Reforma a la educación superior: Indicación sustitutiva

El obispo presidente del Área Educación de la Conferencia Episcopal, Mons. Héctor Vargas, expresó en El Mercurio su opinión sobre el proyecto de reforma a la educación superior que se discute en el Parlamento.


Monseñor Héctor Vargas, presidente del Área Educación de la Conferencia Episcopal de Chile y obispo de Temuco, expresó en El Mercurio su opinión sobre el proyecto de reforma a la educación superior que se discute en el Parlamento, en particular lo referente a la indicación sustitutiva ingresada por el Gobierno.

Reforma a la educación superior: Indicación sustitutiva

El martes recién pasado se aprobó en la Cámara de Diputados la idea de legislar sobre la reforma a la educación superior, después del rechazo recibido en la comisión de Educación. La indicación sustitutiva, presentada por el Gobierno, a decir verdad, constituye un nuevo proyecto, dado que la versión inicial tuvo el rechazo general de todos los sectores involucrados. El Ejecutivo, para avanzar en esta materia, divide el proyecto en dos, uno referido a la reforma propiamente tal y otro al fortalecimiento a las universidades estatales. El primero es el que tuvo la acogida positiva en la Cámara, con el compromiso del Gobierno de entregar el proyecto sobre universidades estatales y la eliminación del CAE para 2018.

Desde una mirada positiva, la actual propuesta busca dar una nueva institucionalidad a la educación superior con la creación de la Superintendencia y la Subsecretaría de Educación Superior, junto con la modificación de la Comisión Nacional de Acreditación. Estos cambios parecen adecuados en la perspectiva de una columna vertebral institucional que garantiza la transparencia, la regulación y la fe pública del sistema. Por otra parte, definir por ley el financiamiento de la gratuidad se hace necesario tanto para los jóvenes y sus familias como para las instituciones comprometidas en esta política.

No obstante lo anterior, resulta muy preocupante cómo esta nueva institucionalidad pueda coartar la autonomía y el desarrollo misional de los diversos organismos de educación superior, con excesivas regulaciones y restricciones que no hacen distinción ni reconocimiento respecto de los proyectos universitarios serios y tradicionales. Aun cuando en la nueva propuesta se hace un reconocimiento explícito al CRUCh, no existe precisión sobre las instituciones no estatales de este referente. No está claro, por ejemplo, cuál será el mecanismo de financiamiento basal que sostenga el desarrollo de estas universidades, cuestión que está muy definida en la propuesta de proyecto de universidades estatales con la consagración por ley de los fondos del convenio marco. En definitiva, si el eje principal del desarrollo de la educación superior es el CRUCh, la propuesta no debe hacer distinciones entre las instituciones que lo componen; es más, debe proyectar la incorporación de otras instituciones que respondan a los intereses del país y sus regiones.

Un proyecto de educación superior que busque impulsar el desarrollo del país para los próximos 40 años no puede ser discutido apresuradamente, no puede avanzar sin considerar la opinión de expertos y representantes de todos los sectores involucrados, no puede estar ajeno a la innovación y las tendencias mundiales, ni tampoco a una definición clara de cómo se financiará en el mediano y largo plazo. La pregunta que queda entonces es: ¿habrá tiempo suficiente para desarrollar un proyecto que produzca una transformación profunda en el sistema de educación superior como se pretende?

+Héctor Vargas Bastidas,SDB
Obispo de Temuco
Presidente Área Educación Conferencia Episcopal de Chile

Fuente: El Mercurio


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