Santiago, Festividad de la Virgen del Carmen, 1973.
1. Hablamos en una hora dramática
para Chile. Lo hacemos pro ser fieles a Cristo y a nuestra
patria. Hablamos en nuestra condición de Obispos
de la Iglesia Católica, porque creemos tener una
obligación especial de hacer un llamado extremo
para evitar una lucha armada entre chilenos. No representamos
ninguna posición política, ningún
interés de grupo, sólo nos mueve el bienestar
de Chile y tratar de impedir que se pisotee la sangre
de Cristo en una guerra fratricida.
2. Todos los chilenos estamos preocupados
por insistentes noticias de que se están armando
las poblaciones civiles y que existe el peligro de una
guerra civil. La peor desgracia que puede ocurrir a un
país, y esto todos lo sabemos, es una guerra civil.
No sólo por su secuela de muerte y de miseria.
Sino por el envenenamiento del alma nacional por el odio
y el rencor que hace muy difícil la reconstrucción
ulterior. Tenemos que hacer todo lo posible para evitarlo.
3. Desde el Gobierno y la Oposición
se levantan voces para pedir cordura y concordia. Cabe
a ellos y a todos los que representan probar con hecho
la seriedad de esas palabras.
4. La paz de Chile tiene un precio, necesita
que todos cambiemos de actitud. Faltan hechos de justicia.
La injusticia lleva a la violencia. La justicia puesta
en práctica produce las condiciones de paz y todos
debemos crear esas condiciones.
5. Entre nosotros perduran muchas formas
de privilegios y aparecen otros nuevos, eso lo hemos denunciado
los Obispos en diferentes ocasiones. Debemos buscar una
forma chilena, original, creadora de establecer la fraternidad
nacional que nos transforme en una sociedad moderna y
progresista. Debemos inventar, según el genio nacional,
según el alma de Chile, una forma de justicia para
que los más pobres, los más débiles
tengan todo lo que la tierra puede proporcionarles para
ser más plenamente hombres, y así descubran
mejor su vocación y su dignidad de hijos de Dios.
¡Justicia para emprender los cambios justos que
nos otorguen la paz!
6. La gran mayoría de los chilenos
tenemos hambre y sed de justicia; la voluntad de realizar
urgentes y profundos cambios sociales, con diversas concepciones
ideológicas, la encontramos en millares de hermanos
nuestros, que intuitivamente, u organizados en frentes
sociales o políticos, de Gobierno o de Oposición,
anhelan un Chile nuevo, construido en el respeto a cada
ser humano.
A estos grupos políticos y sociales, les imploramos
que den los pasos necesarios para crear las condiciones
de un diálogo que haga posible un entendimiento.
Diálogo que para ser fructífero, requiere
que se verifique en la verdad, que se diga toda la verdad,
que haya sinceridad para proclamar las intenciones reales,
que se desarmen los espíritus y las manos.
7. Un gran consenso nacional para lograr
la paz y realizar las transformaciones sociales, es necesario.
Para ello, es preciso que renuncie cada uno a la prepotencia
de querer convertir la propia verdad social como solución
única. Este será el único camino
para obtener la reconciliación de los chilenos,
y para que el dinamismo del pueblo, fraternalmente concientizado
y organizado, se ponga al servicio de la justicia, y no
de la violencia y la destrucción.
8. Por lo tanto, pedimos a los dirigentes
políticos y altos responsables de la patria que
agoten el diálogo entre ellos. Tenemos confianza,
en el encuentro cara a cara entre chilenos, en el intercambio
de posiciones, en la capacidad de comprender al otro,
y de encontrar puntos de coincidencia y líneas
de convergencia.
9. Sugerimos una tregua. Los políticos
saben cómo realizar este anhelo de tregua; no es
una solución pero da tiempo para encontrarla. Esto
permitiría buscar con más calma soluciones
duraderas, basadas no en la exclusión de un grupo
o de otro, sino en la justa valorización de lo
legítimo y de lo positivo que hay en uno u otro
bando, y de las posiciones que cuentan con la adhesión
de la gran mayoría de los chilenos.
10. Porque tenemos fe; pedimos oraciones
para que Dios ayude a los chilenos a ver claro y obrar
rectamente en el momento actual.
La Virgen del Carmen inspiró a los Padres de la
Patria cuando luchaban por la Independencia. ¿De
qué nos serviría lo que ellos ganaron tan
duramente si ahora asesinamos la nación? Que María
como Estrella de Esperanza, ilumine nuestras conciencias,
e interceda ante su Hijo Divino, para que recobremos la
paz y cambiemos las sombras de la noche en las primeras
luces de una alborada.
11. Por esto declaramos el próximo
domingo 22 de julio como "Día de Oración
por la paz de Chile". E invitamos a todos los católicos
a las Misas que se celebrarán en las catedrales
e iglesias a lo largo de todo el país para pedir
por esa intención al Padre de Misericordia.
Por el Comité Permanente del Episcopado
+ Raúl Card. Silva Henríquez
Arzobispo de Santiago
Presidente de la Conferencia Episcopal de Chile
+ Carlos Oviedo Cavada
Obispo Auxiliar de Concepción
Secretario General de la Conferencia Episcopal de Chile
"Por la Paz de Chile"
Padre de misericordia
míranos reunidos en tu Hijo Jesucristo,
con la aflicción de nuestra patria.
Perdónanos por cada vez
que fuimos violentos con el hermano.
Líbranos, Señor, del odio,
del egoísmo y del rencor.
Por la intercesión de María,
Nuestra Señora del Carmen,
impide la lucha fratricida
entre tus hijos de Chile.
Danos tu Espíritu Santo
para que ilumine las conciencias,
y nos dé la fuerza para construir
con veracidad, justicia y amor
una gran nación de hermanos. Amén.