Reflexiones
Más que un documento, un llamado a la acción
Eugenio Díaz C.
Presidente Comisión Justicia y Paz
Cuando hace algún tiempo el Comité Permanente de la Conferencia Episcopal de Chile le pidió a la Comisión Justicia y Paz que elaborara una propuesta de llamado a los Constructores de la Sociedad, acogimos el encargo con mucho entusiasmo. Por de pronto, sentimos mucho orgullo por la confianza que nuestros pastores depositaban en los miembros de la Comisión.
Además, ello coincidía con las reflexiones que veníamos realizando en nuestras actividades, que nos hacían pensar que en el país está faltando una visión general común que fortalezca los logros alcanzados pero, a la vez, muestre las carencias, las insuficiencias, las injusticias que es preciso superar.
Observamos que hay consenso en que tenemos déficit en la generación de empleos dignos suficientes para todos los chilenos. Que el desempleo es un verdadero drama para quienes lo sufren y sus familias. Provoca consecuencias muy difíciles de reparar.
La regresiva distribución del ingreso es, también, un factor negativo que no hemos sido capaces de superar. La distancia entre el decil más rico y el más pobre es muy superior a la que existe en los países desarrollados, entre los cuales aspiramos a estar. Afecta a la integración social, que es factor esencial para la estabilidad de los países.
Se ha ido avanzando con éxito en la lucha por sacar a familias de la pobreza y extrema pobreza, pero todavía las cifras al respecto no nos pueden dejar tranquilos.
De modo similar, se han logrado avances en el propósito de aclarar y reparar las violaciones a los derechos humanos ocurridos durante el régimen militar, sin embargo, siguen pendiente ciertas situaciones que es preciso despejar para que seamos, sólidamente, un país de hermanos.
Sobre estos y otros problemas detectados suele haber consenso entre los políticos y los analistas, pero no se produce la misma convergencia a la hora de encontrar e implementar soluciones efectivas.
Pero más allá de estos problemas, en nuestras reflexiones descubríamos que hay cuestiones más profundas, que tienen que ver con “el alma nacional”, para usar la acertada expresión usada por el recordado Cardenal Raúl Silva Henríquez.
Pensamos que la gran carencia que tienen muchos hermanos y hermanas que tiene nuestra convivencia nacional tal vez es la necesidad de afecto, de sentirse respetados como personas, amados como seres humanos. Se han perdido espacios de encuentro, de reconocimiento mutuo, de ayuda mutua.
Creemos que lo que la gente reclama son pequeños y grandes gestos. El simple saludo, al vecino, al compañero de trabajo, al jefe o al subordinado. Ceder el paso y no atropellarse. Sonreírse y no gruñirse. Que nuestros líderes de opinión no se insulten por los medios de comunicación, porque la gente los ve como un ejemplo a seguir. Que los responsables de diarios, revistas y TV no se dejen llevar por la chabacanería, la grosería, la falta de respeto a las personas, que hagan programas y reportajes entretenidos pero que muestren valores positivos, que estimulen a las personas.
Sentimos que la gente el común de los chilenos y chilenas no quiere olvidar el pasado, porque los pueblos que olvidan su pasado tienden a repetirlo, y la inmensa mayoría de los chilenos no queremos repetir un pasado muy doloroso para todos. Pero la gente no quiere vivir con la mirada puesta en el espejo retrovisor. Quiere un discurso de futuro. Quiere líderes que no se limiten a denunciar los problemas sino que, además, muestren efectivos caminos de solución (“denuncia profética”).
Pensamos que la gente no quiere un país triste, sino un país alegre, pero claro sobre bases sólidas. No estamos hablando de una falsa alegría o de un momento de regocijo puntual.
Para lograr todo ello pensamos en la Comisión se requiere un amplio acuerdo nacional, más allá de legítimos intereses particulares. Es condición de base recuperar confianza y credibilidad entre todos nosotros, porque estas metas requieren un gran esfuerzo de todos. Nadie sobra en esta tarea. Necesitamos las visiones, opiniones y juicios de todos. Necesitamos las mentes y los brazos de todos los chilenos y chilenas.
Compartimos con nuestros pastores estas opiniones y les manifestamos que ellos como expresión de esta Iglesia nuestra, tan comprometida e identificada con la patria eran quienes debían hacer este llamado amplia y generosamente unitario.
Pero, asimismo, les manifestamos que no basta con hacer un llamado, con emitir un documento. Ello puede causar un fuerte impacto público por algunos días. Pero lo que se requiere es un texto que convoque a una reflexión masiva no sólo de los fieles católicos sino de todos los hombres y mujeres de buena voluntad, que conduzca a compromisos de acción eficaces para resolver los problemas antes señalados.
Esta idea compartida con nuestros pastores es lo que ha determinado que este documento esté abierto a los aportes que lo puedan enriquecer y que se enfatice tanto más que en otros textos por cierto el método de análisis.
En estos días nuestros pastores entregarán este documento al país. Es un texto que ha sido enriquecido con el aporte de muchas personas de gran capacidad. Es un gran documento, sin duda. Siento un enorme gozo por la estupenda labor que han realizado nuestros pastores.
Ahora nos corresponde a nosotros acoger este documento y analizarlo con mucha detención. Pero, sobre todo, debemos estimular una reflexión que conduzca a múltiples acciones que den respuesta a los problemas que hemos reseñado. Todos, cada uno en su nivel y su área de influencia, tenemos la responsabilidad de impulsar una gran cruzada nacional.
Ello revitalizará a nuestra Iglesia, nos fortalecerá a nosotros mismos y contribuirá de modo efectivo a que construyamos un país más integrado, más justo y solidario, en que todos los chilenos y chilenas tengan oportunidades de realizar un trabajo digno.