Sugerencia homilías
La interiorización de la fe, pedida por Jesús, es un claro signo de que, si nuestro obrar no está en consonancia con las más puras motivaciones, nuestras actitudes religiosas están vacías de sentido.

El pueblo de Israel es invitado por Dios, a través de Moisés, a vivir previamente en la fe el futuro cumplimiento de sus promesas. En este sentido, la interiorización de la Ley se revela fundamentalmente como camino de santidad, y su práctica, como motivo de unidad del pueblo alrededor de su Señor.

Los fariseos y escribas de Israel se habían olvidado de esta verdad. Las preocupaciones con la exterioridad de la fe, dejaron de lado el verdadero culto a Dios, manchando el espíritu de la Ley con un legalismo hipócrita e impracticable. Jesús señala el interior de la persona humana como espacio privilegiado de culto a Dios. El templo será el lugar de su manifestación y el amor concreto, la forma de cultivarlo.

En este domingo en que la Iglesia de Chile celebra el Día Nacional del Migrante, estamos invitados a actualizar la solidaridad de Cristo en el cultivo de una fe que transciende fronteras y que nos desafía a vencer las fronteras interiores que dan lugar a la discriminación y a la división.

La Iglesia hoy quiere hacer memoria de su larga tradición de acogida, de promoción y de servicio concreto a los necesitados, para motivar a los católicos de este tiempo a escribir sus nombres en las páginas históricas de la solidaridad cristiana.

La Iglesia, como sacramento de comunión entre Dios y la humanidad, nos invita a entender las diferencias y a valorar las similitudes existentes entre los diversos pueblos. Es motivo de alegría saber que muchos hombres y mujeres de diferentes partes del mundo comparten una fe común en Jesús y en El se encuentran como iguales. La Iglesia Católica en Chile, en este día, quiere vivir y trasmitir esta realidad eclesial.

El Antiguo y el Nuevo Testamento describen conmovedoramente el Exilio de Moisés y del pueblo judío y de la Sagrada Familia. Los obstáculos para ofrecer una calurosa bienvenida (el miedo al extraño, los prejuicios, la competencia, el sentimiento de pérdida) también encuentran contrapartes en las parábolas de Jesús y en su calidad de romper los tabúes y restricciones de sus contemporáneos, especialmente en relación a los cobradores de impuestos, pecadores, samaritanos y paganos. En continuidad con la Revelación, la Iglesia ha desarrollado un vasto conjunto de enseñanzas y un significativo patrimonio doctrinal sobre el fenómeno migratorio. De ellos, podemos citar algunos:
  • Pablo VI, en la Encíclica Populorum Progressio (1967), escribía que debemos siempre procurar dar una generosa bienvenida al prójimo, lo que es a su vez un deber de solidaridad humana y de caridad Católica… El prójimo debe ser acogido amorosamente como hermano, con ejemplos de honradez de vida en la que se demuestre la verdadera y auténtica caridad Católica y los más altos valores espirituales (PP, p. 67).

  • Juan Pablo II, en Ecclesia in America (1988), escribió que “durante su historia, América ha experimentado muchas migraciones, como olas de hombres y mujeres que vienen a sus varias regiones con la esperanza de un futuro mejor. La Iglesia (…) está comprometida a no desperdiciar ningún esfuerzo para desarrollar su propia estrategia pastoral entre los inmigrantes, de manera que pueda ayudarles a establecerse en su nueva tierra y brindarles una bienvenida a través de la población local, con la creencia que la apertura mutua traiga enriquecimiento a todos” (EA, nº 65).

  • En la Instrucción Erga Migrantes Caritas Christi (2004), el Pontificio Consejo para la Pastoral de los Migrantes e Itinerantes afirma que “la Iglesia ha contemplado siempre en los emigrantes la imagen de Cristo que dijo: “era forastero, y me hospedasteis” (Mt 25,35). Para ella sus vicisitudes son interpelación a la fe y al amor de los creyentes, llamados, de este modo, a sanar los males que surgen de las migraciones y a descubrir el designio que Dios realiza a través suyo, incluso si nacen de injusticias evidentes” (nº 12).

La Sección de Movilidad Humana del CELAM (Consejo Episcopal Latinoamericano) en el II Encuentro Continental sobre Migración, realizado en Bogotá entre los días 30 de mayo y 2 de junio de este año, alerta a la Iglesia de América Latina y Caribe para que tenga presente los problemas migratorios más expresivos en la actualidad. Entre ellos cita la pobreza estructural y la falta de acceso a una vida más digna, que siguen incrementando las migraciones internacionales e internas; la desintegración familiar en los países de origen y de destino de los migrantes; la situación de irregularidad debida a legislaciones restrictivas, al aumento en los controles fronterizos, a los altos costos para la regularización migratoria y la concepción del migrante como criminal, situaciones que impiden el acceso a la ciudadanía y a sus consecuentes derechos y deja a los migrantes en condiciones de vulnerabilidad, discriminación y explotación.

Recordemos que a la luz de la fe “no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la patria futura” (Hb. 13, 14). La experiencia de Jesús que, identificándose con su patria, traspasó todas las fronteras geográficas de Israel, todas las fronteras raciales y religiosas derribando todos los prejuicios, nos indica una acción solidaria en relación a los migrantes, consistente en extender las fronteras del corazón y de la mente, que muchas veces aprisionan a las personas y, mostrando cómo la presencia del “otro” es una preciosa oportunidad para darnos cuenta de nuestras propias limitaciones y para descubrir la belleza de la fraternidad, en la libertad de la relación respetuosa y acogedora del “otro”.

Celebrando el Día Nacional del Migrante en este domingo, podemos demostrar nuestra solidaridad cristiana promoviendo y participando de la Colecta Nacional que será destinada al Instituto Católico Chileno de Migración (INCAMI), organismo de la Conferencia Episcopal encargado de la animación de la Pastoral de los migrantes en nuestro país. Se invita a todos los católicos a sobresalir en este espíritu de solidaridad con los recién llegados y con los que salieron de nuestro país, en un gran movimiento de Comunión Eclesial.

P. Algacir Munhak, cs
Vicepresidente del INCAMI