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AMBIENTACIÓN EXTERNA ANTE UNA LECTIO DIVINA
Organizar y disponer de toda nuestra creatividad es fundamental para honrar y agradecer a Dios por todas las bendiciones que nos regala.
Para ambientar externamente, colocar:
- Un ambón.
- Velas
- Un jarrón con flores si se puede.
El arte y la creatividad son también medios para alabar a Dios. Usa tu imaginación para combinar los colores y ambientar con los recursos que tienes. La música (suave) es también una forma de introducirnos en la oración.
A continuación te presentamos algunos ejemplos para la ambientación:
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Ejemplo 1:
Ambiente externo en una sala de clases.
Para ambientar la Lectio divina, se ambientó colocando las 4 etapas de la Lectio en el pizarrón.
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Ejemplo 2:
Ambiente externo en una parroquia.
Para ambientar la Lectio divina, se ambientó colocando telas de diferentes colores que brotan desde la Palabra.
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Ejemplo 3:
Ambiente externo en una capilla.
Para ambientar la Lectio divina, se ambientó colocando telas de diferentes colores que brotan desde lo alto hacia la Palabra.
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Ejemplo 4:
Ambiente externo en un salón.
Para ambientar la Lectio divina, se ambientó colocando en una mesa, velas que representan a la comunidad.
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AMBIENTACIÓN INTERNA ANTE UNA LECTIO DIVINA
Colocarnos en la presencia de Dios, lejos de los ruidos del mundo, de nuestras preocupaciones y dejar que la presencia de Dios nos inunde con su paz y con su amor.
Se aconseja dejar un momento de silencio a los participantes para ofrecer todos estos ruidos personales y escuchar a Dios entrando en nuestras vidas por medio de su Palabra.
Cuando entramos en comunión con el Señor a través de su Palabra viva y eficaz, debemos, como Moisés, “sacar las sandalias de los pies” (cf Ex 3,5). Es necesario despojarse de todo cuanto impida una comunicación con Dios. Un profundo respeto por la presencia real del Señor que viene a nosotros a través de su Palabra, debe llevarnos a crear en nosotros y en nuestro alrededor, un clima propicio para Su escucha.
El ambiente interno, es del corazón que escucha, que se prepara asumiendo los ruidos personales que estorban nuestro encuentro con Jesús vivo. Para esto, debo tomar clara conciencia a lo que voy, pedir el don del Espíritu, cerrar nuestros ojos por unos momentos para abrir los ojos de la fe y recibir la Palabra como Palabra de Jesús: ¡cuando se ama de verdad, se escucha de verdad!
Una característica necesaria para una buena escucha es rumiar la Palabra en el corazón de una manera completamente desinteresada. No se lee la Palabra de Dios, con la única finalidad de que me de las respuestas que quiero sino sencillamente querer estar íntimamente con el Señor, gozar de su presencia. De esta manera comprendemos que esta lectura orante debe ser pausada, alejada de toda prisa y atenta a lo que Dios verdaderamente me quiere comunicar.
INVOCACIÓN AL ESPÍRITU SANTO
Todo encuentro con la Palabra parte por la invocación del Espíritu Santo, porque es Él quien abre nuestra inteligencia para comprender lo que Dios quiere comunicarnos, y es él quien nos fortalece para hacer realidad el querer de Dios en nuestra vida cotidiana.
Se trata de pedir el mismo Espíritu que descendió sobre los apóstoles, haciendo posible su comprensión y aceptación de Jesús (Jn 16,13). Él viene sobre nosotros para que la Palabra sea engendradora de vida y verdad.
Lo que buscamos es vivir una lectura orante de la Palabra de “manera espiritual”, es decir, bajo la acción sabia del Espíritu, el mismo que inspiró a los autores de la Biblia. Sin la asistencia del Espíritu, la lectura de la Biblia se transforma en un ejercicio intelectual, quedándose en detalles, sin llegar al mensaje de Dios que el texto contiene.
Esta invocación se puede hacer a través de una oración o un canto al Espíritu Santo.
FOTOGRAFÍAS DE LECTIOS
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