A quienes ayer promovían junto a la Iglesia la defensa de la vida y dignidad de los perseguidos políticos, les invitamos hoy a ser consecuentes pues el respeto a la vida debe mantenerse en toda circunstancia. A quienes ocupan cargos de autoridad los exhortamos a proteger a toda persona, especialmente a los más débiles y desvalidos, y a amar y respetar por igual a la madre y a su hijo. A los legisladores cristianos, les recordamos con fuerza su irrenunciable e inexcusable deber de promover leyes justas y de no colaborar con una ley de aborto, de suyo injusta e innecesaria en nuestro país; al respecto, y dado que nadie está en conciencia obligado a realizar lo injusto y menos a dañar el Bien Común, afirmamos con claridad que no cabe excusarse en el cumplimiento de un programa o plan, cualquiera sea este.





Mensaje de la Conferencia Episcopal de Chile en torno al proyecto de ley sobre despenalización del aborto, Derecho humano a la vida, a una vida digna para toda persona, 25 de marzo de 2015.

La economía ha ocupado una centralidad en desmedro de otras dimensiones humanas. Se han desarticulado muchas redes sociales, se ha acentuado la competitividad, se han descuidado los aspectos políticos de la realidad, se ha afectado el fondo de la vida familiar.

La participación en el consumo febril es más importante que la participación cívica o la solidaridad para la realización de las personas. Se presenta ese consumo como lo único capaz de dar reconocimiento público y felicidad. Todo se convierte en bien consumible y transable, incluida la educación. Es natural que en este cuadro los menos favorecidos en el presente se sobre endeuden hasta lo inhumano para participar del producto del desarrollo, destruyendo por ese camino el bienestar familiar e hipotecando su futuro. Se trata de una nueva forma de explotación que termina favoreciendo a los más poderosos y aislándonos.





Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile, Carta Pastoral “Humanizar y compartir con equidad el desarrollo de Chile”, 27 de septiembre de 2012.

Participar en los asuntos públicos y procesos electorales es un deber para los cristianos (…) Nos sentimos llamados a colaborar con las instituciones políticas y sociales para resituar la política en el lugar que le corresponde en su vocación de servicio al bien común. Desde una democracia real y participativa nuestro país podrá superar las inequidades e injusticias que persisten en materias como la salud, la educación, el trabajo, la promoción de la familia y la situación de los pueblos originarios. Sólo desde una cultura cívica que respeta la vida humana y la dignidad de las personas se puede avanzar en la construcción de un Chile más justo y fraterno.





Los Obispos de la Conferencia Episcopal de Chile, Testigos alegres y convincentes de Cristo Resucitado (Mensaje conclusivo 104ª Asamblea Plenaria CECh), 16 de noviembre de 2012.