Actitud católica frente a “El Código Da Vinci”
“Yo soy la Verdad” es uno de los nombres bajo los cuales Nuestro Señor Jesucristo se nos ha revelado en su Palabra (Jn 14,6), y como pastores valoramos y promovemos todo lo que nos permita vivir en esa verdad. Porque incluso hay ficciones que, paradójicamente, nos ayudan a profundizar en los valores que esta verdad nos entrega.
El genio humano ha producido obras ficticias, escritas o audiovisuales, que entretienen y deleitan el espíritu, mientras que otras invitan a la reflexión de situaciones cotidianas y a profundizar en los valores que en ellas se juegan. Todas estas obras son un claro reflejo del don de la creatividad con que Dios ha bendecido a cientos de mujeres y hombres. Por eso no sólo las acogemos, sino que alentamos su elaboración y difusión.
Sin embargo, en ciertas ocasiones, aquellas capacidades de crear mundos ficticios se utilizan para promover conductas antivalóricas, manipular conciencias, atacar personas e instituciones y para difundir hechos falsos, aunque con el objetivo deliberado de hacerlos pasar por realidad. Esto suele traer como consecuencia el menoscabo del honor y la desviación de temas contingentes que pueden resultar muy incómodos para ciertos sectores.
Por eso, siguiendo las invitaciones de S.S. Benedicto XVI, no debemos olvidar que estamos llamados a ser luz en el mundo, haciendo frente a toda postura que quiera relativizar la verdad o, más grave aún, distorsionarla por completo.
En este contexto, creemos que es fundamental distinguir entre la verdad y la ficción que incluyen producciones como 'El Código Da Vinci'. Esta obra toma hechos reales, como la existencia de los evangelios apócrifos (relatos de la vida de Jesucristo que la Iglesia no reconoce como inspirados por Dios), pero construye una historia que se aleja de lo que millones de cristianos profesamos en todo el mundo. Lo más grave es que ninguna parte del argumento alude a su calidad de ficción, confundiendo especialmente a quienes son menos instruidos en su fe.
Nuestra fe se levanta sobre la roca firme que es la Palabra revelada por Dios en su Hijo Jesucristo. Y esa verdad está contenida en los libros que la Iglesia reconoce como inspirados y que están dispuestos en la Biblia, especialmente en los Evangelios de Mateo, Marcos, Lucas y Juan.
Porque creemos firmemente en la libertad de expresión con que Dios ha bendecido a cada ser humano, también apelamos a su dimensión ética, llamada a respetar el honor y ámbitos tan íntimos de las personas como su vida de fe y sus creencias religiosas.
Conscientes de que vivimos en una sociedad plural, una vez más manifestamos la urgente necesidad de construir un país basándonos en la verdad y el respeto hacia el prójimo, porque como nos enseñó el Maestro, la verdad nos hará libres.
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