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* Texto completo de las palabras de entrada y la homilía del Cardenal Francisco Javier Errázuriz en la Misa de Accion de Gracias por los 25 años de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano* Monseñor Francisco Javier Errázuriz: Juan Pablo II y latinoamérica, a partir de Puebla, 25 años atrás ( documento word Con Solemne Concelebración Eucarística en la Basílica de Guadalupe Concluyen actos conmemorativos de los 25 años de la Conferencia de Puebla. Ciudad de México, 15 de febrero de 2004 El domingo 15 de febrero se dieron cita en la Basílica de Guadalupe los Cardenales, Arzobispos y Obispos, que desde el pasado jueves 12 se reunieron en Puebla para celebrar y conmemorar el XXV aniversario de la III Conferencia General del Episcopado. La misa fue presidida por el Cardenal Francisco Javier Errázuriz, arzobispo de Santiago de Chile y Presidente del Consejo Episcopal Latinoamericano, CELAM. Más de 40 obispos venidos de distintas partes de América Latina y el Caribe, acompañados de un buen número de obispos mexicanos, en compañía de unos seis mil fieles, dieron gracias a Dios por tal acontecimiento y recordaron también los 25 años del primer viaje de Juan Pablo II al continente. Al inicio de la misa el cardenal Errázuriz dijo que finalizar nuestra reunión de trabajo, hemos peregrinado a esta Basílica, tan querida para el pueblo mexicano y de tanta significación para la evangelización de nuestro continente, desde Puebla de los Ángeles, donde nos reunimos para celebrar agradecidos los XXV años de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (CELAM), y el aniversario de la primera visita del Papa Juan Pablo II a nuestro continente. A los pies de la Virgen depositamos nuestras acciones de gracias, los anhelos y retos que nos plantea la realidad actual a nuestra misión como pastores de la Iglesia que peregrina en estas tierras. Poco después en la homilía, el Cardenal Errázuriz retomó algunas ideas del balance de la realidad que en los días de reunión de la directiva del CELAM surgieron como una llamada de atención para los pastores de este continente. Hoy como ayer, ¡cuántos son los hombres y las mujeres que desesperan buscando explicaciones sólo temporales al sentido del dolor y del sufrimiento! ¡Cuántos, como lo señala el profeta Jeremías, al no poner su confianza en el Señor, han terminado siendo como un cardo en la estepa que no verá llegar el bien! ¡Cuántos, a través de la historia y de los últimos decenios, buscando respuestas, han confiado sus ilusiones y sus fuerzas a ideologías, a corrientes de pensamiento ajenas a la fe!. Continuando con su homilía, el Cardenal de Santiago de Chile, dijo que en su predicación el Señor se refiere a los hambrientos y sedientos de su tiempo, a aquellos que, al igual que hoy en nuestro continente, no tienen pan para la mesa. Y no sólo habla de ellos; se identifica con ellos. Enrostra he tenido hambre y no me disteis de comer (Mt. 25, 35). Son muchos los cristos que son víctimas de esta injusticia que avergüenza a nuestras tierras. Hoy, a pesar del gran desarrollo que experimentan muchas naciones de América, nuestro continente sufre, la Iglesia sufre, con el dolor de los pobres que no tiene ni siquiera el pan para compartir. En el mundo actual percibimos mucha hambre de justicia, de paz, de reconciliación, de espiritualidad que, en último término, encierra un profundo anhelo de Dios. Somos testigos de que en América Latina son muchos los que con sincero corazón buscan a Dios, quieren conocerlo, amarlo y servirlo. También constatamos que no siempre hemos dado una respuesta adecuada, y que hay grupos ajenos a nuestra fe que irrumpen en el corazón de nuestro pueblo con proposiciones ajenas a nuestra cultura, que desconocen a Cristo. Al finalizar la homilía y retomando el motivo de la celebración, el Presidente del CELAM dijo: A 25 años de Puebla percibimos muchos cambios, también muchas tareas pendientes. Pero, sabemos, con la certeza de la fe que esta Conferencia, como la de Río, Medellín y Santo Domingo han sido pasos y aportes concretos de esta porción de la Iglesia peregrina en América que, reflexionando sobre su problemática particular y poniendo la mirada en los rasgos característicos de nuestro pueblo, ha buscado ser fuente de impulsos para una mayor y más profunda evangelización, procurando que muchos más crean y se conviertan. Este Jubileo nos renueva en la tarea de ser continuadores de esta misión, buscando siempre, en comunión con la Sede de Pedro, con nuevos métodos y con nuevo ardor, que Cristo, el Señor de la Historia, sea más conocido, que su palabra sea más predicada, que el don del bautismo pueda alcanzar a más hombres y mujeres de nuestra tierra. |
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