Ten misericordia de nosotros
V. Santísima Trinidad, un solo Dios
R. Ten misericordia de nosotros

A cada una de las siguientes advocaciones respondemos con "Ruega por nosotros"

 

Santa María
Santa Madre de Dios
Santa Virgen de Las vírgenes
Madre de Cristo
Madre de la Iglesia
Madre de la divina gracia
Madre Purísima
Madre castísima
Madre siempre virgen
Madre sin mancha
Madre inmaculada
Madre amable
Madre admirable
Madre del Buen Consejo
Madre del Creador
Madre del Salvador
Virgen prudentísima
Virgen digna de veneración
Virgen digna de alabanza
Virgen poderosa
Virgen clemente
Virgen fiel
Espejo de justicia
Trono de sabiduría
Causa de nuestra alegría
Vaso espiritual
Vaso de honor
Vaso insigne de devoción
Rosa mística
Torre de David
Torre de marfil
Casa de oro
Arca de la alianza
Puerta del cielo

Estrella de la mañana
Salud de los enfermos
Refugio de los pecadores
Consuelo de los afligidos
Auxilio de los cristianos
Reina de los Angeles
Reina de los Patriarcas
Reina de los Profetas
Reina de los Apóstoles
Reina de los Mártires
Reina de los Confesores
Reina de las Vírgenes
Reina de todos los Santos
Reina concebida sin pecado original
Reina llevada al cielo
Reina del Santísimo rosario
Reina de las familias
Reina de la paz
Reina concebida sin pecado original
Reina llevada al cielo
Reina del Santísimo rosario
Reina de las familias
Reina de la paz

V. Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
R. Perdónanos, Señor

V. Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
R. Escúchanos, Señor

V. Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo
R. Ten misericordia de nosotros

 

Oración

Te suplicamos, Señor, que derrames tu gracia en nuestra almas, para que los que por el anuncio del Ángel hemos conocido la Encarnación de tu Hijo Jesucristo, por su Pasión y Cruz, seamos llevados a la gloria de su Resurrección. Por el mismo Jesucristo Nuestro Señor.

R. Amén.

 

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