El regalo del Papa a la V Conferencia

P. Joaquín Alliende L.[1]

 

Benedicto XVI ha dejado a los países de América Latina y el Caribe el regalo de su presencia, de su oración, de sus palabras vivificantes y valientes. Junto a ello está el don de este tríptico que representa el “Cristo del envío”. El pueblo creyente lo irá recibiendo, no sólo como una ilustración de verdades. Tal vez lo hará suyo y lo transformará, por la plegaria, en un ícono de su devoción cálida y confiada, en una parábola pictórica en la cual se unen el Credo de la fe con la persona del Sucesor de Pedro.

La Iglesia de Latinoamérica y del Caribe considera como hito inicial de su evangelización un ícono: la figura mestiza de María de Guadalupe, representada en la tilma de San Juan Diego. Ahora Benedicto XVI ha retomado esta tradición, y ha entregado a los  Obispos participantes del Encuentro en Aparecida, un tríptico evangelizador y devocional.

En él se contienen  la espiritualidad y el programa pastoral característicos que propone el lema de la V Conferencia: “Discípulos y misioneros de Jesucristo, para que nuestros pueblos en Él tengan vida. ‘Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida’ (Jn 14,6)”. El tríptico fluye de la tradición del arte cuzqueño. Con este tríptico del Papa se encuentran simbólicamente en Aparecida,  la cultura andina que comparten los países del océano Pacífico con el mundo lusohablante  de las  costas del Atlántico, al cual pertenece el santuario nacional mariano de Brasil.

El programa  iconográfico se despliega  interiormente en ocho cuadros y en otras imágenes menores.

1.-  El motivo central lo ocupa una representación de Cristo Resucitado, en la hora del envío misionero de los discípulos.  La radiante figura de Jesús preside la totalidad del tríptico con el halo de una serena victoriosidad.  En los  rostros de los enviados se manifiesta la plural riqueza del pueblo de Dios. Hay  hombres y mujeres. Algunos tienen tez blanca. Otros rostros son de mulatos, de indígenas, o de mestizos. Hacia el fondo se ve la escena  del Calvario y dos ángeles. En  la leyenda se  reproduce  la  autodefinición del Mesías, las palabras del envío discipular -“vayan y hagan discípulos a todos los pueblos” (Mt 28,19)-   y el solemne encargo de la  Madre del Señor a su Iglesia.

2.-   A la luz del milagro de Caná se señala catequéticamente  el imperativo pastoral de movilizar el amor a María de los fieles a una obediencia  irrestricta al querer de Jesús -“hagan lo que él les diga”.  La figura de los  esposos,  destaca la grandeza del sacramento del matrimonio.  Las tinajas del vino expresan la alegría  de los  discípulos que, por la “manifestación de su gloria,…creyeron en él”.

3.-  Vocación de los primeros.  Pedro y Andrés, Santiago y  Juan son llamados. Las palabras de elección de Jesús, tienen una réplica humilde de Pedro quien se siente del todo indigno para seguir la vocación de apóstol. Desde  ahora serán pescadores de hombres. Los cuatro escogidos aceptan remar mar adentro y echar las redes sólo “en tu nombre”. El resultado es una abundancia milagrosa. Han dejado todo. Comienzan la senda del seguimiento discipular.

 4.- La mutiplicación de los panes. El verde de la  hierba  recuerda que ocurrió en primavera. Cristo despliega el poder de su misericordia, haciendo abundante el escaso alimento inicial. Pero no es él quien  entrega  el pan a la multitud  -“denles ustedes de comer”.  Los discípulos  tienen el encargo de atender a los menesterosos. Resuena aquí una urgencia impostergable. Es el imperativo de la Iglesia Latinoamericana y del Caribe de atender a los pobres y postergados, “sea en el socorro de sus necesidades más urgentes, como también en la defensa de sus derechos” (Homilía de los obispos 11-05).

5.- Encuentro con los discípulos de Emaús. Esta escena muestra  como  Jesús mismo entra en el dinamismo peregrinante de la Iglesia. Durante el camino, él explica las Escrituras. En la mesa de Emaús, el Resucitado parte y comparte el pan. Pictóricamente  la atención se focaliza en la  centralidad de la Palabra y la Eucaristía. El texto de la leyenda registra la intensidad del encuentro del discípulo con su Maestro. Es un ardor contemplativo que llevará a un nuevo trayecto misionero hacia Jerusalén.

6.- La venida del Espíritu Santo. Es el nacimiento de la Iglesia. Los apóstoles se congregan en torno a María Madre. Pedro tiene las llaves, como símbolo de su encargo específico en el Colegio Apostólico. “Todos quedaron llenos del Espíritu Santo”. Aparecen las mujeres, de las que habla el libro de los Hechos. Unidad en la comunión del Espíritu Santo. Variedad de carismas. Sólo por  el vigor divino que el Paráclito les concede, podrán asumir la misión encomendada.

7.- Los discípulos de Jesús evangelizan. Sucede ahora. Los discípulos entran en la vida de “nuestros pueblos”. La evangelización ocurre en el diálogo cotidiano. Los discípulos y misioneros del siglo XXI prolongan el amor y el compromiso de San Juan Diego de Guadalupe, con la Biblia en la mano. En su tilma va, impresa por el cielo, la imagen de la Virgen María, discípula perfecta y sabia educadora de los elegidos por Jesús para evangelizar.

8.-  El Padre Eterno y el Espíritu Santo. Corona el tríptico una imagen del Padre de Jesucristo. Se le muestra unido en el Espíritu al Señor Resucitado.  Con este remate, todo el tríptico logra un marcado carácter trinitario, tal como era usual en los retablos de la primera evangelización.  Se indica así cuál es la fuente y el destino  de la historia humana. Así el Dios Uno y Trino es propuesto como la suprema realidad de amor, en la que se sostienen e inspiran todas las formas de comunión y solidaridad  que brotan del evangelio.

9.-  En las esquinas  superiores de los paneles laterales abiertos, aparecen  dos santos  emblemáticos del primer siglo del cristianismo. Uno es el gran misionero venido  de España, Santo Toribio de Mogrovejo. El Obispo místico realizó una gigantesca obra evangelizadora desde su sede limeña. La  otra figura es Rosa de Lima.   Representa la recepción del evangelio por parte de los criollos americanos. Esta laica nacida en una familia de origen dominicano, llegó a una alta cumbre de intimidad esponsal con Cristo y de heroica caridad con los pobres.

 10.- Cuando el tríptico está cerrado,  aparece el escudo papal de Benedicto XVI, y se ve la dedicatoria de  mano del Papa con la exhortación señera hacia el futuro: “Sean discípulos y misioneros de Jesucristo, para que vuestros pueblos tengan vida.  Aparecida, 13 de mayo del 2007.”

El sello final  es la Imagen de Nuestra Señora Aparecida. En torno a ella se  congrega un racimo abigarrado de diversos rostros del pueblo que  ella protege y guía por estas latitudes.

 


[1] El P. Joaquín Alliende Luco I.S.P.Sch., sacerdote del Instituto Secular Padres de Schöenstatt, es Capellán Internacional de Ayuda a la Iglesia que Sufre (AIS). Fue invitado a la V Conferencia como representante de organismos de ayuda, sin embargo, no pudo participar por razones de salud.