Tiempos Litúrgicos

Mes de Diciembre: TIEMPO DE ADVIENTO

Cuando llega un nuevo miembro al hogar: un recién nacido, todo el ambiente se prepara. Se le busca un lugar dónde dormir, ropa, se buscan los alimentos adecuados. La familia se prepara para recibir a este nuevo miembro con alegría y generosidad.

Incluso en los hogares más humildes, a pesar de todas sus angustias, preparan su casa para que el recién nacido no pase frío, hambre, se sienta feliz, en fin, se sienta acogido.

El tiempo de adviento es parecido a este tiempo en el que la mamá espera la llegada de su hijo al mundo. La diferencia es que este tiempo especial dura las cuatro semanas anteriores a la Noche Buena, es decir, el 24 de Diciembre. Es una época en la que la Iglesia Católica prepara los corazones de sus fieles para la llegada del Señor, la llegada del Niño Dios, el esperado Mesías. También la Virgen María, la Madre de este recién nacido, nos pide que preparemos nuestros corazones y que no nos dé lo mismo el nacimiento de su Hijo.

Estas cuatro semanas son un tiempo especial en el que se espera al Niño Dios con alegría, esperanza y con el cambio o conversión de nuestros corazones. Sólo así le podremos ofrecer a Jesús un hogar en la tierra junto a nosotros.

Por eso es importante prepararnos cada año, aunque Jesús ya nació hace dos mil años en Belén. Él quiere nacer cada año nuevamente, pero en el corazón de cada uno de nosotros para así poder vivir junto a nosotros. Para que esto pueda ser nosotros debemos aprender a quererlo como lo hizo su Madre, la Virgen, y San José. Y, entonces, qué mejor que comenzar a encontrarnos con Jesús Niño, con Jesús recién nacido.

Por esta razón todos deberíamos detenernos un poco en nuestros trabajos, nuestras tareas para preguntarnos si de verdad queremos que el Niño Jesús encuentre en nuestros corazones un lugar donde reposar, descansar, y, especialmente, un lugar donde se sienta querido. Es decir, que nosotros seamos ahora el pesebre de Belén. Ya no estará rodeado de pajas de vacas, u ovejas, sino en medio de nuestros niños en nuestras familias.

Nosotros ya no somos los llamados de preocuparnos de abrigar a este recién nacido, de alimentarlo físicamente, pero sí espiritualmente. La idea es abrigarlo con nuestras oraciones, alimentarlo con nuestros esfuerzos, con nuestros sacrificios ofrecidos a Él.

El Niño Jesús nos pide sólo una cosa: ¨AMAR ¨. Amar a todos nuestros hermanos, amar a todos los hijos de Dios, amarlos sin pensar de qué condición son, de qué raza son de qué ideas políticas son. Amar sin límites.

Para que sea más fácil recordar estos propósitos cada semana antes de Noche Buena es que se usa la Corona de Adviento. Ésta es una antigua tradición de la Iglesia. Esta corona es redonda y además tiene cuatro velas.

Cada domingo se enciende una vela, según la semana en la que estemos. Es decir, el primer domingo, la primera vela. El segundo, dos velas y así hasta que el cuarto domingo estén encendidas las cuatro velas. Y de esta forma podemos esperar la noche del 24 de diciembre. La idea no es sólo encender las velas, sino crear un ambiente acogedor, en el que la familia se reúne a rezar y prepararse cada vez que se prende una de las velas.

Esta antigua tradición de la Iglesia trae muchas bendiciones a las familias que se reúnan para adorar al Niño Dios. Otro gran objetivo de esta costumbre es ayudarnos a descubrir en cada miembro de su familia al Niño Jesús que está presente en su corazón. Debemos recordar que Dios vive en todos. En cada persona se encuentra Él y hay que hacer esfuerzos para descubrirlo.

Es muy importante que en las preparativos que hagamos incluyamos a todos, especialmente a los niños. Por eso para ayudar a los niños a preparar sus corazones les regalamos un cuento muy bonito de Adviento.

Ya muchos niños se han preparado con este cuento. Hoy queremos que más niños lo hagan, al igual que lo hizo Paulita.

Como algunas indicaciones podemos decir que este cuento nos relata actividades concretas que los niños pueden realizar para preparase durante el Adviento. Nos enseña a estar atentos, a estar en vela. Paulita ofrece al niño un modelo concreto de la actitud interior necesaria para recibir al niño Dios.

Por lo mismo es bueno leer el cuento junto a los niños, para entablar un diálogo directo y definir qué sacrificios concretos se pueden realizar durante el adviento. Ya que los niños necesitan actividades muy prácticas es deseable que cada niño pinte las pajitas del pesebre, según los esfuerzos que ha realizado durante las cuatro semanas. Claro está que es igualmente deseable que no se dude de los esfuerzos de los niños. Sólo Dios ve su interior.

 

Cuento de Paulita

 

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