Sr. Pbro.
Raúl Hasbún
Santiago
Querido Raúl:
Te hemos manifestado ya nuestra adhesión
ante los ataques de que has sido víctima en los
últimos tiempos. Ha sido la expresión de
nuestra amistad y aprecio a un sacerdote, que podrá
ser vehemente, pero que ha sido siempre un servidor de
la Iglesia, leal y dedicado, en quien tenemos plena confianza.
Si volvemos a escribirte es porque nos
ha causado verdadero asombro el artículo publicado
en "El Siglo", el domingo 1º de abril,
y luego en varios otros diarios, por el poeta Pablo Neruda.
Primero por la acusación que contiene:
tu "largo brazo negro" habría "torturado"
y "ajusticiado" a "un obrero anónimo"
-cuyos nombres y apellido da por lo demás: Jorge
Tomás Henríquez González-, la víctima
de los sucesos de Concepción, que habría
sido "asfixiado con espantosa lentitud" por
orden tuya, "su verdugo", desde Santiago.
Rara vez en Chile se ha lanzado semejante
infamia contra un sacerdote, o contra personal alguna.
El Sr. Neruda, que cita tantas frases evangélicas,
debería recordar otra más: "No juzguéis,
y no seréis juzgados".
Nosotros lamentamos la muerte de un hermano
nuestro; esto lo hace toda persona decente. Pero otra
cosa es aprovechar un cadáver para acusar de asesino,
con incalificable ligereza, a un sacerdote y quien se
quiere destruir.
No podemos concebir que un Premio Nobel
de Literatura, respetado y admirado por todos los chilenos,
y también por nosotros, se rebaje a tal tipo de
diatribas.
Cierto es que en el apasionamiento del
conflicto ha habido excesos de lenguaje por ambos lados,
y no aprobamos cada una de las cosas que se han dicho.
Pero tú no has acusado a nadie de "asesino".
En nombre del "aire que ha removido
a la Iglesia desde Juan XXIII", de la "serena
sabiduría" que se le reconoce a "nuestro
Cardenal chileno" y de "la fe de los creyentes",
como dice el propio Neruda, recordamos que el fundamento
de toda humana convivencia es el respeto al hombre y a
la verdad.
"Bienaventurados seréis cuando
os maldigan y digan, con mentira, toda suerte de mal contra
vosotros, porque es muy grande la recompensa que os aguarda
en los cielos" (Mt. 5,11).
No podemos ofrecerte un mejor consuelo.
Por los Obispos de Chile,
+ Carlos Oviedo Cavada
Obispo Auxiliar de Concepción
Secretario General de la Conferencia Episcopal de Chile